domingo, 2 de diciembre de 2012

Behetría


Y reina el caos en mi templo interior:

“¡Luces!” alguien grita… ehh…pero ¿quién…?  “¡cámara!” esperen, ¿¡qué es todo esto!? Otro alguien comienza a embadurnarme la cara de polvos y a fijarme los mechones con laca de base hormigonada. Cuando quiero darme cuenta, resuena el temido “¡acción!”. ¿¿Qué pasa?? ¿Cómo he llegado aquí? Mi reino interior era una selva virgen de vivos colores y alegres mariposas…jo, pero ¿quiénes son estos?

Y entonces tras la última orden el mundo se calla y allí estoy yo, en medio de un inmenso mar de calma tras un decorado blanco. Me ciegan los focos, tanto que se me proyectan en la cara cincuenta sombras de mis rizadas pestañas. Consigo adaptarme a la iluminación, pero sigo quieta, sobre mis Ferragamo de diez centímetros tambaleándome indefensa bajo la atenta mirada de un equipo formado por mucha gente que no había visto en mi vida, observándome.

Tras las gafas de expectación se suceden miradas de extrañeza. Alguien me hace un gesto de “venga” y yo no sé cómo reaccionar. ¿He de decir algo? ¿Sonreír quizás? ¿Bailar? ¡Qué alguien me lo explique por Dios! Me encojo de hombros ante las cámaras, las bombillas y la gente sentada en sillas de director. A ellos se les caen las mandíbulas junto con sus esperanzas y se fija una incredulidad en sus rostros más indeleble que el rubio de mis raíces.

Es que en realidad ni siquiera sé que expectativas tienen fijadas en mí, ¿qué esperan conseguir? Esto es ridículo. Así que me río de mí misma, por el carmesí exagerado de mis labios, el recogido estrafalario que brota en mi cogote, el conjunto trendy-boho de falda adolccada y blusa joya estilo Channel en color naranja topacio que en realidad me está ahogando un poco… sí, me río, ¿por qué no reírse? En una carcajada limpia sesgo la tensión de mis espectadores de manera pragmática.

No sé dónde estoy pero ahora mismo tampoco me importa. ¡Llevo unos Ferragamo por el amor de Dios! ¿Qué clase de paraíso es este? Sorprendentemente cuando mi carcajada se esfuma disipada por los restos tóxicos de la laca, veo sonrisas al otro lado. Ojos risueños e incluso algún que otro aplauso. ¿Están satisfechos? Increíble. ¿Se alegran de que sea yo misma después de haberme hecho parecer un maniquí repeinado? ¡Pero qué gente más extraña!

Un hombre apuesto y elegante con un custôme de Armani se acerca con la mano extendida y me saluda francamente contento. Me felicita por mi gran trabajo en la sesión y dice que lo he clavado. Genial…debería alegrarme, ¿no? Le pregunto para que empresa se supone que estoy trabajando y simplemente me contesta:

-¡Pero Lucía! ¡Si es tu vida! No hagas preguntas estúpidas. Haz como Victoria, que preguntó si se podía quedar los tacones...




1 comentario:

  1. Lucía me encanta!!!!!!!!! Es tan tu, es tan genial. Tu vocabulario es muy amplio y describes, francamente, muy bien. Cada vez que leo cosas así en tu blog se me ponen los pelos de gallina.
    Llegarás muy alto querida mía... Muy alto.
    Un besazo de tu zamorana que te quiereee. Ann

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