jueves, 27 de diciembre de 2012

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La lira del artista


Siguen pintando con carboncillos de luminosidad borrosa. Siguen apagando vivaces retratos en tintas opacas y muertas. Siguen sacrificando gamas para conseguir una infame y típica uniformidad de aquel que se limita a ver sin saber siquiera cómo abrir los ojos…

Siguen, aunque en realidad nadie quiera que sigan; aunque quizás solo sea yo la que quiera que paren. La que quiera vivir, inspirar, brillar.

La que quiera acabar con el monocromo adiposo, para que así el mundo vea la vida con los tintes eléctricos y galácticos que solo proyectan las sombras del delirio. Conseguir que brillen extasiados los ojos, que tornen las retinas en espirales hipnóticas de realismo idealizado. Que se alcen las sonrisas con cada brizna de naturaleza que  prorrumpa en millares de tonos congénitos y hermosos –indetectables a ojos francos o a oyentes cuerdos–. Sobrecargar de alegría la sencillez inapetente, colorear el anverso de todas las monedas y todas las economías pringosas y manoseadas, con una pulcritud artística fanáticamente anhelada.

¡Que estalle la revolución polícroma! Que irisada se extienda cual niebla vaporosa por cada rincón de cada calle y cada faceta social obsoleta. Que se esparza iluminando de frescura corazones y ambiente. Que se imparta camuflada tras una educación jovial en ideales. ¡Que se desparrame pigmentando el alma universal con indelebles notas de vistosa urgencia!

Que pinte mármoles, megalitos, ruinas; que colore banderas, pieles, charcos; que tiña recuerdos, firmezas, lágrimas; que esmalte hazañas, vigores, motivos.

Unidos todos bajo un lema de neón esculpido en el horizonte, realizándonos todos en la acción de remendar las heridas mundiales con percepciones bañadas en concordia tonal.
Todos. Coloreados de una misma raza de idéntica cuna.

Esparcidos en un bello crisol ideológico, cultural y cromático. Mezclados en una armonía de burbujeantes y puros colores.

Todos. Fusilados, eternamente, del mismo arte:

De vida.



martes, 25 de diciembre de 2012

domingo, 23 de diciembre de 2012

Globos


Flotantes florituras florales… sinusivas formas elípticas formadas por dos focos de imaginación suave. Realismo infame de una existencia tenebrosa, mediática, extraterrestre… figuras inertes que se desplazan altivas, que decoran muertos, que realzan vidas. Finolis del aire, destellos de soles. Burbujas de polyestireno explotables rellenas de soplos (o soplos de vida encerrados en polyestireno) helio  cautivado y rebotante, químicamente activo...

Globos. Quisiera volar en uno cada día. Agarrarme a sus finos hilos, atarlos con una lazada en mi muñeca y, en vez que sujetarlos, dejarme llevar por ellos. Arrastrarme deslizante en vertical hacia una liberación que considero estratosférica. Terminar como ellos terminan cuando tocan el sol, cuando lo ven con sus plastificados ojos solo milésimas de segundo antes de explotar en vibrantes retazos de vida estupenda.


…Arañazos fieros de electrizante suavidad imposible, frutos furtivos del moral tedioso. Infladas ideas de delicadeza suma, que con su fragilidad deslizan nuestras uñas en un ligero afeitado gilletiano…

Quisiera que alguien diese al menos unos segundos de su vida en llenarme y hacerme sentir esbelta y tenue. Dejar de ser una figura vacía para completarme con los alientos de quien supiera quererme aún rolliza y juguetona; aún difícil de tratar.

…Copernical revolución de sueños liberados, al fin, tras decenios de tristes rostros y desalentadas fuerzas…


Quisiera envejecer como ellos lo hacen. Ir arrugándome silenciosa e indetectable mientras me caigo de las nubes y toco el suelo, mientras me recuesto en un rincón tranquilo y cómodo a esperar con pacienciosa plenitud a que pasen las penas. Que alguien me descubriese consumida y flácida y viese en mí la belleza del que mira con años de historia cosida en sus retinas. Que un niño me guardase cual tesoro en su memoria, o en uno de sus cajones.

…Cordura explosiva, locura prieta. Tenacidad inocua, flexibilidad onírica. Color y cromatismo vidrioso y bombíllico, a modo de luz ensartada en bolitas de plástico…

Quisiera ser tan lívida como ellos son, escaparme oscilante y dejarme atrapar por corrientes de viento benignas, inconsciente y adormilada; huir en retirada sobre las nubes y dejar de ver a todo aquel que no entienda la majestuosidad de los globos, que no sepa amar a lo que representan.



