lunes, 12 de noviembre de 2012

Yo si que lo siento, enanito

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Y hubo una vez que existió una princesa.

En un reino cercano, no hace mil años, tan solo unos meses. Y esa princesa vivía enamorada de un enanito un poco gruñón pero al que ella amaba como a nadie jamás había amado nunca. Un enanito que era tan especial y tan increíble que la tenía hechizada. Con una inteligencia desbordante, un pelo increíble y una manera de ser arrolladora.

Pero la princesa lloraba cada noche; pobre infeliz. Se sentía rara y confusa, y no sabía ponerle nombre a aquello que le crecía dentro (aún a día de hoy no lo ha conseguido…) y tan triste se sentía, que cada vez que miraba a su enanito tenía miedo de hacerle daño con su depresión idiota. Si… ¡cuanto amaba la princesa a aquel enanito tan gruñón pero tan adorable! Tanto, que no quiso apagar también su luz y se conformó con consumirse sola en silencio. Se despidió agriamente de su enanito con un dulce beso que ella recordaría cada noche a partir de aquel día y le prometió que volvería junto a él cuando todo estuviera en calma.

Pasaron las estaciones y la princesa se perdió en su mundo. No se olvidaba del enanito, pero ya no encontraba la forma de atraerle consigo de nuevo. Frustrada y otra vez confusa se fue alejando más y más…y, por tanto, pasaron más estaciones. La princesa, a punto de recuperarse, se tomó unas vacaciones en el país de las maravillas para encontrarse a sí misma y finalizar su rehabilitación.

Y fue entonces cuando conoció a un apuesto príncipe y pronto se enamoraron. Se encontró a gusto entonces la princesa, pues el príncipe requería menos atenciones emocionales que el enanito, pero le amaba de manera desmesurada por muchas otras cualidades. A esas alturas, además, la princesa se había dado ya cuenta de cuan poco merecedora era del su enanito. De cuanto le había hecho sufrir, y de cuanto más daño le haría, así que decidió permanecer a su lado, pero en la sombra. Tanto quería la princesa a aquel enanito tan gruñón y tan encantador, que todas las noches viajaba de incógnito a su cabaña, embriagada aún por su hechizo, y vigilaba que siguiera bien. Pronto vió como una enanita dormía a su lado y comprendió que ahí acababa su papel de centinela, así que se alejó llevándolo dentro, muy dentro de su corazón.

A día de hoy, vive agridulcemente la princesa, inmensamente feliz con su príncipe pero inmensamente triste por la pérdida de su enanito. A día de hoy, solo puede la princesa pedirle perdón mil y una veces por no haber sabido quererle como él merecía, y por hacerle la vida tan complicada. Ella quiere que sepa que no fue culpa suya, que no se martirice por ello. Que solo su ego fue responsable de su separación.

Ella quiere decirle que le quiere y que le agradece profundamente todo lo que ha hecho y hace por ella, aunque no se lo merezca; aunque sea una princesa sin corona.


4 comentarios:

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    1. Raro cuento la verdad no tiene nada de sentido chica estas loca!!! que ideas tan absurdas ydivertidas tines jajaja la verdad es que tu cuento da mucha risa!!!! xD

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  3. Ayy...ojalá fuera inventado. En realidad es una metáfora de la más absoluta y pura verdad (a mi manera, claro xD)

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