El lalalá es nuestro ritmo
constante, al que baila y canta el pájaro de la habitación blanca y vacía en
nuestra cabeza, y al que le da vueltas el gato a su bola de lana. Me siento
afortunada de verdad de contar con un zoológico en el coco. Me ayuda a
centrarme. A centrarme en ser yo misma. Solo contigo sale mi lado rebelde. Bueno,
rebelde…yo diría más bien real. Mi realidad es rebelde por naturaleza,
entonces. Gracias por ayudarme a descubrirlo.
Tengo suerte de haberte
encontrado, de que nuestros caminos se hayan cruzado y de que nuestra locura se
nos haya contagiado. Me encanta la embriaguez con la que nos pasa la vida por
delante y ni nos enteramos. Me gusta reírme y me gusta más todavía verte reír a
ti.
Me inspiras, de algún modo. No quiero
decir que eres mi modelo a seguir, porque entonces acabaría hecha un
desastrillo… bueno, ¡es que TÚ eres un desastrillo!
Pero yo te quiero igual :) y creo que debajo de
esa cabecita de chorlito se esconde un gran hombre, que sé con seguridad que
aún tardará en darse a conocer. Te quedan por delante muchas estupideces que
hacer y muchas mamarrachadas que decir. Eres demasiado tú para madurar ahora, y
no quiero que lo hagas.
Sin embargo, quiero hacerlo yo a
tu lado, porque sé que tu influencia me viene de maravilla. Porque realmente me
siento feliz de tenerte en mi vida. Y, porque, ¿qué habría sido de mí este par
de 525.600 minutos? Este par de años que ya han pasado vertiginosamente. Espero
que haya muchos más, y que, en la distancia o en la vecindad, podamos contar el
uno con el otro.
Esto ya no se rompe, chatungi.
Por ti, por mí, y por nosotros.
(*resuena el clink clink de las
copas de champagne*)
Porque…
¡Somos los mejores!


.jpg)

