martes, 8 de enero de 2013

Polvo de estrellas

Se zafa mi mente de las mil ataduras que agarraban sus muñecas. Huye, despavorida, libre, mas cojeando por días de tortura. Esta débil, pero sigue en pie. Sálvese quien pueda de la inspiración profana y  realista que actúa de verdugo en esta nuestra vida. Córranse las cortinas y no dejéis entrar los rayos de hipocresía que se cuelan por las rendijas. Cúbranse los oídos para obviar las mil y una necedades que pululan ingrávidas tomando la brisa como chófer, acalorando en vez de refrescando con su roce. Quizás la milla verde no fuera tan mala al fin y al cabo. Podría restar en paz en un maravilloso mundo loco donde el dorado de las paredes sea realmente de oro, donde las palabras sean dichas en su justo momento y donde los roces abunden. Quizás una muerte cerebral la libraría de tanta incomprensión social, descansaría fantasiosa y relajada, esnifando polvo de estrellas, colocada de inteligencia hasta la médula. Quizás. Pero sería una muerte de todos modos. ¿Y quién desea estar muerta cuando puede seguirse con vida para reírte de todas esas incoherencias con alguien a tu lado que también las perciba? Solo se ha de buscar a la persona adecuada. Solo has de saber ver lo que el mundo te oculta por miedo a enamoramientos fortuitos e incómodos, por miedo a que quieras dormir abrazado a él cada noche, fundiéndote con su compatible alma.

Mi mente ha seguido corriendo. Me ha escuchado narrar las contradicciones de su huida. Puede que ahora no sepa a donde dirigirse: si a la silla eléctrica de la inconsciencia o al abrazo del infierno con posibilidad de visitas angelicales.



Por favor, sacadme de aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario