jueves, 27 de septiembre de 2012

Hasta luego


¡¡Esperad!! ¡No, no, no!
¡PARA EL COCHE! ¡Frena, mantente! ¡No! No te lo lleves, ¡¡por favor…!!

Aún quedan mil cosas que hacer, museos que ver, millones de primeras veces que vivir. Aún necesito decirte todo lo que no te he dicho, cogerte la mano, sentirte cerca. Más todavía. Muchísimo más que al principio. Aún no has rozado mi pelo, mis labios. Aún no nos hemos disfrutado como debiéramos. Aún nos quedan muchas pelis que ver, abrazados a poder ser, aunque acabe con tortículis. Quedarme enganchada a ti todo el día. Toda la noche. Todo el año.

¡¡No!! ¡No me ha dado tiempo a pedirte que me lleves de paseo! Sácame a volar un rato (espera, ¿el que volaba no era Superman?) da igual, sácame da casa Batman, que quiero ver la ciudad de noche y desde arriba :) ven a búscarme, vámonos lejos. No volvamos nunca. No quiero ver más exposiciones sola, no quiero depender de mi portátil, no quiero tenerte lejos nunca más. No te vayas, por favor. Quédate conmigo.

No un día, no una semana.

Viviremos todo. Juntos.

Es una promesa.



miércoles, 19 de septiembre de 2012

martes, 18 de septiembre de 2012

Inconsciencia. Recuerdos. Grietas.

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¿QUÉ FUE DE NUESTRO PARÍS?

No sabes que te estás haciendo, ¿a qué no? Sigues la corriente, le sigues a él o a ellos, supongo, y mientras, te pierdes. Desaparece lo que eras para dejar paso a un prototipo defectuoso de lo que a les gustaría que fueras, un reflejo borroso de su imagen. Al menos eso es lo que quiero pensar.

No puedo ni imaginarme que realmente has cambiado tanto que ya ni se te reconoce. ¿Sabes? Antes eras mejor. Más real, más sentimental, más tú. Más, a secas. Ahora ni siquiera se distingue tu silueta. Has perdido demasiada esencia, tanta que ahora de odio. Antes te quería. Tanta, que antes esto te hubiera importado. Ahora, simplemente piensas que soy yo la que merece tu odio. Y te encargas además de hacérselo pensar a las demás. Dime, ¿qué hice yo tan malo? Perdona por no ser todo lo perfecta e hipócrita que te hubiera gustado, por no haberte hinchado el ego cuando era eso justo lo que necesitabas, un buen sopapo que te lo desinflara.

Si, tuve mi parte de culpa no te lo puedo negar, pero tú tuviste la tuya. No me pondré a discrepar sobre quien más o quién menos, pero no quiero aguantar ese royo que llevas. No, no serás tú la víctima. ¿Quieres que juguemos así? Me parece estupendo. Pero deja de mirarme como si me hubiera cargado a tu madre y fuese la peor persona del mundo. Deja de ignorarme como si fuese tan mala que no mereciese existir. Deja de creer que soy yo la que merece tu silencio. Deja de fingir que tú y yo no fuimos amigas.

Estuve contigo, Sara. Estuve ahí en muchas ocasiones. Te sequé las lágrimas, te escuche las penas y te alegré muchos días de tu vida. ¿Qué pasó? Pues que me comparaste. Sí, me sacaste pegas en base a alguien que es totalmente diferente a mí. Mal  hecho. La amistad es desinteresada, no critica, no juzga, y yo te demostré que era tu amiga. Me atrevería a decir que incluso más de lo que tú me demostraste que eras la mía.

No es un ataque de envidia, ni mucho menos. La verdad es que prefiero no saber de esta etapa de tu vida (porque espero de corazón que solo sea una etapa y que después abras los ojos). Es mi consejo, aunque sé que no te importa. Una sugerencia afable que se quedará callada, un mar de buenas intenciones que nunca vas a recibir, y lo siento de veras por ti.

Ya no tienes ese algo que tenías. Ya no te veo guapa a pesar de fijarme en esos ojazos que tienes. Ya no me pareces interesante y mereciente. y te puedo jurar que no hablo desde el rencor, nunca lo haría. Quizás podrías plantearte si yo “soy digna” de recibir esa mínima cordialidad por tu parte.

Me parece que mi problema es que ya te he quitado la máscara. Por favor, que no sea eso. Me gustaría que fuese al revés. Eso significaría que te la has puesto, que por eso ya no sé quién eres, y que cada vez me cuesta más recordar quien fuiste.

¿de quién o qué vas disfrazada?


viernes, 14 de septiembre de 2012

Duele verte

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Es difícil cambiarle la perspectiva a todo esto. Pasar de ser una mente aislada a una observadora directa. Supongo que es culpa mía. Supongo que soy cobarde. Que dejé esto atrás de la forma sencilla y que, ahora que me topo con ello de bruces, explota en mi cara.

Duele verte y no poder mirarte. Duele no verme reflejada en tus pupilas. Duele no ver ese brillo en tus ojos. Duele también descubrirte igual que siempre, con el pelo largo que llevabas la primera vez que te vi.
No me malinterpretes, esto no es un arrepentimiento.

