La escapada a mis sueños, mi huída del mundo. Mi salida de emergencia al otro lado, al de mis ideas; frescas y disparatadas. Mi forma de desahogarme y de expresarme con libertad, de hablar y dejar correr mi inspiración para hacer menos razonable la vida de aquel que se atreva conmigo... y permitir que se sumerja en mi mundo y en mi pasional cabecita. Esto es lo que ven mis adolescentes ojos. Este es el destape de la profundidad de mis entrañas. Esto, somos mi alma y yo al desnudo.
jueves, 27 de diciembre de 2012
miércoles, 26 de diciembre de 2012
La lira del artista
Siguen pintando con carboncillos
de luminosidad borrosa. Siguen apagando vivaces retratos en tintas opacas y
muertas. Siguen sacrificando gamas para conseguir una infame y típica uniformidad
de aquel que se limita a ver sin saber siquiera cómo abrir los ojos…
Siguen, aunque en realidad nadie
quiera que sigan; aunque quizás solo sea yo la que quiera que paren. La que
quiera vivir, inspirar, brillar.
La que quiera acabar con
el monocromo adiposo, para que así el mundo vea la vida con los tintes
eléctricos y galácticos que solo proyectan las sombras del delirio. Conseguir
que brillen extasiados los ojos, que tornen las retinas en espirales hipnóticas
de realismo idealizado. Que se alcen las sonrisas con cada brizna de naturaleza que prorrumpa en millares de tonos congénitos y hermosos –indetectables a ojos
francos o a oyentes cuerdos–. Sobrecargar de alegría la sencillez inapetente,
colorear el anverso de todas las monedas y todas las economías pringosas y
manoseadas, con una pulcritud artística fanáticamente anhelada.
¡Que estalle la revolución
polícroma! Que irisada se extienda cual niebla vaporosa por cada rincón de cada
calle y cada faceta social obsoleta. Que se esparza iluminando de frescura corazones
y ambiente. Que se imparta camuflada tras una educación jovial en ideales. ¡Que
se desparrame pigmentando el alma universal con indelebles notas de vistosa
urgencia!
Que pinte mármoles, megalitos,
ruinas; que colore banderas, pieles, charcos; que tiña recuerdos, firmezas,
lágrimas; que esmalte hazañas, vigores, motivos.
Unidos todos bajo un lema de neón
esculpido en el horizonte, realizándonos todos en la acción de remendar las
heridas mundiales con percepciones bañadas en concordia tonal.
Todos. Coloreados de una misma
raza de idéntica cuna.
Esparcidos en un bello crisol
ideológico, cultural y cromático. Mezclados en una armonía de burbujeantes y puros
colores.
Todos. Fusilados, eternamente,
del mismo arte:
De vida.
martes, 25 de diciembre de 2012
domingo, 23 de diciembre de 2012
Globos
Flotantes florituras florales…
sinusivas formas elípticas formadas por dos focos de imaginación suave.
Realismo infame de una existencia tenebrosa, mediática, extraterrestre… figuras
inertes que se desplazan altivas, que decoran muertos, que realzan vidas.
Finolis del aire, destellos de soles. Burbujas de polyestireno explotables
rellenas de soplos (o soplos de vida encerrados en polyestireno) helio cautivado y rebotante, químicamente activo...
Globos. Quisiera volar en uno
cada día. Agarrarme a sus finos hilos, atarlos con una lazada en mi muñeca y,
en vez que sujetarlos, dejarme llevar por ellos. Arrastrarme deslizante en
vertical hacia una liberación que considero estratosférica. Terminar como ellos
terminan cuando tocan el sol, cuando lo ven con sus plastificados ojos solo
milésimas de segundo antes de explotar en vibrantes retazos de vida estupenda.
…Arañazos fieros de electrizante
suavidad imposible, frutos furtivos del moral tedioso. Infladas ideas de delicadeza
suma, que con su fragilidad deslizan nuestras uñas en un ligero afeitado
gilletiano…
Quisiera que alguien diese al
menos unos segundos de su vida en llenarme y hacerme sentir esbelta y tenue.
Dejar de ser una figura vacía para completarme con los alientos de quien
supiera quererme aún rolliza y juguetona; aún difícil de tratar.
…Copernical revolución de sueños
liberados, al fin, tras decenios de tristes rostros y desalentadas fuerzas…
…Cordura explosiva, locura
prieta. Tenacidad inocua, flexibilidad onírica. Color y cromatismo vidrioso y
bombíllico, a modo de luz ensartada en bolitas de plástico…
Quisiera ser tan lívida como
ellos son, escaparme oscilante y dejarme atrapar por corrientes de viento benignas,
inconsciente y adormilada; huir en retirada sobre las nubes y dejar de ver a
todo aquel que no entienda la majestuosidad de los globos, que no sepa amar a
lo que representan.
…Globos, llevadme.
jueves, 20 de diciembre de 2012
-Te sigo queriendo
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Se me rompen los esquemas, se me
rompe la entereza. Mantengo milagrosamente el semblante serio, mirándote,
perdiéndome en tus ojos, intentado saber qué piensas. Intentando saber qué
sientes. Intentando no derrumbarme, no dar tan solo un simple paso y lanzarme a
tus brazos…
-Te sigo queriendo –me
confiesas–.
Y ahí se vuelca todo. La mente
fría se mezcla con el corazón en estado de plasma y acabo llevando dentro un
batido de emociones. Quiero llorar, quiero sentir, quiero…quiero quererte
libre. Quiero en ese momento de todo. Quiero que te acerques y me beses, con la
excusa de tu secreto liberado. Quiero sentirte, quiero tenerte. Quiero abrazarte,
rozar tus labios…aún los recuerdo.
Pero no cuenta lo que yo quiera,
si no lo que tú murmuras: -Te sigo queriendo
Te respondo alguna tontería con
la esperanza de taponar todo lo demás que quisiera decirte. No sé, me pierdo,
me hundo. Me quedo en tus manos. Yo no actúo, sale a la luz mi yo inérzico. Mientras
hablo e intento seguir adelante (en todos los sentidos) yo me siento atrapada
dentro de un cuerpo en modo piloto-automático. No te haces a la idea del boom que has causado.
