martes, 31 de julio de 2012

Lalalá

Somos diferentes. Somos espaciales. Somos y nos sentimos mejores.

El lalalá es nuestro ritmo constante, al que baila y canta el pájaro de la habitación blanca y vacía en nuestra cabeza, y al que le da vueltas el gato a su bola de lana. Me siento afortunada de verdad de contar con un zoológico en el coco. Me ayuda a centrarme. A centrarme en ser yo misma. Solo contigo sale mi lado rebelde. Bueno, rebelde…yo diría más bien real. Mi realidad es rebelde por naturaleza, entonces. Gracias por ayudarme a descubrirlo.

Tengo suerte de haberte encontrado, de que nuestros caminos se hayan cruzado y de que nuestra locura se nos haya contagiado. Me encanta la embriaguez con la que nos pasa la vida por delante y ni nos enteramos. Me gusta reírme y me gusta más todavía verte reír a ti.
Me inspiras, de algún modo. No quiero decir que eres mi modelo a seguir, porque entonces acabaría hecha un desastrillo… bueno, ¡es que TÚ eres un desastrillo!
Pero yo te quiero igual :) y creo que debajo de esa cabecita de chorlito se esconde un gran hombre, que sé con seguridad que aún tardará en darse a conocer. Te quedan por delante muchas estupideces que hacer y muchas mamarrachadas que decir. Eres demasiado tú para madurar ahora, y no quiero que lo hagas.

Sin embargo, quiero hacerlo yo a tu lado, porque sé que tu influencia me viene de maravilla. Porque realmente me siento feliz de tenerte en mi vida. Y, porque, ¿qué habría sido de mí este par de 525.600 minutos? Este par de años que ya han pasado vertiginosamente. Espero que haya muchos más, y que, en la distancia o en la vecindad, podamos contar el uno con el otro.
Esto ya no se rompe, chatungi.

Por ti, por mí, y por nosotros.
(*resuena el clink clink de las copas de champagne*)

Porque…
¡Somos los mejores!


domingo, 22 de julio de 2012

Defunción solar

El mar está extraño, ruge como una bestia dormitante en las profundidades de la oscura playa. Grita, desperezándose, reclamando la atención que solo le proporcionan los borrachos, seres inmunes al gélido aliento que desprende a estas horas de la madrugada. Es raro mirarle y no ver nada, solo percibir el vaivén de sus eternos valls con la luna.

La arena está fría. Se siente ajena a la fiesta que se han montado los destellos en el paseo y al ardiente baile de la mar con los astros. Está sola, sumida en la oscuridad mientras sus granos se abrazan entre sí en silencio, esperando las miles de pisadas que los aplastan reconfortantemente cada día.

La espuma se siente viva, burbujeante entre la penumbra, disfrutando del movimiento que la mece con delicadeza. Se crea en cada onda, es conducida a su fatal destino y desaparece, finalmente, estampada contra la orilla húmeda, esa malvada superficie que explota sus millones de pompas latientes haciéndolas desaparecer en la inmensidad de la playa. Arañan sus límites, luchadoras: no quieren morir, pero sus esfuerzos solo consiguen imprimir en la arena su marca personal, el círculo corrosivo que indica su efímera existencia.

Las olas se sienten utilizadas por la luna. Su influjo les produce una tirantez extrema, el desencadenante del caos en sus partículas. No descansan, pues no cesan los esfuerzos de la estrella por dejarlas dormir en paz. Están irritadas y agobiadas, y para colmo, la sinuosidad de su braveza es ignorada cuando cae la noche. Obviadas y usadas, desaparecen queriendo no volver a aparecer nunca.

Todos  los presentes ignoran la gravedad de lo que acaba de ocurrir, inmersos en sus proios y vanales problemas. No saben que su naturaleza ha cambiado para siempre, que hay algo que ha modificado la ruta del destino. Algo trágico:

-El sol ha muerto –sentenció la aurora-.


