martes, 10 de julio de 2012

Sin remedio

Perdí el cielo después de tantas vueltas sin sentido. No supe averiguar donde había de posar mis pies y donde habría de mirar si quería ver el sol. Fue horrible estar tan desconcertada, tan perdida y sin un exterior definido, mientras que en mi interior se libraba una intensa batalla entre mis sentimientos, completos y rebosantes, que conseguían escaparse de mi cabeza huyendo camuflados en mis lágrimas. Supongo que así es la vida.

Unas veces se rueda descontroladamente abismo abajo y otras uno se establece firme ante el acantilado, y por mucho viento que haga, por muchos susurros sinuosos y tentadores que se escuchen, permanece allí, quieto y decidido cuán témpano helado.

Llegó el momento en el que no supe establecer un arancel a mis emociones y les perdí la cuenta: no supe cuántas entraban y cuantas salían. Y entonces, me volví loca. Se me fue arrebatado el poco control que aún tenía sobre mi eje de giro y caí en la cuenta de que todo había cambiado.

De que lo nuestro había cambiado.
De que yo había cambiado.

...Y de que todavía no me he atrevido a descubrir cómo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario