http://www.ivoox.com/mi-amigo-cielo-audios-mp3_rf_1631315_1.html
Me rehago en esta tarde. Ya casi
es la hora. Me asomo a la ventana y Cielo está blanco. Blanco. Totalmente blanco.
Impoluto, impecable, inamovible, agarrado a la bóveda celeste mientras deja
caer su presión sobre mi cuerpo. Me acaricia. Le huelo al hacerlo y noto la
humedad, el yodo y el dulzor empalagoso característico de su perfume de Rabanne.
Le sonrío y él me devuelve una mueca. Me está haciendo burla. Pero sé que somos
amigos, y le permito cualquier cosa. Él me conoce, sabe cómo me siento y
empatiza conmigo. Le miro. Es tan inmenso… ni con los ojos abiertos del todo
puedo observarlo en su grandeza. Me siento protegida bajo sus brazos y me
consuela saber que siempre los tengo encima.
Me gusta ver que se ha vestido
para la ocasión, como siempre hace: hoy era nuestra cita. Hoy, domingo. Hoy,
último fin de semana en la tierra soleada y fresca, llena de flores, de brisas,
de olas, de sentimientos, de sol, de gente; de libertad. Hoy, último fin de
semana de verano. No hay solsticio aún, pero nos anticipamos a su llegada.
No me entristezco al cerrar una
etapa, me alegro de haberla disfrutado y exprimido tanto como he podido. Además,
siempre me ha encantado el traje de gala blanco de Cielo. Es tan elegante… tan
denso y helador a la vez. Tan esperanzador y tan vacío. Tan prometedor y tan
deprimente.
Es pacífico. Está en calma, como
esperando a algo más. Y así se queda hasta que se me pasa la reflexividad:
esperando. Supongo que a que yo le diga que se lo quite, que lo eche a lavar y
se ponga algo más informal y más brillante. Que raro que a pesar de estar
conmigo, no tenga apenas ropa. Es tan dulcemente
descuidado… pero yo le quiero.
Él es mi amigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario