Aquí me arrodillo tullida e
invalida. Ciega y manca ante el trono de la inconsistencia. Caigo rendida, mis
huesos molidos, mis músculos atrofiados, mi espíritu desparramado en una
esquina sucia y oscura. Ni obscena ni dulce, simplemente inerte. Superada por
una semana que se me antoja una vida, por unos sentimientos que ni siquiera
comprendo y una alegría evaporada por el candor de mi llama extinta. Vacía y
derrumbada sobre un sofá destartalado, dejando que mis lágrimas compitan por
ser la primera en colmar el vaso. Por desgracia, esta noche ha sucedido.
Venía cargada de vida y deseos,
de amor y lujuria, de vivaz locura. Ansiosa por comerme el mundo. Sin embargo,
ahora solo quiero que él me coma a mí. Huir cual cobarde. Apartarme de vosotros
y superar mi soledad como bien pueda, procurando seguir siendo yo misma cuando
lo consiga. Ahora, quiero evadirme No volver a pisar tierra conocida ni volver
a hablar con cara amiga alguna. Todas me acaban dando la espalda. Y así me
mantengo. Y así me quedo. SOLA.
Mi familia no me quiere. Mis
padres se enfadan. Mis amigos me obvian. Así que mis sentimientos acaban engangrenados
dentro de mí. ¿Cómo los saco? ¿Cómo contengo las ganas de amar a personas
inexistentes? ¿Cómo sobrevivo?
Qué fácil mantener sonrisas
cuando no te encuentras desamparada en una trampa psíquica de la que sólo tú
sabes cómo escaparte. La solución nunca es evadir la respuesta. La solución
nunca será soportar lo que soportan mis manos. El peso de los segundos se clava
como estacas en mi pecho.
Mojando papel con suspiros
sólidos me despido de la noche y espero que de esta vida, tal como la he vivido
estos días. Rezando por que ms plegarias sean por fin oídas, escuchadas y
atendidas, por que la resolución acuda a mí de la misma forma que los problemas
llegaron.
Diciéndote adiós a ti, a él, a
los dos,
o a mí misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario