lunes, 18 de julio de 2011

Poesía de cosecha propia

Cada segundo que miro tus ojos
se me escapa el mundo.
Si no te tengo, yo siento que me hundo.
Te quiero besar.
No puedo vivir
en la soledad que me queda sin ti.

Pero yo estoy bien.
No sufras por mi.
La vida da muchas vueltas,
conseguire sobrevivir.
Sueña con que tuvimos algo especial:

Un amor que no se apaga.
Un amor que perdura.
Un amor que por ti suspira.
Un amor que te busca.

Y finalmente,
fuera de tus fronteras pensaré
en aquello que un día pudo,
pero que nunca fue.

"Roman"

Me miró. Le miré. Nos miramos y nos sonreímos. Fue un momento muy especial. Muy corto, pero especial. Deducí que esa fugaz mirada expresaba mucho más de lo que aparentaba, más que una simple despedida entre compañeros. Pareció que en ese mismo instante surgieran de nuestro interior nuevos sentimientos que aún no habíamos asimilado. Fue un “hora me voy, pero no te creas que esto acabará aquí. Quiero más de ti”
Me inundó esa sensación de tener mariposas en el estómago que tanto mencionan en las películas; ¡Existe de verdad! Me sentí guapa por unos instantes y fue como si pudiera comerme el mundo estando junto a él. ¡Y no lo conocía casi de nada! Eso era lo peor. Sabía de sus hazañas y de su buena fama. Le había visto reírse y ser bueno en clase durante mucho tiempo, casi dos años. Había visto también como sus notas iban mejorando y como su pelo se enredaba en sus bolígrafos, de forma rebelde, cada vez que estaba preocupado por algo. Estuve observando como nunca se pasaba de la raya y ponía siempre esa cara de bueno delante del tutor.

Le miro de reojo una vez más, (como llevo haciendo todo el día) antes de perderle de vista hasta el curso que viene, en el que espero que me toque en clase con él. Aunque nuestra relación solo sea cordial y amigable y no seamos íntimos ni tampoco hablemos demasiado. Aunque no implique nada que se salga del ámbito escolar y alguna bromilla suelta, nada demasiado relevante, quiero compartir otro año más estando seis horas al día bajo el mismo techo. ¡Él es muy simpático!

Ahora, se aleja ajeno a mis pensamientos y a mis deseos de intimar; después de ese dúo de miradas. Camina despacio por el paseo de las baldosas rojas, el que da a la puerta de salida, como intentando estirar el momento, o disfrutarlo. Nunca me había fijado en como camina… y la verdad es que me gusta, porque lo hace con personalidad, levantando a veces demasiado el pie derecho. Es extraño, pero aún así, me gusta.

Mientras que yo le sigo con la mirada reflexionando sobre su forma de caminar, de repente se gira con una bonita sonrisa dibujada en su cara, como si supiera que le estaba mirando. En ese momento, me doy cuenta de que, al igual que yo, en el trayecto que llevaba recorrido no había parado de pensar en mí. Ahora sé que quiero más de él. Quiero conocerle y quiero enamorarme. Le quiero.

De momento, tengo un verano entero para pensar en mi siguiente paso.

viernes, 15 de julio de 2011

¡Qué palabras más sabias!

 "Cuando adviertas que para producir necesitas la autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un sacrificio personal, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte que tu sociedad está condenada."

Ayn Rand,
La rebelión del atlas 


nuestra sociedad y sus fallos patriarcales

Adoraría regresar. Volver a esa época en el que la única responsabilidad que tenía era no dejarme el bocadillo por las mañanas en casa, en el que el peor insulto era “tonto” y en el que la única amenaza existente era el “me voy a chivar”. 
Sería genial ser un niño de nuevo ¿no creéis?
Aunque ahora mismo dirán que no me separo tanto de lo que algunos entienden por niño, os aseguro que ya empiezo a comprender lo que es el mundo real. Y la verdad es que no me gusta. No me gusta nada en absoluto.

Odio la sociedad. ¡La odio con todas mis fuerzas! ¿Por qué tiene que ser así? ¿¡Por qué!? No soporto el patriarcado existente en mi país. No soporto tener que tragarme en cada telediario como mínimo cinco minutos sobre el panorama futbolístico MASCULINO (como no) mientras que quizás el equipo femenino español de vóley ha logrado clasificarse. Sí, admito que hay muchas mujeres interesadas en el fútbol, y me gustaría dejar claro que yo no tengo nada contra él, pero sí contra el hecho de que lo sobrepongan a otros aspectos culturales porque sea “el deporte oficial” o el más querido por los hombres. ¿Nadie ha pensado nunca que quizás nosotras estaríamos más interesadas en otros deportes? ¿Y si lo estamos y no podemos informarnos porque los escasos minutos de las noticias están rellenados con fútbol? Pongo el fútbol como uno de tantos ejemplos.