Fallecieron sus ganas de brillar y se dejó llevar por la estúpida gravedad que suele arrastrarlo  cada día, pero esta vez para siempre. Dejó viuda a la playa y huérfanos a los nocturnos. Dejó como una tonta a su amante, la noche, que le esperó despierta en vano. Agotado, rodó por el abismo, llegando a su tumba oriental, donde ahora sangra manchando de luz roja el continente asiático. Quién sabe si un tempestuoso pacífico podrá resucitarlo acogiéndolo entre sus aguas…

Y yo, estoy sola, llorando la pérdida. Mi acompañante marchó a lejanas tierras del norte cuando se dio a conocer la noticia. Sospecho que esa fue la causa de la muerte. Él salió de sus dominios y el Sol encontró inútil brillar si no era para alumbrar sus bellos ojos y su gracioso pelo. Se suicidó ensartándose en las altas montañas del horizonte, antes de caer en el crepúsculo eterno. El mundo se quedó de luto con su partida y el cielo se vistió de negra oscuridad, ajeno al hecho de que nunca más podría arrancarse los lúgubres ropajes.

Me quedé en la playa, tumbada y meditabunda, incapaz de creer que tanto mi amado como el Sol habían desparecido de mi vida, 
para siempre.

Descansa en paz.


domingo, 15 de julio de 2012

¿¡Estás tonta!?


Pero...pero...¿qué narices haces? ¿no te das cuenta de las vueltas que le das al enredo?

¿No eres consciente del daño que produces con tus delirios de grandeza? ¿quién te crees que eres para andar así por la vida, haciendo y deshaciendo la vida como si de tu séquito se tratase? Eres retorcida. Eres negligente. Eres fría. Eres rara y maquiavélica.

Sí, eres muchas cosas, pero ante todo eres egoísta. Mucho, muchísimo. Te falta empatía, te falta visión. Estas cegada por tu bienestar y a pesar de lo que muchos digan eso no es inteligencia: eso es maldad. ¿Cómo te atreves a jugar así?

Las reglas de la partida las modificas a tu antojo, sin democracia, sin derroques. Injusticia. No mereces el trono del reino. No te lo mereces. Ni a él ni a nadie decente que se haya acercado a ti nunca. Por eso se van todos, poquito a poco. O si no, eres tú quien les echa. Tú y tu alter ego. Tú y maldita inseguridad.

¿Por qué los alejas? Tiene razón, es ilógico. Aunque quizás sí que necesites estar sola al fin y al cabo. Igual un baño en lágrimas ajenas te hace empaparte de un poco de humildad, que va haciendo falta. Es que no aprendes ni con esas.

Serás estúpida…me desprecias. Me das asco. Ni cuando lloras das lástima.

Yo te veo como de verdad eres, mi inconsciente no libera endorfinas al abrazarte. Yo no te quiero. No estoy enamorada de ti ni siento aprecio. Esa es la diferencia. A mí se me cayó la máscara hace ya muchos años.

Me has ignorado, me has ocultado, has querido simular que no me oías…y mira lo que has conseguido. El caos. Has forjado una personalidad sobre la nada que moldeaste. Has creado a alguien inexistente, falto de principios, que se cree superior porque es diferente pero que en el fondo es tan igual a todos los demás que te da asco admitirlo., y por tanto, te das asco a ti misma, me das asco a mí.

Y, ¿sabes qué? Al final le acabaras dando asco a todo el mundo. Porque es lo que te mereces.



Serás gilipollas…


martes, 10 de julio de 2012

Sin remedio

Perdí el cielo después de tantas vueltas sin sentido. No supe averiguar donde había de posar mis pies y donde habría de mirar si quería ver el sol. Fue horrible estar tan desconcertada, tan perdida y sin un exterior definido, mientras que en mi interior se libraba una intensa batalla entre mis sentimientos, completos y rebosantes, que conseguían escaparse de mi cabeza huyendo camuflados en mis lágrimas. Supongo que así es la vida.

Unas veces se rueda descontroladamente abismo abajo y otras uno se establece firme ante el acantilado, y por mucho viento que haga, por muchos susurros sinuosos y tentadores que se escuchen, permanece allí, quieto y decidido cuán témpano helado.

Llegó el momento en el que no supe establecer un arancel a mis emociones y les perdí la cuenta: no supe cuántas entraban y cuantas salían. Y entonces, me volví loca. Se me fue arrebatado el poco control que aún tenía sobre mi eje de giro y caí en la cuenta de que todo había cambiado.

De que lo nuestro había cambiado.
De que yo había cambiado.

...Y de que todavía no me he atrevido a descubrir cómo.