Sobre la crisis, la corrupción y la desesperación
pública
Si me preguntan que si creo que
la corrupción ha llevado a la crisis a mi país, mi respuesta será un rotundo y
seguro sí. La argumentación es simple: ¿qué nos falta? Dinero; ¿qué han estado
robando? Dinero; ¿Qué pasaría si tuviésemos ahora ese dinero extraviado? Que seríamos
un país próspero, un país con futuro y desarrollo, un país en crecimiento,
tanto económico como social, que no tendría que echar a sus estudiantes al
extranjero porque no puede ofrecerles trabajo, que no necesitaría agenciarse de
los hogares del pueblo para cubrir sus gastos, que no haría que las masas se
rebelasen, que no amenazaría al bienestar de los españoles y a su vida y
dignidad. Nuestra sociedad está al borde del abismo porque el dinero que le
correspondía a este nuestro pueblo se ha trasladado misteriosamente a las
cuentas en Suiza de cuatro mandamases corruptos.
Si me preguntan qué hacer, cómo
solucionarlo, no tendría tan claro que contestar. Sin duda, callarse y confiar
en la justicia no es una opción. Ya no. En ella hemos estado confiando todo
este tiempo y, aun suponiendo que todo lo veía y que hacía caer el peso de la ley
sobre todo aquel que se lo mereciera, sus continuos errores y su vista gorda
han hecho que yo, personalmente, no quiera dejar en sus manos mi futuro, mi
vida y la de todos los que me rodean. De todos mis compatriotas honrados que
están ahora en la miseria porque esa admirada justicia nuestra no supo castigar
en su momento a los que son responsables de esta catástrofe. Pagan justos por
pecadores y encima pretenden hacernos callar, pretenden incluir nuestro caso en
el conjunto europeo, en su mal momento económico. ¿Nadie se ha preguntado nunca
si realmente formamos parte? ¿Acaso hay ladrones en los puestos de poder en
toda Europa?
Sí, debemos aguantar, debemos tirar
hacia delante como podamos y debemos arrastrarnos a recoger las migas de pan
que nos han dejado los que se han llevado nuestra comida. Y no porque nos guste,
sino porque simplemente no nos queda más remedio. Yo no soy en absoluto partidaria
de las manifestaciones y las revueltas, pues pienso que el Gobierno las ignora
y que solo le suponen un leve incordio,
un picor que nunca desembocará en erupción. ¿Para qué arriesgarnos entonces a
que suceda cualquier desastre? Y a pesar de esto, esta es la excepción a mi
forma de pensar. Pues esta vez la queja social no es contra el gobierno mismo,
sino contra la rienda suelta que le ha dado a ciertos personajes, contra la
justicia que no supo verlo en su día, contra las distracciones y las vendas que
han tapado nuestros ojos mientras ellos robaban y que nos los han destapado
cuando el paisaje ya estaba desolado y ya se lo habían llevado todo. En
realidad, la queja del pueblo es también una frustración con ellos mismos. Por
ni haberlo previsto ni haber podido hacer nada para evitarlo. Ahora, aunque no
seamos los culpables, nos toca pagar. Nos van a hacer aportar el dinero que nos
han quitado. ¡A nosotros! ¿Alguien me explica cómo? ¿Pretenden castigar a la
víctima y no al criminal? ¿Es esa la solución, en serio?
Que primero salgan y juzguen como
se merece a la panda de corruptos que han llevado a la ruina a España y que
luego se replanteen lo que están haciendo con nosotros. Cuando terminen, ya no
habrá país que gobernar, ya no quedará aquí nada ni nadie para ver lo “bien“ que
lo han solucionado pasado un siglo. La unión de la nación estará ya rota para
siempre y España no será más que escoria a los ojos del mundo.
Gracias, justicia.
Solo he leído el primer párrafo y ya tengo para escribir un comentario.
ResponderEliminarAunque ese dinero volviera al pueblo, lo más seguro es que estuviésemos poco mejor que ahora(y te aseguro que por poco tiempo). La crisis no viene dada de los corruptos aunque colaboren.
Sin contar el pequeño detalle de que aunque nuestra democracia este manipulada por los medios y los propios partidos, el pueblo sigue siendo el que vota y el que aún está a tiempo de revelarse y no lo hace.
Una crisis como esta no puede achacarse a unos políticos corruptos, ni a unas malas inversiones. La culpa no es de ellos, es nuestra.
Lo primero por elegirlos, lo segundo por no preocuparnos por lo que hacen con nuestro dinero hasta que llegamos a esta situación y lo tercero porque somos un rebaño al borde del precipicio y aun así a muchos les da igual.
Obviamente esto es una opinión y como todas es muy subjetiva, pero lavarse las manos y echar culpas seguirá sin arreglarlo.
Pero escribir, sentarse en el sofá o quejarse mientras lees en el periódico a cuantas familias han desahuciado hoy, no servirá de nada, la gente empieza a lanzarse a la calle y aunque lo que voy a decir solo sea una esperanza utópica, espero que sirva para algo.
Posdata: estás en tu derecho de echarles la culpa, pero mi opinión es esta, aunque ya me conoces y sabes como soy. De verdad a quién se le ocurre arriesgarse a que escriba testamentos como este? =P