Miremos cómo caen los folios de
las impresoras del destino y cómo se reproducen en cadena patrones de vida y
estilo. Atendamos al bostezar del amanecer y al chirrido de libertad que
sueltan las puertas de prejuicios al abrirse. Observemos cómo el ruido de las nubes se nos come y cómo las
gaviotas se ríen de nosotros mientras vuelan sobre nuestras cabezas. Reflexionemos,
por un instante, sobre cómo es posible que seamos seres más completos en la
mitad de nuestro tamaño y con la mitad de nuestra experiencia. Cómo es siquiera
factible que pasemos las semanas esperando los viernes y pasemos los viernes anhelando
las vacaciones. Como podemos existir si se nos escapan los segundos y mañana
todos habremos muerto.
Abramos los ojos: la sociedad nos
exprime. La gente nos devora. La opresión nos carcome. Los libros nos golpean. Todo
se abalanza sobre nosotros mientras que solo la lógica huye.
Dejando el corazón hecho piel y
la piel hecha ceniza.
Quedando la vida hecha escoria, y la escoria hecha crítica.
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