…Globos, llevadme.



jueves, 20 de diciembre de 2012

-Te sigo queriendo

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-Te sigo queriendo

Se me rompen los esquemas, se me rompe la entereza. Mantengo milagrosamente el semblante serio, mirándote, perdiéndome en tus ojos, intentado saber qué piensas. Intentando saber qué sientes. Intentando no derrumbarme, no dar tan solo un simple paso y lanzarme a tus brazos…

-Te sigo queriendo –me confiesas–.

Y ahí se vuelca todo. La mente fría se mezcla con el corazón en estado de plasma y acabo llevando dentro un batido de emociones. Quiero llorar, quiero sentir, quiero…quiero quererte libre. Quiero en ese momento de todo. Quiero que te acerques y me beses, con la excusa de tu secreto liberado. Quiero sentirte, quiero tenerte. Quiero abrazarte, rozar tus labios…aún los recuerdo.

Pero no cuenta lo que yo quiera, si no lo que tú murmuras: -Te sigo queriendo

Te respondo alguna tontería con la esperanza de taponar todo lo demás que quisiera decirte. No sé, me pierdo, me hundo. Me quedo en tus manos. Yo no actúo, sale a la luz mi yo inérzico. Mientras hablo e intento seguir adelante (en todos los sentidos) yo me siento atrapada dentro de un cuerpo en modo piloto-automático. No te haces a la idea del boom que has causado.

Pero quiero que te vayas sin saber todas estas cosas. Quiero que te enfades conmigo por no contártelas. Quiero que no sepas, que desconozcas el egoísmo del que haría gala si respondiera a tu pregunta.
¿Que qué digo ante eso? Digo que me callo, siento que me engaño, sientes que juego contigo y dices silencio.


-Te sigo queriendo.

Y esta vez no lo has dicho tú. Lo he susurrado yo entre sollozos cuando me he dejado deslizar por la pared cuando has doblado la esquina.
Deseando que volvieras.



sábado, 8 de diciembre de 2012

Llamada nórdica



Burbujea en mí la aspirina de la vida. Poso la mano sobre el vaso y me llegan las chispitas delicadas como besos de mariposa. Pongo la cara y es una locura de mini borbotones electrizados, cargados de felicidad y alegría. Gorgotea en mí el alma del invierno, y en vez de pequeños soplos efervescentes que vuelan hacia mi dolor de cabeza, esto es más bien un aluvión de enormes gotas que se precipitan diluvianas hacia mis pies descalzos e indefensos. Comienza así la mañana llorosa, finaliza con ella la depresión inútil. Así, con la hierba húmeda, muy húmeda, encharcada y embarrada, espumajosa y revuelta. Con la lluvia resbalando redonda y pura sobre mi piel blanca, reafirmante, sobre mis labios entreabiertos y mis pestañas chorreantes, colándoseme en el escote, derramándose por mi pelo y se deslizándose cosquilleante e impudorosa por mis piernas.


No puedo por menos que extender mis brazos a la inmensidad del agua, a la pulcritud del cielo y a su desbordante energía. Dejo que me absorba, que me sumerja en su mar tempestuoso y le miro desde abajo, desde muy abajo, en vertical, con el cuello casi dislocado inhalando y abrazando cada gota que me llega, cada gota que me ahoga en una sonrisa más profunda que el mismísimo océano donde éstas acaban. Se me olvida que estoy girando, se me olvida que estoy desnuda y mareada en medio de un campo pantanoso. Se me olvida que el mundo es una mierda y solo soy consciente del momento en sí, que clama la totalidad de mi atención y mis sentidos.

Bailo, sinuosa, bajo la atenta mirada acuosa de cada relampagueo que produce el sol en los mil millones de bombardeos de fantasía que me lanzan las nubes. Bailo, libre y abierta a un mundo oscuro, pero espectacular y bullicioso, burbujeante ¡vivo! como la aspirina que aún danza dentro de mí. A su compás danza mi cuerpo, extasiado y ensimismado en la perfección de la lluvia, en la simplicidad y armonía del invierno. En el frío, quizás gélido, quizás anestesiante quizás resucitante, que cala en mi pedazo de paraíso y que me impulsa al movimiento. A que salga a la calle y disfrute del vigoroso olor a humedad que inunda los paseos; a que me imprima en la sensación de calidez interior, en medio de un mar de temperaturas a ras del suelo.

