“¡Luces!” alguien grita… ehh…pero
¿quién…? “¡cámara!” esperen, ¿¡qué es
todo esto!? Otro alguien comienza a embadurnarme la cara de polvos y a fijarme
los mechones con laca de base hormigonada. Cuando quiero darme cuenta, resuena
el temido “¡acción!”. ¿¿Qué pasa?? ¿Cómo he llegado aquí? Mi reino interior era
una selva virgen de vivos colores y alegres mariposas…jo, pero ¿quiénes son
estos?
Y entonces tras la última orden el
mundo se calla y allí estoy yo, en medio de un inmenso mar de calma tras un
decorado blanco. Me ciegan los focos, tanto que se me proyectan en la cara
cincuenta sombras de mis rizadas pestañas. Consigo adaptarme a la iluminación, pero
sigo quieta, sobre mis Ferragamo de diez centímetros tambaleándome indefensa
bajo la atenta mirada de un equipo formado por mucha gente que no había visto
en mi vida, observándome.
Tras las gafas de expectación se
suceden miradas de extrañeza. Alguien me hace un gesto de “venga” y yo no sé cómo
reaccionar. ¿He de decir algo? ¿Sonreír quizás? ¿Bailar? ¡Qué alguien me lo
explique por Dios! Me encojo de hombros ante las cámaras, las bombillas y la
gente sentada en sillas de director. A ellos se les caen las mandíbulas junto
con sus esperanzas y se fija una incredulidad en sus rostros más indeleble que
el rubio de mis raíces.
Es que en realidad ni siquiera sé
que expectativas tienen fijadas en mí, ¿qué esperan conseguir? Esto es
ridículo. Así que me río de mí misma, por el carmesí exagerado de mis labios, el
recogido estrafalario que brota en mi cogote, el conjunto trendy-boho de falda
adolccada y blusa joya estilo Channel en color naranja topacio que en realidad me
está ahogando un poco… sí, me río, ¿por qué no reírse? En una carcajada limpia
sesgo la tensión de mis espectadores de manera pragmática.
No sé dónde estoy pero ahora
mismo tampoco me importa. ¡Llevo unos Ferragamo por el amor de Dios! ¿Qué clase
de paraíso es este? Sorprendentemente cuando mi carcajada se esfuma disipada
por los restos tóxicos de la laca, veo sonrisas al otro lado. Ojos risueños e
incluso algún que otro aplauso. ¿Están satisfechos? Increíble. ¿Se alegran de
que sea yo misma después de haberme hecho parecer un maniquí repeinado? ¡Pero
qué gente más extraña!
Un hombre apuesto y elegante con
un custôme de Armani se acerca con la mano extendida y me saluda francamente
contento. Me felicita por mi gran trabajo en la sesión y dice que lo he clavado.
Genial…debería alegrarme, ¿no? Le pregunto para que empresa se supone que estoy
trabajando y simplemente me contesta:
-¡Pero Lucía! ¡Si es tu vida! No hagas preguntas estúpidas. Haz como Victoria, que preguntó si se podía quedar los tacones...
Lucía me encanta!!!!!!!!! Es tan tu, es tan genial. Tu vocabulario es muy amplio y describes, francamente, muy bien. Cada vez que leo cosas así en tu blog se me ponen los pelos de gallina.
ResponderEliminarLlegarás muy alto querida mía... Muy alto.
Un besazo de tu zamorana que te quiereee. Ann