Pero quiero que te vayas sin
saber todas estas cosas. Quiero que te enfades conmigo por no contártelas. Quiero
que no sepas, que desconozcas el egoísmo del que haría gala si respondiera a tu
pregunta.
¿Que qué digo ante eso? Digo que
me callo, siento que me engaño, sientes que juego contigo y dices silencio.
-Te sigo queriendo.
Y esta vez no lo has dicho tú. Lo
he susurrado yo entre sollozos cuando me he dejado deslizar por la pared cuando
has doblado la esquina.
Deseando que volvieras.
sábado, 8 de diciembre de 2012
Llamada nórdica
Burbujea en mí la aspirina de la vida. Poso la mano sobre el vaso y me llegan las chispitas delicadas como besos de mariposa. Pongo la cara y es una locura de mini borbotones electrizados, cargados de felicidad y alegría. Gorgotea en mí el alma del invierno, y en vez de pequeños soplos efervescentes que vuelan hacia mi dolor de cabeza, esto es más bien un aluvión de enormes gotas que se precipitan diluvianas hacia mis pies descalzos e indefensos. Comienza así la mañana llorosa, finaliza con ella la depresión inútil. Así, con la hierba húmeda, muy húmeda, encharcada y embarrada, espumajosa y revuelta. Con la lluvia resbalando redonda y pura sobre mi piel blanca, reafirmante, sobre mis labios entreabiertos y mis pestañas chorreantes, colándoseme en el escote, derramándose por mi pelo y se deslizándose cosquilleante e impudorosa por mis piernas.
No puedo por menos que extender
mis brazos a la inmensidad del agua, a la pulcritud del cielo y a su
desbordante energía. Dejo que me absorba, que me sumerja en su mar tempestuoso
y le miro desde abajo, desde muy abajo, en vertical, con el cuello casi
dislocado inhalando y abrazando cada gota que me llega, cada gota que me ahoga
en una sonrisa más profunda que el mismísimo océano donde éstas acaban. Se me
olvida que estoy girando, se me olvida que estoy desnuda y mareada en medio de
un campo pantanoso. Se me olvida que el mundo es una mierda y solo soy
consciente del momento en sí, que clama la totalidad de mi atención y mis
sentidos.
Bailo, sinuosa, bajo la atenta
mirada acuosa de cada relampagueo que produce el sol en los mil millones de
bombardeos de fantasía que me lanzan las nubes. Bailo, libre y abierta a un
mundo oscuro, pero espectacular y bullicioso, burbujeante ¡vivo! como la aspirina
que aún danza dentro de mí. A su compás danza mi cuerpo, extasiado y ensimismado
en la perfección de la lluvia, en la simplicidad y armonía del invierno. En el
frío, quizás gélido, quizás anestesiante quizás resucitante, que cala en mi
pedazo de paraíso y que me impulsa al movimiento. A que salga a la calle y
disfrute del vigoroso olor a humedad que inunda los paseos; a que me imprima en
la sensación de calidez interior, en medio de un mar de temperaturas a ras del
suelo.
Mientras anhelamos la nieve. La
nieve que nunca llega, la nieve que esperamos todos, pero que se sumerge
invisible en la playa que nos rodea. La nieve, la blancura más cegadora y
resplandeciente que mis ojos nunca ven, esa ansia interna de poder siquiera
abrazarla, hace que me conforme con poder desembarazarme y soltarme el pelo,
bajo un día tormentoso; hace que busque consuelo y desahogo en brazos de la más
intensa y vivaz sensación que mi cuerpo puede experimentar en este mundo
insulso y poco cotizado en emociones. Hace que quiera vivir, que quiera gritar
al cielo y agradecer a quien quiera que me esté observando morboso desde arriba,
el inmenso placer que produce en mí poder disfrutar de un caldero de agua fría
para mi febril estado anímico.
Chillando y retozando de
carnalidad, me entrego a la lluvia como ella se esmera en entregarse a mí y a cada
palmo de suelo que permanezca árido y seco inmune a su mágico influjo. Desdichados,
pues si yo fuera tierra querría vivir en los trópicos para poder pasarme los
días, los meses, los años ¡la eternidad! mojándome bajo su encantador roce y su
perturbador tacto.
Lluvia, invierno, inmensidad y
vida. Las estaciones se arrodillan ante ti, ¡oh! magistral diciembre. Tu sierva,
juglar y títere manipulado insomne por tu encanto, bailoteará hasta la muerte
si es necesario para poder tan solo mirarte a la cara como ahora lo hago. Bajo
tu ser, bajo tu esencia. Bajo las gotas que caen fugaces de tus ojos, a los
míos.
Te amo. Diciembre, nieve, lluvia,
invierno, humedad…
frío.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Bisturí...Sierra...
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Intento, con todas mis fuerzas,
echarte a patadas de mi ser y dejarte superficialmente dentro y fuera de mi
vida, para no hacerte daño, para no hacérmelo a mí, confiando en que tu estés
inmerso en la misma tarea.
Pero…pero no puedo. Pero no
podría aunque siguiese eternamente intentándolo. Si tú dices que te quedaste a
medias, la mitad de mí que te corresponde en realidad es compartida… se ha
quedado ahí, flotando en el aire, perseguida por el fantasma de nuestros yos
pasados, perseguida por una complicidad que nos aferra a ella incapaces de
soltarnos de su cálida mano. Persiguiéndonos a nosotros.
Si tú me echas de menos, has de
saber que yo intente reducir mi morriña de ti y solo conseguí duplicarla. No equiparo
tu dolor al mío, solo igualo nuestros sentimientos. No enfrento nuestras vidas,
solo hago que avancen paralelas en vez de secantes, solo evito que reboten
descontroladamente.
Ni contigo ni sin ti, pero
entonces, ¿Qué hago con los desperdicios de nuestra existencia que se van
amontonando ahí en un rincón de cierto parque? No se desintegran, no
desaparecen… solo nos quitan el espacio que necesitan nuestros cerebros para
aspirar un poco de coherencia. Para refrigerarse del sofocante verano.
Pero ya sabes, necesitar no es
querer, ni mucho menos realizar. Así que mejor paro de coserme el cráneo y de
intentar que tú te remiendes el tuyo. ¿Te apetece que vayamos al hospital
juntos? Igual seguiremos enfermos hasta la muerte, pero seguiremos cerca.
Gracias. Siempre te admiraré, más incluso que a Júpiter...
jueves, 6 de diciembre de 2012
La dicha de los afortunados
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Nunca quise a nadie tanto como a ti,
mi vida. Nunca nada fue tan intenso como para sentirme así como me siento.
Estoy aturdida, desmenuzada, profundamente triste. Ahogada y hundida en mi banal
entorno escaso de ausencia. Te necesito. Como al respirar. Como al beber. Como al
latir de mi cuerpo. Es confuso estar tan vacía y a la vez tan llena… la pena es
honda. Cala en mis huesos y en mis sentidos como un frío mortal. Cala en mi
todo y aúlla en mi abismo. Nunca fue algo tan duro como lo es ahora el mero
hecho de vivir. Me cuesta seguir sabiendo que nunca podré recorrer sola los 400
km-luz que me separan de mi meta. No resiste mi cielo en llamas al mar de
lamentos que arrojan mis párpados. Me tiemblan las manos, la voz y la
existencia. Cuando te escucho. Cuando tus vibraciones rozan mis tímpanos.
Cuando las absorbo de tal manera que se clavan en mi mente como tornillos del
grosor de pestañas. Es todo lo que tengo. Tu voz. Que sin duda es preciosa,
pero que no sostiene un cuerpo con tanta carga emocional como el mío.
No hay desahogo. No hay alegría
que sea completa en esta tortuosa rutina. No hay. No hay más que amor y
sentimiento. No hay más que deseo y besos acumulados.
Se dilata el iris de mis ojos
cuando sin retina veo tu sonrisa. Se sobrecargan las venas de mis pálidas
muñecas cuando sin nervios rozo tu piel… desparecen mis pies cuando sin cuerpo
corro a tu encuentro.
Me explota el corazón cuando sin
tenerte aquí, te quiero.
Júpiter
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Lejana estrella que brilla en el
firmamento de los taciturnos. Realidad inmensa de vacío y materia inerte.
Cordura invertida, transformada en planeta.
Júpiter, donde viajan las almas
románticas cada día. Dónde mueren fusilados de belleza los corazones rotos cada
noche. Dónde yacen las cunas y donde resurgirán las tumbas de nuestras ideas.
El celuloide se muestra cerrado
en torno a él. Los ángeles claman su plenitud. Sus lunas se pierden en cada
guiño brillante de su plateado rostro.
Espacio. Muerte. Creación
infinita.
La verdadera cara de la
abstracción en sus cráteres habita. Sin más, desaparece la humanidad abducida
por su inalcanzable lejanía. Sin más, volvemos todos las caras cuando él sisea
nuestro nombre en la oscuridad de la tormenta, resplandeciendo tibia y fugazmente
entre cada gota de lluvia. Sus reflejos son arrastrados por el viento,
distorsionando la vana y burda copia de Júpiter en la que vivimos. Las nubes se
llevan a tirones su fragancia a frescura. Quedamos invertidos e ingrávidos. Se
rompen todas las leyes y la imposibilidad del fenómeno se torna infame y
verídica.
El lazo lanzado a su cumbre de
carbono se cierne solemne sobre su diáfano diámetro, sobre su casual behetría.
Y relumbran las estrellas sobre sus mares de bruma y luna. Y respira sobre su
nuca el Universo con sus pulmones de asteroides. Y riela el blanco infinito
sobre las vías espaciales que colapsan con sus extremidades rebeldes. Su
grandeza abstractísima retumba sísmicamente sobre las paredes finitas de la elipse
que lo sujeta. Un terremoto arrasa el ingrávido en un simple pestañeo suyo. ¡Se
desenreda la Vía Láctea para engendrar a su bastardo heredero!
¡¡¡Clamamos a Júpiter!!!
¡A la gran creación de este vasto
infierno en torno al cual giran nuestras obtusas mentes!
¡Al cielo donde se arrastran
inertes la neuronas de los pensadores! ¡A ese limbo donde se retuercen de
espanto los ideales retrógrados! A la armonía despampanante y fisiócrata que
nubla los sentidos de los soñadores… que cuando muda de piel, ésta viaja
desmenuzada en polvo de estrellas.
¡Al esencial delirio que
inhalamos y que nos rebosa de incoherente y útil fantasía dorada!
Al cielo al que aspira mi techo. ¡A
la divinidad celeste por excelencia!
Sí, a ti, Júpiter. ¡Entre gritos
escarchados de envidia te clamo admiración infinita!
lunes, 3 de diciembre de 2012
Extracto de conciencia social I
Sobre la voz de la calle y su derecho a hablar
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Grupo corrupto, grupo idiota.
Grupo egoísta y ladrón. Grupo insensible, grupo cobarde. Grupo de bobos que se
creen dueños de cualquier y cualquiera. ¿En qué ley buscan amparo, si es que lo
buscan? ¿Qué derecho tienen? ¿¡Cuál!? A destrozar hogares, a matar personas. A
destruir avances, a derrocar mejoras. Usureros, carroñeros, ávidos. Salivando,
deseando romper nuestros huesos, quebrantar sus almas.
Qué derecho tienen a poseer
nuestras vidas y a arrebatarnos la felicidad. Si es por dinero habéis de saber
que con eso nada queda justificado.
Nos repudiáis, nos asqueáis. Y es
por eso que grita el pueblo, que grita la vida; que se desata con furia la voz
de la calle. Se abren los oídos, se encienden los micrófonos orgánicos que
componen nuestras gargantas. Se apaga el abuso que presionan, se deshace en
quejumbrosos lamentos de ira su mandato insolente.
Aquí, no mandan ellos. Aquí, y
ahora, mandamos nosotros.
Grita ¡grita! Aúlla ronca y
potente. Dolida y débil, más decidida y descocada. Se alza sobre nuestras
cabezas, sobre las suyas incluso. Lo oyen desde ahí arriba, desde sus tronos
altos, lujosos y herméticos; envasados al vacío para no enterarse del dolor
carnal de afuera.
Pero esto sí que lo oís, ¿verdad?
Esto sí que se escucha. A esto sí tendrán que enfrentarse.
¿Tenéis miedo, estúpidos
ladrones?