Supongo que solamente es mi castigo por ser egoísta.

Solo espero que seamos capaces de llevarlo bien. Que no haya dolor, que no haya rencor. Que no actuemos como dos extraños una vez más, porque no lo somos en absoluto.

Solo espero una sonrisa. Un saludo. Por cordial que sea.
Solo espero que esto no te afecte a ti de la misma forma que me está afectando a mí.


domingo, 9 de septiembre de 2012

Hasta el final de física, verano


Mi amigo Cielo

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Me rehago en esta tarde. Ya casi es la hora. Me asomo a la ventana y Cielo está blanco. Blanco. Totalmente blanco. Impoluto, impecable, inamovible, agarrado a la bóveda celeste mientras deja caer su presión sobre mi cuerpo. Me acaricia. Le huelo al hacerlo y noto la humedad, el yodo y el dulzor empalagoso característico de su perfume de Rabanne. Le sonrío y él me devuelve una mueca. Me está haciendo burla. Pero sé que somos amigos, y le permito cualquier cosa. Él me conoce, sabe cómo me siento y empatiza conmigo. Le miro. Es tan inmenso… ni con los ojos abiertos del todo puedo observarlo en su grandeza. Me siento protegida bajo sus brazos y me consuela saber que siempre los tengo encima.

Me gusta ver que se ha vestido para la ocasión, como siempre hace: hoy era nuestra cita. Hoy, domingo. Hoy, último fin de semana en la tierra soleada y fresca, llena de flores, de brisas, de olas, de sentimientos, de sol, de gente; de libertad. Hoy, último fin de semana de verano. No hay solsticio aún, pero nos anticipamos a su llegada.

No me entristezco al cerrar una etapa, me alegro de haberla disfrutado y exprimido tanto como he podido. Además, siempre me ha encantado el traje de gala blanco de Cielo. Es tan elegante… tan denso y helador a la vez. Tan esperanzador y tan vacío. Tan prometedor y tan deprimente.

Es pacífico. Está en calma, como esperando a algo más. Y así se queda hasta que se me pasa la reflexividad: esperando. Supongo que a que yo le diga que se lo quite, que lo eche a lavar y se ponga algo más informal y más brillante. Que raro que a pesar de estar conmigo, no tenga  apenas ropa. Es tan dulcemente descuidado… pero yo le quiero.

Él es mi amigo.


sábado, 8 de septiembre de 2012

¿Qué es el miedo?

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El miedo es una de tantas sensaciones que producen escalofríos. Una de las grandes, de las que se viven (gracias a Dios) muy de vez en cuando. De esas que te llenan y te explotan dentro, que desgarran tus nervios y los envían refunfuñantes a darle golpes a tu corazón, te lo aceleran y lo desbocan en tu pecho.

El miedo es terror. El terror es pánico. Y, sea como sea, el miedo asusta. Te congela, te paraliza. No sabes cómo reaccionar ante él porque en raras ocasiones lo has sentido danzando dentro de ti. No sabes lo que es, no sabes cómo neutralizarlo, no sabes qué esperar. E incluso esa desconcertante espera, da miedo. Es un ciclo perpetuo que te recorre la sangre. Te pasas la vida luchando para no tener que hacerle frente al miedo, (pero no ese miedo buscado que se encuentra entre las butacas de los cines y entre los estudios de Hollywood, no), a esa clase de miedo que merece que lo esquives durante toda tu existencia porque es tan aterrador y desconocido que el simple hecho de encarártelo y encontrarlo en tus entrañas, congela.

Esa es otra… el miedo nunca viene solo. El mielo es maligno intrínsecamente. Cuando va a por ti lleva a sus colegas para intimidarte más. Está la estupefacción, el terror y el pánico, el frío, el desconcierto, la ofuscación, el aturdimiento y la desesperación. Esas malas compañías del miedo cumplen su acometido: lo realzan y acentúan. Te dejan K.O. con tan solo rozarte o pedirte el dinero del almuerzo.

Poniéndonos metafóricos podríamos decir que el miedo es el acobardamiento de la valentía, el desasosiego de los inertes, el desahogo de los depresivos, la aprensión de la testosterona, el horror de los dramáticos, la peor pesadilla del genoma X, la reordenación de tus neuronas en forma de S.O.S…

Podríamos decir que

El miedo es el pequeño cuarto oscuro en el que se relevan los negativos, la cobardía de los vivos hecha sentimiento.



domingo, 2 de septiembre de 2012

Mademoiselle's bedroom

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Escaleras arriba está su alcoba.

Es una estancia que habla barroco. Todos y cada uno de sus dialectos, que conoce su literatura y ama su estilo. Es una estancia que respira channel número 5, que se maquilla ante un gigantesco tocador iluminado con bombillas redondeadas por la Monroe, que filtra solo luz rosácea salpicada de destellos, mira solo tras unas lentes maxisize de diseño y que besa con un pasional carmín rojo cada esquina de su espejo.