¿Qué decís, ya que estoy en deportes, sobre el toreo? Aparte de recalcar mi tremenda repugnancia hacia esta actividad y de clasificarla como tortura animal, quiero expresar mi desacuerdo con que solo toreen hombres. Sí, hay muchas mujeres que lo intentan, de nuevo hay excepciones, pero yo con mis oídos escuché el otro día como un comentarista de la radio se quejaba de que intentasen introducir a las mujeres en este ámbito y también en el automovilístico. Este personaje decía y recalcaba que “hay actividades hechas para hombres, en las que no pueden participar las chicas. ¿No ven que ellas no saben de qué va el asunto?”
¿Qué os parece? Por favor, pensarlo con calma. Es cierto que este comentario es algo “radical” pero si reflexionáis sobre ello, resume muchas características de la sociedad actual.

La mujer ha tenido siempre el duro papel de esclava, tanto doméstica como sexual, obteniendo un papel normalmente de sumisión ante el hombre. Mirad esas madres que vivían por y para su marido y sus hijos. ¿Qué él llegaba cansado? Que no se preocupara, que allí estaba ella para tratarle como a un marqués y, si fuese necesario, dejar que pagase con ella el mal día que había tenido. No hablemos ya de las culturas orientales en las que se impone el uso de velo, para “reservarse únicamente al marido” Marido que, proba- blemente, tuviera unas cuantas esposas más. Gracias a Dios que ya ha cambiado la situación. No demasiado, pero algún avance ha tenido: cada vez hay más mujeres que triunfan por su cuenta, que dejan el hogar y salen al mundo laboral aportando a la sociedad nuevas y renovadas ideas. Cada vez son más las mujeres que se encargan de trabajos que en su día fueron “para hombres” como autobuseras, bomberas, policías… Incluso ahora podemos utilizar el apellido de nuestra madre en vez del de nuestro padre.

A mí, esto último me parece estupendo. Si es cierto que casi no importa, que es tradición y que no suele tener demasiada relevancia. Pero, es un pequeño gesto que en mi opinión mejora la sociedad. Han logrado darnos al posibilidad de modificar un pequeño acto que encierra en lo más profundo de su ser machismo y patriarcado, injusticia, y les aplaudo por ello. Pero, a pesar de hablar de los avances (que existen y que son admirables) también puedo lamentablemente poner más ejemplos de desprecio hacia la mujer, además, hablando en características generales del panorama actual, quiero decir, que no son casos aislados. ¡Esto pasa prácticamente siempre! Aquí os dejo algunos, y os invito a reflexionar sobre ellos. Puede sonar tremendista y feminista total, pero yo ante eso solo tengo una cosa que decir: el feminismo no defiende el matriarcado, como algunos han hecho creer maliciosamente, defiende la IGUALDAD, y por eso yo me declaro orgullosa y abiertamente feminista.
Bien, metámonos en materia cuanto antes que os enfriáis :)

Fijaos en esos aparatos electrónicos rosas (por cierto el tema de los colores va también aparte) y mega fashions que nos venden especialmente a las mujeres o a las chicas, mientras que ellos tienen especificados productos que son máquinas “complejísimas” y, para nosotras, “difíciles de entender”. Bien, de nuevo está la cuestión de que somos libres de comprar lo que queramos pero, ¿por qué nos destinan única y exclusivamente productos tan empalagosos cuando, por poneros un ejemplo, solo el 9% preferimos el rosa? ¿Es que acaso nosotras no apreciamos la calidad, el tamaño de la memoria, el tipo de pantalla….etc. y, al contrario, nos fijamos SOLO en el aspecto? ¿O es que quizás se piensan que somos más tontas y nos lo tienen que poner todo sencillito? Además, estas decoraciones y estas “características especiales” suelen ser una bonita excusa para inflar el precio. …Encima hay que pagar más… Porque diréis muchos: “entonces, ¿por qué se venden tanto estos productos?” y seguramente veréis esta pregunta como el cabo suelto de mi reflexión. Pero no, el caso es que hay respuesta para esto: nosotras sí que apreciamos el diseño, pero recalco que no es lo principal que buscamos en cualquier aparto y que, por tanto, podrían preocuparse también por las características internas.

Metámonos en el mundo algo más adolescente, en esta moda de enseñar la mitad de los calzoncillos. Todos lo vemos y solo algunos lo aceptamos, es más, hay muchos a los que les gusta. Pero, ¿y si somos nosotras las que vamos enseñando las bragas? A algunos salidorros les gustará :P y mi sincero respeto!! Jajaja pero, muchos otros y quizás la mayoría tacharían a la chica, tristemente, de guarra. Y no hablemos ya del sexo… que no quiero cuestionar por qué un hombre que se acuesta con varias mujeres es un Señor Todopoderoso y una mujer que lo hace es una puta (…)

Sigamos. También nos tacharían de cualquier otra cosa si fuésemos nosotras las que nos sentásemos abiertas de piernas o las que nos rascásemos y eructásemos, como hacen algunos, y recalco lo de algunos, porque no es justo meter a todos los hombres en el mismo saco.
En este asunto no pido que pudiésemos hacerlo nosotras (creo que a veces es una falta de educación). Además, tenemos a chicas que lo hacen y son tachadas de marimacho… aunque sigo pensando que, por muy mal que esté, deberíamos tener igualdad en esto también… La verdad es que aquí creo que la solución no sería ver eso en normal en todo el mundo, si no exigir que ellos también tuvieran que preocuparse por sus formas. ¡No tenemos que ser nosotras las que seamos cuidadosas siempre! Ya lo somos en cuanto a depilarnos, maquillarnos, combinar la ropa, matarnos los pies con los tacones… y no me digáis aquí que lo hacemos porque queremos, porque podríais replicar que si no fuésemos depiladas sería un poco asqueroso; pero automáticamente saltaría el resorte: vosotros no os depiláis y nadie dice nada. Si es asqueroso ver nuestras piernas peludas, ¿por qué para vosotros es masculino? Y un detalle más, ¿por qué somos nosotras a las que se les ha asociado el pelo incómodamente largo y siempre peinado? Trenzas, coletas moños, diademas, lacitos… Mientras que los hombres disfrutáis de la comodidad y la frescura del cabello corto y la despreocupación por peinároslo: un poco de gomina y listo y a veces, ni eso.
Porque lo de ser “femeninas” ya lo tenemos demasiado asumido… pero, a lo que quiero llegar es a porqué tenemos que serlo y que significa realmente.

En cuanto a lo primero, ¿quién puso las normas? ¿Quién dijo que nosotras deberíamos cuidarnos o ser más quisquillosas con nuestro aspecto? De nuevo la respuesta es fácil: la parte patriarcal de la sociedad. Antiguamente las mujeres se arreglaban exclusivamente para los hombres o más bien, para sus maridos. Porque ellos exigían y más o menos exigen que nos aclimatáramos nosotras a sus exigencias para poder gustarles. Y ahora tampoco se aleja tanto de ese propósito, o si no ¡a ver porque siempre salimos arregladas a la calle! ¡Por qué si no cuidásemos los detalles, nos quedaríamos compuestas y sin novio!
Es la verdad, la triste y profunda verdad. Y respecto al qué es exactamente… yo me pregunto por qué se nos ha dado a nosotras el papel de osos amorosos tiernos y sensibles (que es una pequeña parte de lo que se entiende por ser femenina). Aquí solo os animo a imaginaros…: ¿qué hubiese pasado si a nosotras se nos hubiese dado desde un principio el papel de duras? ¿qué sería del mundo? Es divertido pensar en la respuesta.

Bueno, llegados a este punto me parecería importante hablar de la Iglesia. Sé que es un tema algo escabroso y que pocos se atreven a meterse con esta institución. Pero la realidad es que es básicamente patriarcal. Y hay varios ejemplos: la mujer fue creada a partir de la costilla del hombre: ya desde el principio fuimos creadas tomando como molde al “macho” ¿no os parece esto ya una suposición de sumisión o respeto hacia el hombre? Y yo me pregunto, ¿por qué no fue al revés?
Otro ejemplo clarísimo es la imagen de Dios. Es una imagen masculina y, si os ponéis a analizar, no hay demasiadas religiones importantes que sigan a una mujer, es más me atrevería a decir que no hay ninguna. Pero, metiéndonos en el cristianismo, si Dios creó a los humanos (hombres y mujeres) a su imagen y semejanza, ¿qué pasa, que Dios es hermafrodita? xD Siento tener que hacer este chiste tan malo, pero esto se estaba poniendo demasiado serio. De momento vamos a dejar este temita apartado, que es bastante peliagudo.

Mirad, si es que ¡hasta la propia naturaleza es algo machista!
Somos nosotras las que tenemos que albergar al embrión, tirar con él y soportar su peso, aguantar los vómitos los mareos y, como no, el parto, con sus contracciones, sus dilataciones y todo lo demás.
Somos nosotras las que tenemos que cargar toda nuestra vida con dos incomodas masas de carne que están ahí solo para la lactancia y que peesan y peesan y bootan y bootan.
Somos nosotras las que tenemos que vivir con el periodo y tenemos que soportar la de problemas que eso conlleva. Y todo, para albergar al bebé.

