lunes, 3 de diciembre de 2012

Extracto de conciencia social I

Sobre la voz de la calle y su derecho a hablar
http://www.ivoox.com/voz-calle-audios-mp3_rf_1631277_1.html

Grita el pueblo, grita la vida; esa vida que es arrancada. Lloran los pobres, ríen los ricos. Se hastía la sociedad y rompe en afilados cristales. Se clavan en palos los insolventes y se asan cual pincho de jugosa carne. Aquí, cocinan los bancos y comen los políticos. Aquí servimos los esclavos y se sienta a la mesa el presidente. Aquí, mientras se muere la gente de hambre.

Grupo corrupto, grupo idiota. Grupo egoísta y ladrón. Grupo insensible, grupo cobarde. Grupo de bobos que se creen dueños de cualquier y cualquiera. ¿En qué ley buscan amparo, si es que lo buscan? ¿Qué derecho tienen? ¿¡Cuál!? A destrozar hogares, a matar personas. A destruir avances, a derrocar mejoras. Usureros, carroñeros, ávidos. Salivando, deseando romper nuestros huesos, quebrantar sus almas.
Qué derecho tienen a poseer nuestras vidas y a arrebatarnos la felicidad. Si es por dinero habéis de saber que con eso nada queda justificado.

Nos repudiáis, nos asqueáis. Y es por eso que grita el pueblo, que grita la vida; que se desata con furia la voz de la calle. Se abren los oídos, se encienden los micrófonos orgánicos que componen nuestras gargantas. Se apaga el abuso que presionan, se deshace en quejumbrosos lamentos de ira su mandato insolente.

Aquí, no mandan ellos. Aquí, y ahora, mandamos nosotros.

Grita ¡grita! Aúlla ronca y potente. Dolida y débil, más decidida y descocada. Se alza sobre nuestras cabezas, sobre las suyas incluso. Lo oyen desde ahí arriba, desde sus tronos altos, lujosos y herméticos; envasados al vacío para no enterarse del dolor carnal de afuera.

Pero esto sí que lo oís, ¿verdad? Esto sí que se escucha. A esto sí tendrán que enfrentarse.

¿Tenéis miedo, estúpidos ladrones?
¿Teméis nuestra fuerza, incultos imbéciles?
¿Os aterran las consecuencias de vuestra fingida indolencia?
Bien, así tenéis que sentiros, zalameros hipócritas. CONDENADOS.

La voz de la calle ha hablado, y sus gritos prenden más fuego que las bancarrotas.


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