Su esencia viste de Armani y de Dolce, (especialmente de dolce vita). Se enfunda en trajes de falda y tacones sesenteros, en profundos chapeaus beiges, en rizos ondulados al agua, gabardinas enlazadas y mocasines de charol camel. Va del brazo de Gucci y Prada a dar sencillos paseos por parques teñidos de verde y saluda con estilo y elegancia tras un fino guante de ante blanco.

Créanme cuando les digo que es una habitación maravillosa. Teñida de crema y rosas pálidas, de camafeos ovalados y marcos dorados. De sueños grabados en el techo a rotulador grueso y diáfano, de libros amarillentos de tapas cultas, de muebles blanco roto y sillones majestuosos mullidos en ideas. De vestidores reales y cordones gruesos para las cortinas clásicas, de relucientes ojos brillantes, adornados por enredaderas de cristal pulido; de diamantes inocuos (los mismos con los que Hepburn desayunaba cada día)

En las esquinas del dormitorio hay columnas enrevesadas en su propio enrevesamiento, talladas por ángeles sixtinos y difuminadas con soplos de perfección radial. Su belleza es tal, que para apreciarla has de hacerte el interesante y fingir que la has pasado desapercibida… ¡imagínense! ¡Una belleza vanidosa pero pura! Además, es una estancia musicalmente armoniosa, que lleva enredado en sus dedos un majestuoso arpa y un frágil y vintage tocadiscos que se dedica simplemente a coplar y versar sinuosos poemas a las musas clásicas, tan pálidas, etéreas e inspiradoras que infunden un inquebrantable patrón hermoso a sus elegantemente oxidadas melodías.

El ritmo pausado y gelatinoso del tiempo en esta estancia yo apuesto a que se debe a su irrefutable majestuosidad. El propio tiempo no quiere segundearse tan rápidamente entre sus cuatro paredes, así que le otorga una divina y perpetua juventud a cada una de sus fibras.

Es tan fantástica esta alcoba que cada mueble con repisa enmarmolada, cada biombo de mimbre ceñido, cada delicado rizo de caoba en su suelo, cada birrete decorativo nacarado, cada suspiro dinástico de su estilo y cada quilate de elegancia impresa en su silueta, podría ser descrito y versado aparte.

Oh, pero fíense de mi burda palabra si les prometo que la definición paralela de la cama de esta estancia podría elevarse a longitudes newyorkinas. Es simplemente demasiado especial para este mundo (aunque no por supuesto para esta sala)

Se estructura en cuatro postes altos enrollados en oro y sol, que sujetan una bóveda celeste privada en la que las estrellas estallan en terciopelo burdeos y la luna desaparece desmayada ante la bella y pulcra imagen de quien duerme bajo ella. El lecho plumoso del colchón y los edredones en invierno es solo comparable a la algodonada nubosidad de los hilos de azúcar, mientras que los almohadones son retratos almidonados de cada uno de los perfiles de la princesa de este paraíso.

Podría intentar explicarles también la magia de sus sábanas, bañadas en seda y salpicadas de perladas florituras, que son capaces de capturar y grabar (cual disco de vinilo) las miradas afiladas en marfil de los amantes enloquecidos que sobre ellas reposaron. Permanecen ocultas y solapadas bajo cada una de las puntadas con las que fueron tejidas, como recuerdos pomposos acumulados en una gran base de archivos solo disponible para la alguna vez co-lechora de éstos.

Es tal el encandilamiento que produce esta habitación… una calidez que te llena las ideas, te saca al balcón al disfrutar de un metafóricamente enamorado París, hace que te pongas anillos plateados y pedregosos sobre guantes a los codos, que te impide salir de ella sin un moño voluminosos y elegantemente cincelado o un collar perlado...que te ofusca la rudeza y exprime tu cortesía.

Que te prohíbe escabullirte en la noche sin antes entonar un cántico de disculpa por mancillar sus pulcros suelos y que te empuja a amarla como yo amo a su dueña.

¿Se imaginan siquiera cuán maravillosa ha de ser ella?



Disección en dulce


Estrujando mis entrañas extraigo coca cola y horchata.
De mi boca, a golpes, salen deliciosos smints de menta.
De mi cerebro brota un mix de lacasitos y fideos dulces de mil colores.
De mi corazón, caramelo líquido, delicado y pegajoso.
De mi estómago, kilos y kilos de maravillosa nutella.
Espirando con fuerza, directamente desde mis pulmones, comienza a salir nata montada.
Y de mis venas leche condensada teñida de cereza.
En mi tripa, reposa, además, un plato enorme de regaliz en rosca.
Me sorprendo al encontrar dentro de mis piernas rígidos bastones de caramelo.
Al descubrir que mis pies son en realidad crocanti en mazacote.
Y mis brazos flashes partidos.
Me doy cuenta de que mi exófago es disimuladamente una pajita de azúcar.
De que si me abrazas fuerte, notaras el bizcocho y las cookies que me forman.
De que mi ser es el espíritu rebelde de la gominola.
Y de que yo, en mí misma, soy una dulzura. J