Mientras anhelamos la nieve. La nieve que nunca llega, la nieve que esperamos todos, pero que se sumerge invisible en la playa que nos rodea. La nieve, la blancura más cegadora y resplandeciente que mis ojos nunca ven, esa ansia interna de poder siquiera abrazarla, hace que me conforme con poder desembarazarme y soltarme el pelo, bajo un día tormentoso; hace que busque consuelo y desahogo en brazos de la más intensa y vivaz sensación que mi cuerpo puede experimentar en este mundo insulso y poco cotizado en emociones. Hace que quiera vivir, que quiera gritar al cielo y agradecer a quien quiera que me esté observando morboso desde arriba, el inmenso placer que produce en mí poder disfrutar de un caldero de agua fría para mi febril estado anímico.

Chillando y retozando de carnalidad, me entrego a la lluvia como ella se esmera en entregarse a mí y a cada palmo de suelo que permanezca árido y seco inmune a su mágico influjo. Desdichados, pues si yo fuera tierra querría vivir en los trópicos para poder pasarme los días, los meses, los años ¡la eternidad! mojándome bajo su encantador roce y su perturbador tacto.

Lluvia, invierno, inmensidad y vida. Las estaciones se arrodillan ante ti, ¡oh! magistral diciembre. Tu sierva, juglar y títere manipulado insomne por tu encanto, bailoteará hasta la muerte si es necesario para poder tan solo mirarte a la cara como ahora lo hago. Bajo tu ser, bajo tu esencia. Bajo las gotas que caen fugaces de tus ojos, a los míos.

Te amo. Diciembre, nieve, lluvia, invierno, humedad…
frío.



viernes, 7 de diciembre de 2012

Bisturí...Sierra...

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Voy recortando los trocitos de tu piel que se han quedado pegados en la mía. Voy desmenuzando mi corazoncito para disolver la heterogeneidad de su sangre, para arrancarle cada glóbulo rojo que comparte con la que corre por tus venas. Me abro la cabeza a golpes para borrar las ideas que me llevan a ti una y otra  vez, una y otra vez… aunque no sepa cómo sacarlas del fondo de mi epicentro.
Intento, con todas mis fuerzas, echarte a patadas de mi ser y dejarte superficialmente dentro y fuera de mi vida, para no hacerte daño, para no hacérmelo a mí, confiando en que tu estés inmerso en la misma tarea.

Pero…pero no puedo. Pero no podría aunque siguiese eternamente intentándolo. Si tú dices que te quedaste a medias, la mitad de mí que te corresponde en realidad es compartida… se ha quedado ahí, flotando en el aire, perseguida por el fantasma de nuestros yos pasados, perseguida por una complicidad que nos aferra a ella incapaces de soltarnos de su cálida mano. Persiguiéndonos a nosotros.

Si tú me echas de menos, has de saber que yo intente reducir mi morriña de ti y solo conseguí duplicarla. No equiparo tu dolor al mío, solo igualo nuestros sentimientos. No enfrento nuestras vidas, solo hago que avancen paralelas en vez de secantes, solo evito que reboten descontroladamente.

Ni contigo ni sin ti, pero entonces, ¿Qué hago con los desperdicios de nuestra existencia que se van amontonando ahí en un rincón de cierto parque? No se desintegran, no desaparecen… solo nos quitan el espacio que necesitan nuestros cerebros para aspirar un poco de coherencia. Para refrigerarse del sofocante verano.

Pero ya sabes, necesitar no es querer, ni mucho menos realizar. Así que mejor paro de coserme el cráneo y de intentar que tú te remiendes el tuyo. ¿Te apetece que vayamos al hospital juntos? Igual seguiremos enfermos hasta la muerte, pero seguiremos cerca.

Gracias. Siempre te admiraré, más incluso que a Júpiter...


jueves, 6 de diciembre de 2012

La dicha de los afortunados

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Nunca quise a nadie tanto como a ti, mi vida. Nunca nada fue tan intenso como para sentirme así como me siento. Estoy aturdida, desmenuzada, profundamente triste. Ahogada y hundida en mi banal entorno escaso de ausencia. Te necesito. Como al respirar. Como al beber. Como al latir de mi cuerpo. Es confuso estar tan vacía y a la vez tan llena… la pena es honda. Cala en mis huesos y en mis sentidos como un frío mortal. Cala en mi todo y aúlla en mi abismo. Nunca fue algo tan duro como lo es ahora el mero hecho de vivir. Me cuesta seguir sabiendo que nunca podré recorrer sola los 400 km-luz que me separan de mi meta. No resiste mi cielo en llamas al mar de lamentos que arrojan mis párpados. Me tiemblan las manos, la voz y la existencia. Cuando te escucho. Cuando tus vibraciones rozan mis tímpanos. Cuando las absorbo de tal manera que se clavan en mi mente como tornillos del grosor de pestañas. Es todo lo que tengo. Tu voz. Que sin duda es preciosa, pero que no sostiene un cuerpo con tanta carga emocional como el mío.


