martes, 26 de junio de 2012

Directamente a tí


El momento del “No digas nada” en el que te quiero decir todo...
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Al separarme de tus labios pensé. Pensé en todo. En todo aquello que me dijiste. En todo, sin metáforas dramáticas ni adjetivos ideales. Me hiciste replantearme aspectos de mí misma que tenía descuidados. Y llegué a conclusiones que me han destrozado por dentro. Creo que ahora es el momento en el que te llamaría por teléfono llorando, ese momento que prefieres no pasar. Verte a ti de cerca ha hecho que me mire yo, y eso me ha sentado mal. Porque me he dado cuenta de porqué me siento inferior, ya que hasta ahora no tenía respuesta. Y es porque te veo tal cual, y ese tal cual tan me deja ensimismada. Porque me estoy enamorando. Porque ese tal cual que he visto implica que este no es otro “amor” cualquiera y algo ciego. Implica que te conozco, que he visto todas tus facetas y que aún así, me pareces perfecto. Porque tengo miedo. Porque por eso no quiero perderte, pero me asusta quererte tanto y no querer que te separes de mí nunca. Me asusta la intensidad de mi miedo.


Y supongo que eso que no quieres compartir nos separa. Cuando noto que deliras y te me escapas también te separas. Nos separamos y supongo que eso conducirá a perderte. Por eso acabo comiéndome la cabeza, porque si te separas y por consecuencia te pierdo, se me rompería el corazón. De verdad y por vez primera. Todo lo dicho anteriormente es solo una milésima parte de lo que sucedería si desaparecieras. Me siento inferior porque en el fondo soy totalmente vulnerable. Y odio serlo, pero lo soy continuamente. Por eso me escondo. Por eso no te cuento o no cuento, en general, mis problemas. Ni siquiera es consciente. No lo hago porque son tan graves que ni siquiera sabría cómo describirlos, porque ni siquiera están del todo identificados. Se mezclan en mi personalidad y en mi base como persona. Y la raíz de que descubrir todo esto me haya sentado tan mal, es que me he dado cuenta de que yo no he cambiado. No he pasado por esa fase de la que hablamos. Las modificaciones que he hecho en mí a lo largo de los años han sido totalmente superficiales comparadas con el nudo que tengo que deshacer. No sé si soy lo que intento aparentar o si simplemente lo intento aparentar porque odio como soy en realidad. Me siento perdida. Soy vulnerable e insegura en mi misma de tal manera que lo escondo hasta que se me olvida que es real. Y esa mentira quedaría destapada si te contase mis problemas, lo cual significaría mi autodestrucción instantánea y mi derrumbamiento.

Es todo jodidamente paradójico.

Me molesta no haberme analizado antes, es más, haberlo hecho y haber concluido con un “está todo bien”. Analizarte a ti ha hecho que me replantee como me analizo a mí misma y como estoy llevando mi vida. Mi verano de cambio ha de ser este verano. 

Sé que me has pedido que no modifique mi carácter, pero es que eso es precisamente lo que hace falta. Mi problema es tan profundo que tengo además que superarlo sola. Yo soy el problema.
No mi actitud, ni mis actos, ni mis ideas. Yo en mi misma, el concepto de mi ser. Siento que en el fondo lo tengo definido, pero que yo me he quedado atrás. Atrás mientras mi cuerpo y mi vida avanzaban. Quizás me falte una parte del I & I, o quizás influyan factores externos.

De todas formas, me he quedado hundida en la miseria. Sé que prefieres no saberlo, y yo también prefiero que no lo sepas, no compartir ese vínculo tan fuerte de momento, supongo que somos jóvenes e inestables para esa clase de relación y que acabaríamos demasiado perjudicados… que no quieres depender de una persona tanto como para abrirte del todo.

Pero yo ya lo he hecho… por eso este es un intento inútil de tirar la piedra y esconder la mano. No quiero contártelo pero quiero que lo sepas. No quiero agobiarte, pero te quiero.



No hay comentarios:

Publicar un comentario