martes, 31 de julio de 2012

Lalalá

Somos diferentes. Somos espaciales. Somos y nos sentimos mejores.

El lalalá es nuestro ritmo constante, al que baila y canta el pájaro de la habitación blanca y vacía en nuestra cabeza, y al que le da vueltas el gato a su bola de lana. Me siento afortunada de verdad de contar con un zoológico en el coco. Me ayuda a centrarme. A centrarme en ser yo misma. Solo contigo sale mi lado rebelde. Bueno, rebelde…yo diría más bien real. Mi realidad es rebelde por naturaleza, entonces. Gracias por ayudarme a descubrirlo.

Tengo suerte de haberte encontrado, de que nuestros caminos se hayan cruzado y de que nuestra locura se nos haya contagiado. Me encanta la embriaguez con la que nos pasa la vida por delante y ni nos enteramos. Me gusta reírme y me gusta más todavía verte reír a ti.
Me inspiras, de algún modo. No quiero decir que eres mi modelo a seguir, porque entonces acabaría hecha un desastrillo… bueno, ¡es que TÚ eres un desastrillo!
Pero yo te quiero igual :) y creo que debajo de esa cabecita de chorlito se esconde un gran hombre, que sé con seguridad que aún tardará en darse a conocer. Te quedan por delante muchas estupideces que hacer y muchas mamarrachadas que decir. Eres demasiado tú para madurar ahora, y no quiero que lo hagas.

Sin embargo, quiero hacerlo yo a tu lado, porque sé que tu influencia me viene de maravilla. Porque realmente me siento feliz de tenerte en mi vida. Y, porque, ¿qué habría sido de mí este par de 525.600 minutos? Este par de años que ya han pasado vertiginosamente. Espero que haya muchos más, y que, en la distancia o en la vecindad, podamos contar el uno con el otro.
Esto ya no se rompe, chatungi.

Por ti, por mí, y por nosotros.
(*resuena el clink clink de las copas de champagne*)

Porque…
¡Somos los mejores!


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