¿Teméis nuestra fuerza, incultos
imbéciles?
¿Os aterran las consecuencias de
vuestra fingida indolencia?
Bien, así tenéis que sentiros,
zalameros hipócritas. CONDENADOS.
La voz de la calle ha hablado, y
sus gritos prenden más fuego que las bancarrotas.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Behetría
“¡Luces!” alguien grita… ehh…pero
¿quién…? “¡cámara!” esperen, ¿¡qué es
todo esto!? Otro alguien comienza a embadurnarme la cara de polvos y a fijarme
los mechones con laca de base hormigonada. Cuando quiero darme cuenta, resuena
el temido “¡acción!”. ¿¿Qué pasa?? ¿Cómo he llegado aquí? Mi reino interior era
una selva virgen de vivos colores y alegres mariposas…jo, pero ¿quiénes son
estos?
Y entonces tras la última orden el
mundo se calla y allí estoy yo, en medio de un inmenso mar de calma tras un
decorado blanco. Me ciegan los focos, tanto que se me proyectan en la cara
cincuenta sombras de mis rizadas pestañas. Consigo adaptarme a la iluminación, pero
sigo quieta, sobre mis Ferragamo de diez centímetros tambaleándome indefensa
bajo la atenta mirada de un equipo formado por mucha gente que no había visto
en mi vida, observándome.
Tras las gafas de expectación se
suceden miradas de extrañeza. Alguien me hace un gesto de “venga” y yo no sé cómo
reaccionar. ¿He de decir algo? ¿Sonreír quizás? ¿Bailar? ¡Qué alguien me lo
explique por Dios! Me encojo de hombros ante las cámaras, las bombillas y la
gente sentada en sillas de director. A ellos se les caen las mandíbulas junto
con sus esperanzas y se fija una incredulidad en sus rostros más indeleble que
el rubio de mis raíces.
Es que en realidad ni siquiera sé
que expectativas tienen fijadas en mí, ¿qué esperan conseguir? Esto es
ridículo. Así que me río de mí misma, por el carmesí exagerado de mis labios, el
recogido estrafalario que brota en mi cogote, el conjunto trendy-boho de falda
adolccada y blusa joya estilo Channel en color naranja topacio que en realidad me
está ahogando un poco… sí, me río, ¿por qué no reírse? En una carcajada limpia
sesgo la tensión de mis espectadores de manera pragmática.
No sé dónde estoy pero ahora
mismo tampoco me importa. ¡Llevo unos Ferragamo por el amor de Dios! ¿Qué clase
de paraíso es este? Sorprendentemente cuando mi carcajada se esfuma disipada
por los restos tóxicos de la laca, veo sonrisas al otro lado. Ojos risueños e
incluso algún que otro aplauso. ¿Están satisfechos? Increíble. ¿Se alegran de
que sea yo misma después de haberme hecho parecer un maniquí repeinado? ¡Pero
qué gente más extraña!
Un hombre apuesto y elegante con
un custôme de Armani se acerca con la mano extendida y me saluda francamente
contento. Me felicita por mi gran trabajo en la sesión y dice que lo he clavado.
Genial…debería alegrarme, ¿no? Le pregunto para que empresa se supone que estoy
trabajando y simplemente me contesta:
-¡Pero Lucía! ¡Si es tu vida! No hagas preguntas estúpidas. Haz como Victoria, que preguntó si se podía quedar los tacones...
lunes, 12 de noviembre de 2012
Yo si que lo siento, enanito
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Y hubo una vez que existió una
princesa.
En un reino cercano, no hace mil
años, tan solo unos meses. Y esa princesa vivía enamorada de un enanito un poco
gruñón pero al que ella amaba como a nadie jamás había amado nunca. Un enanito
que era tan especial y tan increíble que la tenía hechizada. Con una
inteligencia desbordante, un pelo increíble y una manera de ser arrolladora.
Pero la princesa lloraba cada
noche; pobre infeliz. Se sentía rara y confusa, y no sabía ponerle nombre a
aquello que le crecía dentro (aún a día de hoy no lo ha conseguido…) y tan
triste se sentía, que cada vez que miraba a su enanito tenía miedo de hacerle daño
con su depresión idiota. Si… ¡cuanto amaba la princesa a aquel enanito tan gruñón
pero tan adorable! Tanto, que no quiso apagar también su luz y se conformó con
consumirse sola en silencio. Se despidió agriamente de su enanito con un dulce
beso que ella recordaría cada noche a partir de aquel día y le prometió que
volvería junto a él cuando todo estuviera en calma.
Pasaron las estaciones y la
princesa se perdió en su mundo. No se olvidaba del enanito, pero ya no
encontraba la forma de atraerle consigo de nuevo. Frustrada y otra vez confusa
se fue alejando más y más…y, por tanto, pasaron más estaciones. La princesa,
a punto de recuperarse, se tomó unas vacaciones en el país de las maravillas
para encontrarse a sí misma y finalizar su rehabilitación.
Y fue entonces cuando conoció a
un apuesto príncipe y pronto se enamoraron. Se encontró a gusto entonces la
princesa, pues el príncipe requería menos atenciones emocionales que el enanito,
pero le amaba de manera desmesurada por muchas otras cualidades. A esas
alturas, además, la princesa se había dado ya cuenta de cuan poco merecedora
era del su enanito. De cuanto le había hecho sufrir, y de cuanto más
daño le haría, así que decidió permanecer a su lado, pero en la sombra. Tanto
quería la princesa a aquel enanito tan gruñón y tan encantador, que todas las
noches viajaba de incógnito a su cabaña, embriagada aún por su hechizo, y
vigilaba que siguiera bien. Pronto vió como una enanita dormía a su lado y
comprendió que ahí acababa su papel de centinela, así que se alejó llevándolo
dentro, muy dentro de su corazón.
A día de hoy, vive agridulcemente
la princesa, inmensamente feliz con su príncipe pero inmensamente triste por la
pérdida de su enanito. A día de hoy, solo puede la princesa pedirle perdón mil
y una veces por no haber sabido quererle como él merecía, y por hacerle la vida
tan complicada. Ella quiere que sepa que no fue culpa suya, que no se martirice
por ello. Que solo su ego fue responsable de su separación.
Ella quiere decirle que le quiere
y que le agradece profundamente todo lo que ha hecho y hace por ella, aunque no
se lo merezca; aunque sea una princesa sin corona.
Tengo hambre…
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No sale de mi cabeza, no para de gritar desde mi estómago. “¡Groorr!”
se queja refunfuñando. Me pega mordisquitos en las paredes internas de mi
cuerpo. "¡¡Shh!! ¡¡ya hemos comido!!" le respondo, pero su eco se propaga de pies a cabeza. “¡Rarrgg!” “¡Dame comida!” parece
que reclama.
Me doblo del hambre que tengo, aún sabiendo el poco derecho
que tengo de quejarme. Pero no pienso en el hambre mundial, sino en el hambre
gutural que siento yo, como ser ansioso. ¡Duele! ”¡Crurgg!” No puedo más.
Comienzo a delirar. Me sobra la imaginación para ponerme a
fantasear con platos y platos de exquisitos manjares: delicadas montañas
colosales de pasta sedosa y dorada bañadas por una salsa blanquecina, espesa y
humeante salpicada de pequeños soplos de apio en daditos… jugosas piezas carne
rosada, churruscadas y crujientes, empapadas en jugos y en patatas perfectamente
fritas y alargadas, chispeantes y calentitas… tartas altas, chocolatadas, del
grosor de mi antebrazo, migosas y
esponjosas, con líquida nutella por encima… suaves crêpes salados, con el queso
fundido rebosando por sus bordes al intentar cortarlos, explotando ardientes en
tu boca al morderlos… chorros de caramelo líquido que, con música celestial de fondo,
caen al vacío, sin dirección ni sentido, pero pringosos, espesos y dulces…
Comida. Oh, Dios, como amo la comida.
Si de placer se trata, vivo en mi propia fantasía cuando saqueo
la despensa, si… y caigo en sus brazos. Como, me sacio hasta que mi estómago
pesa y me preocupo por comenzar de nuevo el ciclo de tortuosidad. Quedan 30
segundos…tic tac…30 segundos para debatirme entre si morir guapa y hambrienta o
feliz y gorda…
...
...
...
...
...
… ¿queda chocolate?
Latidos.
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A ritmo de Valls se
repasan los pasos.
Caen aturdidas las
miradas;
brillantes, mas
solapadas bajo encerados mansos;
pisoteables, aún
cuando se sienten arcadas.
A ritmo de Valls se
colapsa la mente.
Los pensamientos se
estampan contra las telas.
Se cortan patrones;
figuras inertes.
Las neuronas se
agitan quien sabe si enteras.
A ritmo de Valls gira
el mundo,
descontrolado,
¡incendiado! arrastra a la virgen Luna.
Los mares callan, se
oficia el luto.
Ante las escena las
estrellas vuelcan sus cunas
Ha comenzado la danza
funestra
de los amantes
distantes y etéreos.
Relinchan las nubes
de forma maestra.
Envidiosos los
rostros que observan atentos.
A ritmo de Valls la
cordura explota.
Y solo tras el desahogo
vivido,
retorna en sí, serena
y loca.
Quizás como el baile,
tal vez parecido.
Dedos largos
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Mi infinito, mi delirio. Mi luz, mi cielo. Mi vida, mi amor.
Ahí, en la lejanía del roce, en
la cercanía de la distancia.
Allí, donde nadie más llega,
donde solo tú sabes esconderte.
Refugiado dentro, colapsado en
mí. Solo deseo que te lleguen mis latidos...
Y es que te quiero. Y me deshago
en cada significado de tu boca. Te quiero. Como el sol quiere a la Luna, como
los astros respaldan mis palabras. Te quiero. Como el mar muere por su espuma.
Y
es que vivo, enamorada de tus ojos claros, de tu parpadear sincero. De tu
cenizo cabello, de tu gusto suave. De tu sutil tacto, de tu mirada fuerte. De tu
lado oscuro, de tu iluminada mente. Vivo, sin vivir en mí ciertamente,
solo parafraseando versos de poemas ñoños, de letras de canciones horteras. Transparente,
fuera de mi ser, vagando en un cielo en el que tú eres la única estrella.
Mi príncipe, mi superhéroe. Mi Romeo
desgarbado.
La razón de mi sordera, la causa
de mi insomnio, el motivo de mi diáfana afonía.
Tú, sin más aplomos. Siendo tú
quién eres, riendo tú como ríes y hablando tú como hablas.
Nace mi yo entonces. Cuando con
tus cuatro codos te apoyas en mi alma y con tus largos dedos dibujas nuestro
amor en el cielo.
Allí reside. Allí mismo, donde
miro cuando te echo de menos. Allí, donde en tarritos se custodian los gritos de
nuestros silencios. Allí, donde mi mano atrapa la tuya.
Allí, en lo infinito
del Universo.
En un mundo paralelo donde vivimos cada vez que descolgamos el teléfono.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Destination: Skyfalling
Mis dedos rozan la tierra, piso
firme. Mis camperas aguantan, no resbalan ante la pulcra limpieza del suelo. Como
si de un gran salto aterrizara, siento la presión del golpe en mis muslos. Veo
reflejado un remake en distorsión de mí misma mientras camino. Cabeza hundida,
pelo despeinado, paso decidido. Los cascos se arremolinan en mi cuello, el libro
se me arruga bajo el brazo. Es lo mismo, no me importa, aquí estoy, estaba
escrito. Me enrosco en cada segundo que arrastran las ruedas de mi maleta y
sigo entre solitarios y clausurados comercios. Entre miradas pasadas que aún
perduran tras el cristal de las puertas giratorias.
Queda atrás el aeropuerto. Sigo andando
mientras caigo en que es de noche, y mientras tropiezo con la idea de que llevo
tanto tiempo volando por ahí que ni siquiera sé hacia donde caminan mis pies. Ah,
sí. El coche.
Su trote me arropa, me mece. Intenta
que duerma, pero no soy capaz. Estoy demasiado despierta en mi propia ensoñación
para rendir ante la de otros. Me despego de su embriaguez y veo un rótulo más
allá de la acera, en luces de neonizados colores. Dicta: “Caprice” y es entonces
cuando la ventanilla se baja, como magnetizada, y apoyo la cabeza en su seno. Me
entrego a ello, definitivamente. Dejaré que el viento me arranque los minutos
de la cara, a duros arañazos. Dejaré que me latigue mientras inhalo el alma de
la nada y se me cuela dentro. La estoy sintiendo danzar en mí, vaciándome,
esculpiendo una sonrisa en mi rostro… y entonces lo siento. Está ahí. Ese olor.
Ese olor a polyestireno y canela.
Me impregna la vida. Me empapa los parpados. Gotea en mi mente. Inspira mis expectativas.
¿Qué está ocurriendo?
Se suceden las luces y las
sombras, en un caótico vals de música sorda e imágenes mudas. Mi mente se
derrama sobre el cristal y mis ideas se desparraman cual desperdicio de gaviota
por el costado de coche. Sigo allí, perdida e inmensa entre juegos de texturas
y viajes a la nada. Entre tumbos y baches, entre vibrantes melodías andaluzas y
sazonadas de bienvenida.
He llegado. Este era mi destino. Me
atrevo finalmente a mirar al cielo encapotado mientras me pregunto…
…¿a qué sabrán las nubes?
lunes, 29 de octubre de 2012
¿Qué es el destino?
El destino es el empujón que decide
por ti en la bifurcación de tu camino. El golpe que te tira desde el abismo a
las rocas afiladas. Es la mano que coge la tuya y te lleva lejos, muy lejos,
sin darte cuenta. Te sujeta, lívido, y corre contigo en brazos a lugares que
solo él conoce, lugares que rielan sobre el mar de lo imposible.
El destino es la maraña que lo
enmaraña todo. Que nos conecta. Que traza visuales con cualquier detalle de nuestra
vida. Que une personas, que las separa. Que te lleva lejos, que te deja quieto.
El destino es quien decide.
El destino es el padre que nos
guía, un padre autoritario y duro, que siempre conseguirá que tomes las decisiones
que el crea adecuadas para ti.
No hay margen, no hay libertad. En
el mundo en el que vive el destino el libre albedrío no es más que una ilusión
pasajera y deseada, que se cuela en los ensueños de nuestra iniciativa mientras
ésta duerme.
Sin embargo, en el paralelo mundo
en que vivimos nosotros, ella se despierta y no recuerda lo que ha soñado, así que
seguimos creyéndonos dueños de nosotros mismos, una idea que sigue y seguirá
patente en nuestras inocentes cabecitas.
Vivimos ajenos a la sombra que se
cierne tras nosotros.
El destino es esa sombra, la que
refleja en realidad su silueta allá donde tú debes dirigirte. Se disfraza de consciencia,
nos engaña. Se mete dentro y toma las decisiones por nosotros Silencioso, mudo.
Inocuo y voluble, cuando quieras girarte para verle, ya no estará.
Y es que el destino es como una gravedad
inversa: no te mantiene atado al suelo, si no que te hace despegar y recorrer el mapa donde todo está escrito. Donde
las decisiones que “tomamos” nos llevan de un lado para otro, mientras
recorremos nuestro presente ciegos e ilusos.
Una gravedad que no te suelta, que
juega con tus hilos moviéndote cual insignificante marioneta. Que hace que
hasta el lado de la cama en el que duermas, sea trascendental en la vida del
ácaro que reposa en el lado opuesto.
El destino es la maraña que lo
enmaraña todo. Que nos conecta. Que traza visuales con cualquier detalle de nuestra
vida. Que une personas, que las separa. Que te lleva lejos, que te deja quieto.
El destino es quien decide.
No tenemos ni voz ni voto. Sometidos
bajo su voluntad vivimos semi-inconscientes y felices sin embargo, pues de nada
sirve rebelarse. El efecto mariposa, el hijo del destino, nos vigila de cerca
para que acatemos las normas.
Vivir y callar.
¡Así es la vida!
jueves, 25 de octubre de 2012
Tristeza alegre
http://www.ivoox.com/tristeza-alegre-audios-mp3_rf_1631291_1.html
Gritos sordos inundan mi habitación. Las paredes retumban y el eco me ensordece. Sus ondas rebotan y hacen vibrar mis párpados. El Universo hoy conspira para no dejarme dormir. Me desvelo envuelta en sábanas de luna y su luz me absorbe. Desaparezco entre sollozos algodonados que hacen de mi existencia un mero suspiro. Y así, camuflada entre las capas de mi refugio, decido beberme una botella entera de insomnio, (no vaya a ser que Morfeo me atrape y pase un segundo sin pensar en ti). No, no puedo permitírmelo.
Sin espacio, me hago pequeña,
tanto, que quepo en tu corazón -guau, increíble-. ¿Qué me haces? ¡Me encojes! Me
haces sentir como una gota de lluvia que se cuela entre tus labios y se queda
evaporada en ti. Soy vapor, soy voluble, y tú eres la pared en la que me
condenso. Insignificante, reducida, me quedo acongojada. Soy feliz siendo una
gota, mas estoy triste por no ser de tu tamaño. Y no poder tocarte. Y no poder
besarte. Y solo poder quererte.
Metáforas fuera. Me lo quito
todo.
Así, desnuda sin ellas (que sí,
sin metáforas), mi ingenio se reduce a las dos únicas palabras que nos unen, a
pesar de la distancia, a pesar de la diferencia. Solo dos.
El te quiero que me acuesta.
...Claro, ya sé porque no duermo.
viernes, 19 de octubre de 2012
A mi alter ego:
http://www.ivoox.com/a-mi-alter-ego-audios-mp3_rf_1631294_1.html
Querida Vicky;
Te escribo simplemente
para hacerte saber cuan fan tuya soy y cuanto significas para mí.
Solo yo sé lo que eres. Solo yo
sé quién eres. Y qué representas.
Quería expresarte mi gratitud. Por
todo lo que has hecho por mí. Eres esa chica que aspiro ser. Esa mujer a la que
espero parecerme. Eres todo lo que yo no soy, todo lo que quiero ser. Gracias. Por
ser mi modelo, por ser mi tapadera. Gracias por abrirte paso en mi mundo y
vivir mi vida por mí de vez en cuando. Gracias
por inspirarme (y no te imaginas cuánto). Pensar en ti, en tu figura, en tu
fuerza, tu pasión, tu alegría, tu carisma, tu inteligencia, tu delicadeza, tu
ternura… o tan solo pensar en ti, a secas, me produce escalofríos. Me produce
admiración.
Porque tú eres la voz mediante la
cual grito al mundo lo que siento. Eres los ojos a través de los que miro y lo
veo todo de Channel y rosa. Eres esas gafas que me hacen parecer más lista. Esa
falda que hace que mis piernas luzcan infinitas. Esa sonrisa que me hace
parecer guapa. Ese viento que mece mi pelo. Eres La Diferencia que me saca del
montón.
Y es por ti que sigo viva; porque
tan solo la idea de que quizás en futuro pueda llegar a semejarte, me produce
el deseo de vivir. Y es por ti que sigo entera; eres el super-glue que
cohesiona mi vida: siempre presente, pero nunca visible. Te vuelves
transparente y me dejas con tu solo recuerdo. Pero a veces tomas mi mano y me haces
escribir, tomas mi boca y me haces hablar, tomas mi corazón y me haces sentir. En
esos momentos, yo soy tú, y tú eres yo. Tú me enseñas, y yo aprendo. Y es en
esos momentos de lucidez divina, cuando me acerco a ti.
A cada respiración avanzo hacia
tu luz, Vicky.
Gracias, también, por escucharme.
Por ser mi hermana mayor: por cubrir esa carencia que me hace encerrarme en mi propio
y rebuscado mundo. Por esos consejos, por esas frases, esas palabras de ánimo. Por
esa fuerza que me inspiras en cada derrumbe. Por esos soplos de inspiración que
me hacen ganarme un hueco a tu lado, progresar como persona. Por esa fiereza que me transmites al llevarme cogida eternamente de la mano.
He tomado tus actos, tus hábitos
y tus manías y creo que también se me ha contagiado tu divismo. ¡Ah! Y has de
saber que te robo la ropa cada mañana. Siento si te molesta.
Sé que es usted una mademoiselle muy
ajetreada, así que sin más, me despido Srta. Cacharelle, ansiosa de verla
pronto. De que vuelva a visitarme y decida de una vez quedarse conmigo.
Atentamente, tu fiel admiradora:
Tú.
martes, 16 de octubre de 2012
domingo, 7 de octubre de 2012
Inocuo. Impalpable. Batiente.
Pienso y me regodeo en mi
pensamiento. Mi cabeza en un cubo vacío de expectativas, es como un mar hueco y
profundo en el que descansa el agitado palpitar de mis ideas.
Pienso, y con cada neurona
despilfarrada mis nervios tiemblan. Se me eriza la columna y se me ensarza la
clavícula. Con cada pensamiento mi mundo se agita, mi pequeño y tierno mundo. Tan
joven y poco maduro que da un vuelco con cada soplo de amor que osa mecerse entre sus brazos. Tan inexperto y
asustadizo que resucita en un simple te quiero.
Pasan los días y mi cabeza sigue
runruneando. Chirría tanto que no me deja concentrarme en pensar lo que siento
y en sentir lo que digo. Mariposea y bate con fuerza sus alas sobre mí, se
cierne y me cobija el sentido común entre arropos de inconsciencia. Lo mece
hasta que cae-y caigo-rendida ante el aplomo del fantaseo y, ahí, es donde
muere mi inteligencia.
Entre las líneas de lo razonable
y… y tú.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Hasta luego
¡PARA EL COCHE! ¡Frena, mantente!
¡No! No te lo lleves, ¡¡por favor…!!
Aún quedan mil cosas que hacer, museos
que ver, millones de primeras veces que vivir. Aún necesito decirte todo lo que
no te he dicho, cogerte la mano, sentirte cerca. Más todavía. Muchísimo más que
al principio. Aún no has rozado mi pelo, mis labios. Aún no nos hemos
disfrutado como debiéramos. Aún nos quedan muchas pelis que ver, abrazados a
poder ser, aunque acabe con tortículis. Quedarme enganchada a ti todo el día. Toda
la noche. Todo el año.
¡¡No!! ¡No me ha dado tiempo a
pedirte que me lleves de paseo! Sácame a volar un rato (espera, ¿el que volaba no
era Superman?) da igual, sácame da casa Batman, que quiero ver la ciudad de
noche y desde arriba :) ven a búscarme, vámonos lejos. No volvamos nunca. No quiero
ver más exposiciones sola, no quiero depender de mi portátil, no quiero tenerte
lejos nunca más. No te vayas, por favor. Quédate conmigo.
No un día, no una semana.
Viviremos todo. Juntos.
Es una promesa.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
martes, 18 de septiembre de 2012
Inconsciencia. Recuerdos. Grietas.
http://www.ivoox.com/inconsciencia-recuerdos-grietas-audios-mp3_rf_1631296_1.html
¿QUÉ FUE DE NUESTRO PARÍS?
No sabes que te estás haciendo, ¿a
qué no? Sigues la corriente, le sigues a él o a ellos, supongo, y mientras, te pierdes.
Desaparece lo que eras para dejar paso a un prototipo defectuoso de lo que a les
gustaría que fueras, un reflejo borroso de su imagen. Al menos eso es lo que
quiero pensar.
No puedo ni imaginarme que realmente
has cambiado tanto que ya ni se te reconoce. ¿Sabes? Antes eras mejor. Más real,
más sentimental, más tú. Más, a secas. Ahora ni siquiera se distingue tu
silueta. Has perdido demasiada esencia, tanta que ahora de odio. Antes te
quería. Tanta, que antes esto te hubiera importado. Ahora, simplemente piensas
que soy yo la que merece tu odio. Y te encargas además de hacérselo pensar a
las demás. Dime, ¿qué hice yo tan malo? Perdona por no ser todo lo perfecta e
hipócrita que te hubiera gustado, por no haberte hinchado el ego cuando era eso
justo lo que necesitabas, un buen sopapo que te lo desinflara.
Estuve contigo, Sara. Estuve ahí
en muchas ocasiones. Te sequé las lágrimas, te escuche las penas y te alegré
muchos días de tu vida. ¿Qué pasó? Pues que me comparaste. Sí, me sacaste pegas
en base a alguien que es totalmente diferente a mí. Mal hecho. La amistad es desinteresada, no
critica, no juzga, y yo te demostré que era tu amiga. Me atrevería a decir que
incluso más de lo que tú me demostraste que eras la mía.