No hay desahogo. No hay alegría que sea completa en esta tortuosa rutina. No hay. No hay más que amor y sentimiento. No hay más que deseo y besos acumulados.

Se dilata el iris de mis ojos cuando sin retina veo tu sonrisa. Se sobrecargan las venas de mis pálidas muñecas cuando sin nervios rozo tu piel… desparecen mis pies cuando sin cuerpo corro a tu encuentro.

Me explota el corazón cuando sin tenerte aquí, te quiero.


Júpiter

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Lejana estrella que brilla en el firmamento de los taciturnos. Realidad inmensa de vacío y materia inerte. Cordura invertida, transformada en planeta.

Júpiter, donde viajan las almas románticas cada día. Dónde mueren fusilados de belleza los corazones rotos cada noche. Dónde yacen las cunas y donde resurgirán las tumbas de nuestras ideas.
El celuloide se muestra cerrado en torno a él. Los ángeles claman su plenitud. Sus lunas se pierden en cada guiño brillante de su plateado rostro.

Espacio. Muerte. Creación infinita.

La verdadera cara de la abstracción en sus cráteres habita. Sin más, desaparece la humanidad abducida por su inalcanzable lejanía. Sin más, volvemos todos las caras cuando él sisea nuestro nombre en la oscuridad de la tormenta, resplandeciendo tibia y fugazmente entre cada gota de lluvia. Sus reflejos son arrastrados por el viento, distorsionando la vana y burda copia de Júpiter en la que vivimos. Las nubes se llevan a tirones su fragancia a frescura. Quedamos invertidos e ingrávidos. Se rompen todas las leyes y la imposibilidad del fenómeno se torna infame y verídica.

El lazo lanzado a su cumbre de carbono se cierne solemne sobre su diáfano diámetro, sobre su casual behetría. Y relumbran las estrellas sobre sus mares de bruma y luna. Y respira sobre su nuca el Universo con sus pulmones de asteroides. Y riela el blanco infinito sobre las vías espaciales que colapsan con sus extremidades rebeldes. Su grandeza abstractísima retumba sísmicamente sobre las paredes finitas de la elipse que lo sujeta. Un terremoto arrasa el ingrávido en un simple pestañeo suyo. ¡Se desenreda la Vía Láctea para engendrar a su bastardo heredero!

¡¡¡Clamamos a Júpiter!!!

¡A la gran creación de este vasto infierno en torno al cual giran nuestras obtusas mentes!
¡Al cielo donde se arrastran inertes la neuronas de los pensadores! ¡A ese limbo donde se retuercen de espanto los ideales retrógrados! A la armonía despampanante y fisiócrata que nubla los sentidos de los soñadores… que cuando muda de piel, ésta viaja desmenuzada en polvo de estrellas.
¡Al esencial delirio que inhalamos y que nos rebosa de incoherente y útil fantasía dorada!

Al cielo al que aspira mi techo. ¡A la divinidad celeste por excelencia!

Sí, a ti, Júpiter. ¡Entre gritos escarchados de envidia te clamo admiración infinita!



lunes, 3 de diciembre de 2012

Extracto de conciencia social I

Sobre la voz de la calle y su derecho a hablar
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Grita el pueblo, grita la vida; esa vida que es arrancada. Lloran los pobres, ríen los ricos. Se hastía la sociedad y rompe en afilados cristales. Se clavan en palos los insolventes y se asan cual pincho de jugosa carne. Aquí, cocinan los bancos y comen los políticos. Aquí servimos los esclavos y se sienta a la mesa el presidente. Aquí, mientras se muere la gente de hambre.

Grupo corrupto, grupo idiota. Grupo egoísta y ladrón. Grupo insensible, grupo cobarde. Grupo de bobos que se creen dueños de cualquier y cualquiera. ¿En qué ley buscan amparo, si es que lo buscan? ¿Qué derecho tienen? ¿¡Cuál!? A destrozar hogares, a matar personas. A destruir avances, a derrocar mejoras. Usureros, carroñeros, ávidos. Salivando, deseando romper nuestros huesos, quebrantar sus almas.
Qué derecho tienen a poseer nuestras vidas y a arrebatarnos la felicidad. Si es por dinero habéis de saber que con eso nada queda justificado.

