http://www.ivoox.com/jupiter-audios-mp3_rf_1631273_1.html
Lejana estrella que brilla en el
firmamento de los taciturnos. Realidad inmensa de vacío y materia inerte.
Cordura invertida, transformada en planeta.
Júpiter, donde viajan las almas
románticas cada día. Dónde mueren fusilados de belleza los corazones rotos cada
noche. Dónde yacen las cunas y donde resurgirán las tumbas de nuestras ideas.
El celuloide se muestra cerrado
en torno a él. Los ángeles claman su plenitud. Sus lunas se pierden en cada
guiño brillante de su plateado rostro.
Espacio. Muerte. Creación
infinita.
La verdadera cara de la
abstracción en sus cráteres habita. Sin más, desaparece la humanidad abducida
por su inalcanzable lejanía. Sin más, volvemos todos las caras cuando él sisea
nuestro nombre en la oscuridad de la tormenta, resplandeciendo tibia y fugazmente
entre cada gota de lluvia. Sus reflejos son arrastrados por el viento,
distorsionando la vana y burda copia de Júpiter en la que vivimos. Las nubes se
llevan a tirones su fragancia a frescura. Quedamos invertidos e ingrávidos. Se
rompen todas las leyes y la imposibilidad del fenómeno se torna infame y
verídica.
El lazo lanzado a su cumbre de
carbono se cierne solemne sobre su diáfano diámetro, sobre su casual behetría.
Y relumbran las estrellas sobre sus mares de bruma y luna. Y respira sobre su
nuca el Universo con sus pulmones de asteroides. Y riela el blanco infinito
sobre las vías espaciales que colapsan con sus extremidades rebeldes. Su
grandeza abstractísima retumba sísmicamente sobre las paredes finitas de la elipse
que lo sujeta. Un terremoto arrasa el ingrávido en un simple pestañeo suyo. ¡Se
desenreda la Vía Láctea para engendrar a su bastardo heredero!
¡¡¡Clamamos a Júpiter!!!
¡A la gran creación de este vasto
infierno en torno al cual giran nuestras obtusas mentes!
¡Al cielo donde se arrastran
inertes la neuronas de los pensadores! ¡A ese limbo donde se retuercen de
espanto los ideales retrógrados! A la armonía despampanante y fisiócrata que
nubla los sentidos de los soñadores… que cuando muda de piel, ésta viaja
desmenuzada en polvo de estrellas.
¡Al esencial delirio que
inhalamos y que nos rebosa de incoherente y útil fantasía dorada!
Al cielo al que aspira mi techo. ¡A
la divinidad celeste por excelencia!
Sí, a ti, Júpiter. ¡Entre gritos
escarchados de envidia te clamo admiración infinita!
No hay comentarios:
Publicar un comentario