La escapada a mis sueños, mi huída del mundo. Mi salida de emergencia al otro lado, al de mis ideas; frescas y disparatadas. Mi forma de desahogarme y de expresarme con libertad, de hablar y dejar correr mi inspiración para hacer menos razonable la vida de aquel que se atreva conmigo... y permitir que se sumerja en mi mundo y en mi pasional cabecita. Esto es lo que ven mis adolescentes ojos. Este es el destape de la profundidad de mis entrañas. Esto, somos mi alma y yo al desnudo.
jueves, 27 de diciembre de 2012
miércoles, 26 de diciembre de 2012
La lira del artista
Siguen pintando con carboncillos
de luminosidad borrosa. Siguen apagando vivaces retratos en tintas opacas y
muertas. Siguen sacrificando gamas para conseguir una infame y típica uniformidad
de aquel que se limita a ver sin saber siquiera cómo abrir los ojos…
Siguen, aunque en realidad nadie
quiera que sigan; aunque quizás solo sea yo la que quiera que paren. La que
quiera vivir, inspirar, brillar.
La que quiera acabar con
el monocromo adiposo, para que así el mundo vea la vida con los tintes
eléctricos y galácticos que solo proyectan las sombras del delirio. Conseguir
que brillen extasiados los ojos, que tornen las retinas en espirales hipnóticas
de realismo idealizado. Que se alcen las sonrisas con cada brizna de naturaleza que prorrumpa en millares de tonos congénitos y hermosos –indetectables a ojos
francos o a oyentes cuerdos–. Sobrecargar de alegría la sencillez inapetente,
colorear el anverso de todas las monedas y todas las economías pringosas y
manoseadas, con una pulcritud artística fanáticamente anhelada.
¡Que estalle la revolución
polícroma! Que irisada se extienda cual niebla vaporosa por cada rincón de cada
calle y cada faceta social obsoleta. Que se esparza iluminando de frescura corazones
y ambiente. Que se imparta camuflada tras una educación jovial en ideales. ¡Que
se desparrame pigmentando el alma universal con indelebles notas de vistosa
urgencia!
Que pinte mármoles, megalitos,
ruinas; que colore banderas, pieles, charcos; que tiña recuerdos, firmezas,
lágrimas; que esmalte hazañas, vigores, motivos.
Unidos todos bajo un lema de neón
esculpido en el horizonte, realizándonos todos en la acción de remendar las
heridas mundiales con percepciones bañadas en concordia tonal.
Todos. Coloreados de una misma
raza de idéntica cuna.
Esparcidos en un bello crisol
ideológico, cultural y cromático. Mezclados en una armonía de burbujeantes y puros
colores.
Todos. Fusilados, eternamente,
del mismo arte:
De vida.
martes, 25 de diciembre de 2012
domingo, 23 de diciembre de 2012
Globos
Flotantes florituras florales…
sinusivas formas elípticas formadas por dos focos de imaginación suave.
Realismo infame de una existencia tenebrosa, mediática, extraterrestre… figuras
inertes que se desplazan altivas, que decoran muertos, que realzan vidas.
Finolis del aire, destellos de soles. Burbujas de polyestireno explotables
rellenas de soplos (o soplos de vida encerrados en polyestireno) helio cautivado y rebotante, químicamente activo...
Globos. Quisiera volar en uno
cada día. Agarrarme a sus finos hilos, atarlos con una lazada en mi muñeca y,
en vez que sujetarlos, dejarme llevar por ellos. Arrastrarme deslizante en
vertical hacia una liberación que considero estratosférica. Terminar como ellos
terminan cuando tocan el sol, cuando lo ven con sus plastificados ojos solo
milésimas de segundo antes de explotar en vibrantes retazos de vida estupenda.
…Arañazos fieros de electrizante
suavidad imposible, frutos furtivos del moral tedioso. Infladas ideas de delicadeza
suma, que con su fragilidad deslizan nuestras uñas en un ligero afeitado
gilletiano…
Quisiera que alguien diese al
menos unos segundos de su vida en llenarme y hacerme sentir esbelta y tenue.
Dejar de ser una figura vacía para completarme con los alientos de quien
supiera quererme aún rolliza y juguetona; aún difícil de tratar.
…Copernical revolución de sueños
liberados, al fin, tras decenios de tristes rostros y desalentadas fuerzas…
…Cordura explosiva, locura
prieta. Tenacidad inocua, flexibilidad onírica. Color y cromatismo vidrioso y
bombíllico, a modo de luz ensartada en bolitas de plástico…
Quisiera ser tan lívida como
ellos son, escaparme oscilante y dejarme atrapar por corrientes de viento benignas,
inconsciente y adormilada; huir en retirada sobre las nubes y dejar de ver a
todo aquel que no entienda la majestuosidad de los globos, que no sepa amar a
lo que representan.
…Globos, llevadme.
jueves, 20 de diciembre de 2012
-Te sigo queriendo
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Se me rompen los esquemas, se me
rompe la entereza. Mantengo milagrosamente el semblante serio, mirándote,
perdiéndome en tus ojos, intentado saber qué piensas. Intentando saber qué
sientes. Intentando no derrumbarme, no dar tan solo un simple paso y lanzarme a
tus brazos…
-Te sigo queriendo –me
confiesas–.
Y ahí se vuelca todo. La mente
fría se mezcla con el corazón en estado de plasma y acabo llevando dentro un
batido de emociones. Quiero llorar, quiero sentir, quiero…quiero quererte
libre. Quiero en ese momento de todo. Quiero que te acerques y me beses, con la
excusa de tu secreto liberado. Quiero sentirte, quiero tenerte. Quiero abrazarte,
rozar tus labios…aún los recuerdo.
Pero no cuenta lo que yo quiera,
si no lo que tú murmuras: -Te sigo queriendo
Te respondo alguna tontería con
la esperanza de taponar todo lo demás que quisiera decirte. No sé, me pierdo,
me hundo. Me quedo en tus manos. Yo no actúo, sale a la luz mi yo inérzico. Mientras
hablo e intento seguir adelante (en todos los sentidos) yo me siento atrapada
dentro de un cuerpo en modo piloto-automático. No te haces a la idea del boom que has causado.
Pero quiero que te vayas sin
saber todas estas cosas. Quiero que te enfades conmigo por no contártelas. Quiero
que no sepas, que desconozcas el egoísmo del que haría gala si respondiera a tu
pregunta.
¿Que qué digo ante eso? Digo que
me callo, siento que me engaño, sientes que juego contigo y dices silencio.
-Te sigo queriendo.
Y esta vez no lo has dicho tú. Lo
he susurrado yo entre sollozos cuando me he dejado deslizar por la pared cuando
has doblado la esquina.
Deseando que volvieras.
sábado, 8 de diciembre de 2012
Llamada nórdica
Burbujea en mí la aspirina de la vida. Poso la mano sobre el vaso y me llegan las chispitas delicadas como besos de mariposa. Pongo la cara y es una locura de mini borbotones electrizados, cargados de felicidad y alegría. Gorgotea en mí el alma del invierno, y en vez de pequeños soplos efervescentes que vuelan hacia mi dolor de cabeza, esto es más bien un aluvión de enormes gotas que se precipitan diluvianas hacia mis pies descalzos e indefensos. Comienza así la mañana llorosa, finaliza con ella la depresión inútil. Así, con la hierba húmeda, muy húmeda, encharcada y embarrada, espumajosa y revuelta. Con la lluvia resbalando redonda y pura sobre mi piel blanca, reafirmante, sobre mis labios entreabiertos y mis pestañas chorreantes, colándoseme en el escote, derramándose por mi pelo y se deslizándose cosquilleante e impudorosa por mis piernas.
No puedo por menos que extender
mis brazos a la inmensidad del agua, a la pulcritud del cielo y a su
desbordante energía. Dejo que me absorba, que me sumerja en su mar tempestuoso
y le miro desde abajo, desde muy abajo, en vertical, con el cuello casi
dislocado inhalando y abrazando cada gota que me llega, cada gota que me ahoga
en una sonrisa más profunda que el mismísimo océano donde éstas acaban. Se me
olvida que estoy girando, se me olvida que estoy desnuda y mareada en medio de
un campo pantanoso. Se me olvida que el mundo es una mierda y solo soy
consciente del momento en sí, que clama la totalidad de mi atención y mis
sentidos.
Bailo, sinuosa, bajo la atenta
mirada acuosa de cada relampagueo que produce el sol en los mil millones de
bombardeos de fantasía que me lanzan las nubes. Bailo, libre y abierta a un
mundo oscuro, pero espectacular y bullicioso, burbujeante ¡vivo! como la aspirina
que aún danza dentro de mí. A su compás danza mi cuerpo, extasiado y ensimismado
en la perfección de la lluvia, en la simplicidad y armonía del invierno. En el
frío, quizás gélido, quizás anestesiante quizás resucitante, que cala en mi
pedazo de paraíso y que me impulsa al movimiento. A que salga a la calle y
disfrute del vigoroso olor a humedad que inunda los paseos; a que me imprima en
la sensación de calidez interior, en medio de un mar de temperaturas a ras del
suelo.
Mientras anhelamos la nieve. La
nieve que nunca llega, la nieve que esperamos todos, pero que se sumerge
invisible en la playa que nos rodea. La nieve, la blancura más cegadora y
resplandeciente que mis ojos nunca ven, esa ansia interna de poder siquiera
abrazarla, hace que me conforme con poder desembarazarme y soltarme el pelo,
bajo un día tormentoso; hace que busque consuelo y desahogo en brazos de la más
intensa y vivaz sensación que mi cuerpo puede experimentar en este mundo
insulso y poco cotizado en emociones. Hace que quiera vivir, que quiera gritar
al cielo y agradecer a quien quiera que me esté observando morboso desde arriba,
el inmenso placer que produce en mí poder disfrutar de un caldero de agua fría
para mi febril estado anímico.
Chillando y retozando de
carnalidad, me entrego a la lluvia como ella se esmera en entregarse a mí y a cada
palmo de suelo que permanezca árido y seco inmune a su mágico influjo. Desdichados,
pues si yo fuera tierra querría vivir en los trópicos para poder pasarme los
días, los meses, los años ¡la eternidad! mojándome bajo su encantador roce y su
perturbador tacto.
Lluvia, invierno, inmensidad y
vida. Las estaciones se arrodillan ante ti, ¡oh! magistral diciembre. Tu sierva,
juglar y títere manipulado insomne por tu encanto, bailoteará hasta la muerte
si es necesario para poder tan solo mirarte a la cara como ahora lo hago. Bajo
tu ser, bajo tu esencia. Bajo las gotas que caen fugaces de tus ojos, a los
míos.
Te amo. Diciembre, nieve, lluvia,
invierno, humedad…
frío.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Bisturí...Sierra...
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Intento, con todas mis fuerzas,
echarte a patadas de mi ser y dejarte superficialmente dentro y fuera de mi
vida, para no hacerte daño, para no hacérmelo a mí, confiando en que tu estés
inmerso en la misma tarea.
Pero…pero no puedo. Pero no
podría aunque siguiese eternamente intentándolo. Si tú dices que te quedaste a
medias, la mitad de mí que te corresponde en realidad es compartida… se ha
quedado ahí, flotando en el aire, perseguida por el fantasma de nuestros yos
pasados, perseguida por una complicidad que nos aferra a ella incapaces de
soltarnos de su cálida mano. Persiguiéndonos a nosotros.
Si tú me echas de menos, has de
saber que yo intente reducir mi morriña de ti y solo conseguí duplicarla. No equiparo
tu dolor al mío, solo igualo nuestros sentimientos. No enfrento nuestras vidas,
solo hago que avancen paralelas en vez de secantes, solo evito que reboten
descontroladamente.
Ni contigo ni sin ti, pero
entonces, ¿Qué hago con los desperdicios de nuestra existencia que se van
amontonando ahí en un rincón de cierto parque? No se desintegran, no
desaparecen… solo nos quitan el espacio que necesitan nuestros cerebros para
aspirar un poco de coherencia. Para refrigerarse del sofocante verano.
Pero ya sabes, necesitar no es
querer, ni mucho menos realizar. Así que mejor paro de coserme el cráneo y de
intentar que tú te remiendes el tuyo. ¿Te apetece que vayamos al hospital
juntos? Igual seguiremos enfermos hasta la muerte, pero seguiremos cerca.
Gracias. Siempre te admiraré, más incluso que a Júpiter...
jueves, 6 de diciembre de 2012
La dicha de los afortunados
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Nunca quise a nadie tanto como a ti,
mi vida. Nunca nada fue tan intenso como para sentirme así como me siento.
Estoy aturdida, desmenuzada, profundamente triste. Ahogada y hundida en mi banal
entorno escaso de ausencia. Te necesito. Como al respirar. Como al beber. Como al
latir de mi cuerpo. Es confuso estar tan vacía y a la vez tan llena… la pena es
honda. Cala en mis huesos y en mis sentidos como un frío mortal. Cala en mi
todo y aúlla en mi abismo. Nunca fue algo tan duro como lo es ahora el mero
hecho de vivir. Me cuesta seguir sabiendo que nunca podré recorrer sola los 400
km-luz que me separan de mi meta. No resiste mi cielo en llamas al mar de
lamentos que arrojan mis párpados. Me tiemblan las manos, la voz y la
existencia. Cuando te escucho. Cuando tus vibraciones rozan mis tímpanos.
Cuando las absorbo de tal manera que se clavan en mi mente como tornillos del
grosor de pestañas. Es todo lo que tengo. Tu voz. Que sin duda es preciosa,
pero que no sostiene un cuerpo con tanta carga emocional como el mío.
No hay desahogo. No hay alegría
que sea completa en esta tortuosa rutina. No hay. No hay más que amor y
sentimiento. No hay más que deseo y besos acumulados.
Se dilata el iris de mis ojos
cuando sin retina veo tu sonrisa. Se sobrecargan las venas de mis pálidas
muñecas cuando sin nervios rozo tu piel… desparecen mis pies cuando sin cuerpo
corro a tu encuentro.
Me explota el corazón cuando sin
tenerte aquí, te quiero.
Júpiter
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Lejana estrella que brilla en el
firmamento de los taciturnos. Realidad inmensa de vacío y materia inerte.
Cordura invertida, transformada en planeta.
Júpiter, donde viajan las almas
románticas cada día. Dónde mueren fusilados de belleza los corazones rotos cada
noche. Dónde yacen las cunas y donde resurgirán las tumbas de nuestras ideas.
El celuloide se muestra cerrado
en torno a él. Los ángeles claman su plenitud. Sus lunas se pierden en cada
guiño brillante de su plateado rostro.
Espacio. Muerte. Creación
infinita.
La verdadera cara de la
abstracción en sus cráteres habita. Sin más, desaparece la humanidad abducida
por su inalcanzable lejanía. Sin más, volvemos todos las caras cuando él sisea
nuestro nombre en la oscuridad de la tormenta, resplandeciendo tibia y fugazmente
entre cada gota de lluvia. Sus reflejos son arrastrados por el viento,
distorsionando la vana y burda copia de Júpiter en la que vivimos. Las nubes se
llevan a tirones su fragancia a frescura. Quedamos invertidos e ingrávidos. Se
rompen todas las leyes y la imposibilidad del fenómeno se torna infame y
verídica.
El lazo lanzado a su cumbre de
carbono se cierne solemne sobre su diáfano diámetro, sobre su casual behetría.
Y relumbran las estrellas sobre sus mares de bruma y luna. Y respira sobre su
nuca el Universo con sus pulmones de asteroides. Y riela el blanco infinito
sobre las vías espaciales que colapsan con sus extremidades rebeldes. Su
grandeza abstractísima retumba sísmicamente sobre las paredes finitas de la elipse
que lo sujeta. Un terremoto arrasa el ingrávido en un simple pestañeo suyo. ¡Se
desenreda la Vía Láctea para engendrar a su bastardo heredero!
¡¡¡Clamamos a Júpiter!!!
¡A la gran creación de este vasto
infierno en torno al cual giran nuestras obtusas mentes!
¡Al cielo donde se arrastran
inertes la neuronas de los pensadores! ¡A ese limbo donde se retuercen de
espanto los ideales retrógrados! A la armonía despampanante y fisiócrata que
nubla los sentidos de los soñadores… que cuando muda de piel, ésta viaja
desmenuzada en polvo de estrellas.
¡Al esencial delirio que
inhalamos y que nos rebosa de incoherente y útil fantasía dorada!
Al cielo al que aspira mi techo. ¡A
la divinidad celeste por excelencia!
Sí, a ti, Júpiter. ¡Entre gritos
escarchados de envidia te clamo admiración infinita!
lunes, 3 de diciembre de 2012
Extracto de conciencia social I
Sobre la voz de la calle y su derecho a hablar
http://www.ivoox.com/voz-calle-audios-mp3_rf_1631277_1.html
Grupo corrupto, grupo idiota.
Grupo egoísta y ladrón. Grupo insensible, grupo cobarde. Grupo de bobos que se
creen dueños de cualquier y cualquiera. ¿En qué ley buscan amparo, si es que lo
buscan? ¿Qué derecho tienen? ¿¡Cuál!? A destrozar hogares, a matar personas. A
destruir avances, a derrocar mejoras. Usureros, carroñeros, ávidos. Salivando,
deseando romper nuestros huesos, quebrantar sus almas.
Qué derecho tienen a poseer
nuestras vidas y a arrebatarnos la felicidad. Si es por dinero habéis de saber
que con eso nada queda justificado.
Nos repudiáis, nos asqueáis. Y es
por eso que grita el pueblo, que grita la vida; que se desata con furia la voz
de la calle. Se abren los oídos, se encienden los micrófonos orgánicos que
componen nuestras gargantas. Se apaga el abuso que presionan, se deshace en
quejumbrosos lamentos de ira su mandato insolente.
Aquí, no mandan ellos. Aquí, y
ahora, mandamos nosotros.
Grita ¡grita! Aúlla ronca y
potente. Dolida y débil, más decidida y descocada. Se alza sobre nuestras
cabezas, sobre las suyas incluso. Lo oyen desde ahí arriba, desde sus tronos
altos, lujosos y herméticos; envasados al vacío para no enterarse del dolor
carnal de afuera.
Pero esto sí que lo oís, ¿verdad?
Esto sí que se escucha. A esto sí tendrán que enfrentarse.
¿Tenéis miedo, estúpidos
ladrones?
¿Teméis nuestra fuerza, incultos
imbéciles?
¿Os aterran las consecuencias de
vuestra fingida indolencia?
Bien, así tenéis que sentiros,
zalameros hipócritas. CONDENADOS.
La voz de la calle ha hablado, y
sus gritos prenden más fuego que las bancarrotas.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Behetría
“¡Luces!” alguien grita… ehh…pero
¿quién…? “¡cámara!” esperen, ¿¡qué es
todo esto!? Otro alguien comienza a embadurnarme la cara de polvos y a fijarme
los mechones con laca de base hormigonada. Cuando quiero darme cuenta, resuena
el temido “¡acción!”. ¿¿Qué pasa?? ¿Cómo he llegado aquí? Mi reino interior era
una selva virgen de vivos colores y alegres mariposas…jo, pero ¿quiénes son
estos?
Y entonces tras la última orden el
mundo se calla y allí estoy yo, en medio de un inmenso mar de calma tras un
decorado blanco. Me ciegan los focos, tanto que se me proyectan en la cara
cincuenta sombras de mis rizadas pestañas. Consigo adaptarme a la iluminación, pero
sigo quieta, sobre mis Ferragamo de diez centímetros tambaleándome indefensa
bajo la atenta mirada de un equipo formado por mucha gente que no había visto
en mi vida, observándome.
Tras las gafas de expectación se
suceden miradas de extrañeza. Alguien me hace un gesto de “venga” y yo no sé cómo
reaccionar. ¿He de decir algo? ¿Sonreír quizás? ¿Bailar? ¡Qué alguien me lo
explique por Dios! Me encojo de hombros ante las cámaras, las bombillas y la
gente sentada en sillas de director. A ellos se les caen las mandíbulas junto
con sus esperanzas y se fija una incredulidad en sus rostros más indeleble que
el rubio de mis raíces.
Es que en realidad ni siquiera sé
que expectativas tienen fijadas en mí, ¿qué esperan conseguir? Esto es
ridículo. Así que me río de mí misma, por el carmesí exagerado de mis labios, el
recogido estrafalario que brota en mi cogote, el conjunto trendy-boho de falda
adolccada y blusa joya estilo Channel en color naranja topacio que en realidad me
está ahogando un poco… sí, me río, ¿por qué no reírse? En una carcajada limpia
sesgo la tensión de mis espectadores de manera pragmática.
No sé dónde estoy pero ahora
mismo tampoco me importa. ¡Llevo unos Ferragamo por el amor de Dios! ¿Qué clase
de paraíso es este? Sorprendentemente cuando mi carcajada se esfuma disipada
por los restos tóxicos de la laca, veo sonrisas al otro lado. Ojos risueños e
incluso algún que otro aplauso. ¿Están satisfechos? Increíble. ¿Se alegran de
que sea yo misma después de haberme hecho parecer un maniquí repeinado? ¡Pero
qué gente más extraña!
Un hombre apuesto y elegante con
un custôme de Armani se acerca con la mano extendida y me saluda francamente
contento. Me felicita por mi gran trabajo en la sesión y dice que lo he clavado.
Genial…debería alegrarme, ¿no? Le pregunto para que empresa se supone que estoy
trabajando y simplemente me contesta:
-¡Pero Lucía! ¡Si es tu vida! No hagas preguntas estúpidas. Haz como Victoria, que preguntó si se podía quedar los tacones...
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