Nos repudiáis, nos asqueáis. Y es por eso que grita el pueblo, que grita la vida; que se desata con furia la voz de la calle. Se abren los oídos, se encienden los micrófonos orgánicos que componen nuestras gargantas. Se apaga el abuso que presionan, se deshace en quejumbrosos lamentos de ira su mandato insolente.

Aquí, no mandan ellos. Aquí, y ahora, mandamos nosotros.

Grita ¡grita! Aúlla ronca y potente. Dolida y débil, más decidida y descocada. Se alza sobre nuestras cabezas, sobre las suyas incluso. Lo oyen desde ahí arriba, desde sus tronos altos, lujosos y herméticos; envasados al vacío para no enterarse del dolor carnal de afuera.

Pero esto sí que lo oís, ¿verdad? Esto sí que se escucha. A esto sí tendrán que enfrentarse.

¿Tenéis miedo, estúpidos ladrones?
¿Teméis nuestra fuerza, incultos imbéciles?
¿Os aterran las consecuencias de vuestra fingida indolencia?
Bien, así tenéis que sentiros, zalameros hipócritas. CONDENADOS.

La voz de la calle ha hablado, y sus gritos prenden más fuego que las bancarrotas.


domingo, 2 de diciembre de 2012

Mad Moi Zelle


Behetría


Y reina el caos en mi templo interior:

“¡Luces!” alguien grita… ehh…pero ¿quién…?  “¡cámara!” esperen, ¿¡qué es todo esto!? Otro alguien comienza a embadurnarme la cara de polvos y a fijarme los mechones con laca de base hormigonada. Cuando quiero darme cuenta, resuena el temido “¡acción!”. ¿¿Qué pasa?? ¿Cómo he llegado aquí? Mi reino interior era una selva virgen de vivos colores y alegres mariposas…jo, pero ¿quiénes son estos?

Y entonces tras la última orden el mundo se calla y allí estoy yo, en medio de un inmenso mar de calma tras un decorado blanco. Me ciegan los focos, tanto que se me proyectan en la cara cincuenta sombras de mis rizadas pestañas. Consigo adaptarme a la iluminación, pero sigo quieta, sobre mis Ferragamo de diez centímetros tambaleándome indefensa bajo la atenta mirada de un equipo formado por mucha gente que no había visto en mi vida, observándome.

Tras las gafas de expectación se suceden miradas de extrañeza. Alguien me hace un gesto de “venga” y yo no sé cómo reaccionar. ¿He de decir algo? ¿Sonreír quizás? ¿Bailar? ¡Qué alguien me lo explique por Dios! Me encojo de hombros ante las cámaras, las bombillas y la gente sentada en sillas de director. A ellos se les caen las mandíbulas junto con sus esperanzas y se fija una incredulidad en sus rostros más indeleble que el rubio de mis raíces.

Es que en realidad ni siquiera sé que expectativas tienen fijadas en mí, ¿qué esperan conseguir? Esto es ridículo. Así que me río de mí misma, por el carmesí exagerado de mis labios, el recogido estrafalario que brota en mi cogote, el conjunto trendy-boho de falda adolccada y blusa joya estilo Channel en color naranja topacio que en realidad me está ahogando un poco… sí, me río, ¿por qué no reírse? En una carcajada limpia sesgo la tensión de mis espectadores de manera pragmática.

No sé dónde estoy pero ahora mismo tampoco me importa. ¡Llevo unos Ferragamo por el amor de Dios! ¿Qué clase de paraíso es este? Sorprendentemente cuando mi carcajada se esfuma disipada por los restos tóxicos de la laca, veo sonrisas al otro lado. Ojos risueños e incluso algún que otro aplauso. ¿Están satisfechos? Increíble. ¿Se alegran de que sea yo misma después de haberme hecho parecer un maniquí repeinado? ¡Pero qué gente más extraña!

Un hombre apuesto y elegante con un custôme de Armani se acerca con la mano extendida y me saluda francamente contento. Me felicita por mi gran trabajo en la sesión y dice que lo he clavado. Genial…debería alegrarme, ¿no? Le pregunto para que empresa se supone que estoy trabajando y simplemente me contesta:

-¡Pero Lucía! ¡Si es tu vida! No hagas preguntas estúpidas. Haz como Victoria, que preguntó si se podía quedar los tacones...