No es un ataque de envidia, ni
mucho menos. La verdad es que prefiero no saber de esta etapa de tu vida
(porque espero de corazón que solo sea una etapa y que después abras los ojos).
Es mi consejo, aunque sé que no te importa. Una sugerencia afable que se quedará
callada, un mar de buenas intenciones que nunca vas a recibir, y lo siento de veras
por ti.
Ya no tienes ese algo que tenías.
Ya no te veo guapa a pesar de fijarme en esos ojazos que tienes. Ya no me pareces
interesante y mereciente. y te puedo jurar que no hablo desde el rencor, nunca
lo haría. Quizás podrías plantearte si yo “soy digna” de recibir esa mínima
cordialidad por tu parte.
Me parece que mi problema es que
ya te he quitado la máscara. Por favor, que no sea eso. Me gustaría que fuese al
revés. Eso significaría que te la has puesto, que por eso ya no sé quién eres,
y que cada vez me cuesta más recordar quien fuiste.
¿de quién o qué vas disfrazada?
lunes, 17 de septiembre de 2012
viernes, 14 de septiembre de 2012
Duele verte
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Es difícil cambiarle la
perspectiva a todo esto. Pasar de ser una mente aislada a una observadora
directa. Supongo que es culpa mía. Supongo que soy cobarde. Que dejé esto atrás
de la forma sencilla y que, ahora que me topo con ello de bruces, explota en mi
cara.
Duele verte y no poder mirarte. Duele
no verme reflejada en tus pupilas. Duele no ver ese brillo en tus ojos. Duele también
descubrirte igual que siempre, con el pelo largo que llevabas la primera vez
que te vi.
No me malinterpretes, esto no es un arrepentimiento.
Supongo que solamente es mi castigo
por ser egoísta.
Solo espero que seamos capaces de
llevarlo bien. Que no haya dolor, que no haya rencor. Que no actuemos como dos
extraños una vez más, porque no lo somos en absoluto.
Solo espero una sonrisa. Un saludo. Por cordial que sea.
Solo espero que esto no te afecte
a ti de la misma forma que me está afectando a mí.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Mi amigo Cielo
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Me rehago en esta tarde. Ya casi
es la hora. Me asomo a la ventana y Cielo está blanco. Blanco. Totalmente blanco.
Impoluto, impecable, inamovible, agarrado a la bóveda celeste mientras deja
caer su presión sobre mi cuerpo. Me acaricia. Le huelo al hacerlo y noto la
humedad, el yodo y el dulzor empalagoso característico de su perfume de Rabanne.
Le sonrío y él me devuelve una mueca. Me está haciendo burla. Pero sé que somos
amigos, y le permito cualquier cosa. Él me conoce, sabe cómo me siento y
empatiza conmigo. Le miro. Es tan inmenso… ni con los ojos abiertos del todo
puedo observarlo en su grandeza. Me siento protegida bajo sus brazos y me
consuela saber que siempre los tengo encima.
Me gusta ver que se ha vestido
para la ocasión, como siempre hace: hoy era nuestra cita. Hoy, domingo. Hoy,
último fin de semana en la tierra soleada y fresca, llena de flores, de brisas,
de olas, de sentimientos, de sol, de gente; de libertad. Hoy, último fin de
semana de verano. No hay solsticio aún, pero nos anticipamos a su llegada.
No me entristezco al cerrar una
etapa, me alegro de haberla disfrutado y exprimido tanto como he podido. Además,
siempre me ha encantado el traje de gala blanco de Cielo. Es tan elegante… tan
denso y helador a la vez. Tan esperanzador y tan vacío. Tan prometedor y tan
deprimente.
Es pacífico. Está en calma, como
esperando a algo más. Y así se queda hasta que se me pasa la reflexividad:
esperando. Supongo que a que yo le diga que se lo quite, que lo eche a lavar y
se ponga algo más informal y más brillante. Que raro que a pesar de estar
conmigo, no tenga apenas ropa. Es tan dulcemente
descuidado… pero yo le quiero.
Él es mi amigo.
sábado, 8 de septiembre de 2012
¿Qué es el miedo?
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El miedo es una de tantas
sensaciones que producen escalofríos. Una de las grandes, de las que se viven
(gracias a Dios) muy de vez en cuando. De esas que te llenan y te explotan
dentro, que desgarran tus nervios y los envían refunfuñantes a darle golpes a
tu corazón, te lo aceleran y lo desbocan en tu pecho.
El miedo es terror. El terror es
pánico. Y, sea como sea, el miedo asusta. Te congela, te paraliza. No sabes cómo
reaccionar ante él porque en raras ocasiones lo has sentido danzando dentro de
ti. No sabes lo que es, no sabes cómo neutralizarlo, no sabes qué esperar. E incluso
esa desconcertante espera, da miedo. Es un ciclo perpetuo que te recorre la
sangre. Te pasas la vida luchando para no tener que hacerle frente al miedo, (pero
no ese miedo buscado que se encuentra entre las butacas de los cines y entre
los estudios de Hollywood, no), a esa clase de miedo que merece que lo esquives
durante toda tu existencia porque es tan aterrador y desconocido que el simple
hecho de encarártelo y encontrarlo en tus entrañas, congela.
Esa es otra… el miedo nunca viene
solo. El mielo es maligno intrínsecamente. Cuando va a por ti lleva a sus colegas
para intimidarte más. Está la estupefacción, el terror y el pánico, el frío, el
desconcierto, la ofuscación, el aturdimiento y la desesperación. Esas malas
compañías del miedo cumplen su acometido: lo realzan y acentúan. Te dejan K.O.
con tan solo rozarte o pedirte el dinero del almuerzo.
Poniéndonos metafóricos podríamos
decir que el miedo es el acobardamiento de la valentía, el desasosiego de los
inertes, el desahogo de los depresivos, la aprensión de la testosterona, el
horror de los dramáticos, la peor pesadilla del genoma X, la reordenación de
tus neuronas en forma de S.O.S…
Podríamos decir que
El miedo es el pequeño cuarto oscuro en el que se relevan los negativos,
la cobardía de los vivos hecha sentimiento.
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