Esto me hace pensar que, triste, carnal y básicamente, somos máquinas de hacer niños. Nuestro cuerpo está supeditado durante toda nuestra vida al embarazo. Y además, ¿No es injusto que tengamos que hacerlo casi todo nosotras? Porque vuestra parte, por cierto, mucho más sencilla, siempre os proporciona placer… y a nosotras siempre, siempre… pues no, por todo lo que he dicho antes. ¡Qué horrible y frustrante sería que desde un principio a nosotras nos tocase el peor papel, el que está por debajo! (…) Porque, según esto, es lo que parece.
En conclusión y resumen a esta entrada algo pesada y llena de subjetividad, solo os pido que penséis ahora seriamente sobre como llevamos nuestras vidas y sobre como dejamos más bien que los aspectos de la sociedad la lleven. Porque estamos dando por hecho muchas cosas y estamos asumiendo y resignándonos a aceptar los lugares de cada uno en la sociedad. Pero, si estáis de acuerdo conmigo, podréis ver que esa suposición de papeles, a veces, perjudica a muchos.

jueves, 14 de julio de 2011

Reflexión sobre la vida!!

A pesar del título y de como empieza, merece la pena leerlo. Son consejos para que podamos vivir más felices y sepamos aprovechar cada experiencia. Sé que el que creo este vídeo, era de los míos. A mí me ha encantado y espero que a vosotros también.
PDT.: hay que esperar un rato para que aparezca.

miércoles, 13 de julio de 2011

Reflexión: ¿qué demonios hace nuestro cerebro mientras dormimos?

¿Qué son los sueños? ¿Acaso alguien lo sabe? Dicen que el subconsciente los produce, pero ¿Cómo es posible que en muchos de ellos se reproduzcan nuestros mayores deseos? A veces, ni siquiera somos conscientes de que lo que sale en ellos es lo que realmente deseamos, se anticipan a nosotros, a nuestra inteligencia. A veces sueñas con alguien y entonces te das cuenta de que realmente quieres a esa persona, por ejemplo. ¿¡No es increíble!?

Es difícil saber qué son exactamente o por qué se producen (aquí carecemos de conocimientos científicos ;P) pero podemos permitirnos divagar sobre ellos:

Me gusta imaginar que los sueños son predicciones o recuerdos; imágenes que nos hablan del futuro o del pasado, o más bien, de lo que queremos que pase en el futuro y de lo que más nos ha gustado del pasado. ¿Quién no ha soñado con besar a esa persona especial o con la cara de algún abuelo que ya no está? Deseos y sueños, en mi opinión, están estrechamente relacionados. Los sueños nos gustan porque normalmente expresan fantasía, situaciones que quizás nunca podremos vivir. Nuestra mente nos concede el placer de experimentarlas, aunque sea mientras dormimos. ¿O es que no amáis la sensación de haber pasado el mejor día de vuestra vida? ¡Aunque no sea real! Imaginar es increíble. Y soñar, lo es aún más, puesto que nosotros no le decimos a nuestra mente que sueñe cosas bonitas, nuestra mente lo hace por nosotros. Es como si nos hiciese un regalo o nos diese un premio de consolación.

A veces, también me encanta pensar en otra hipótesis: los sueños son creados por aburrimiento. Sí, sé que suena a tontería, pero las hipótesis no tienen por qué ser coherentes… por lo menos en mi blog ;) Continúo. Sería posible que, por la noche, al estar parado, sin tener en que pensar, nuestro cerebro se pusiese a crear, como los artistas. Esto explicaría por qué solo soñamos en algunas ocasiones: nuestro cerebro no está inspirado todas las noches. Suena ridículo, pero sería fantástico que fuese real, que nuestro órgano primordial tuviera “mentalidad propia”.

Bueno, creo que quizás hoy estoy delirando un poco. Pero antes de acabar, aún hay otro asunto que me ronda la cabeza: si depende de cómo se mire, podría decirse que los sueños son un “regalo” de nuestra mente, (según mi primera hipótesis) dejo otra pregunta en el aire y prometo reflexionar sobre su respuesta:

¿Qué son las pesadillas?

Relato: Quemaduras

Mientes. Y lo sabes. No hay más agonía en el mundo de la que me produce tu mentira. Y me duele. Me duele ser así de susceptible y caer en tus manos del modo en que he caído. Me siento estúpido y avergonzado y quisiera tirarme al vacío, desde el edificio más alto, para conseguir desplegar mis alas por fin y salir volando de esta ciudad tan horrible, de este mundo que tú posees. Aunque sé que si lo hiciese, acabaría contra la acera, puesto que soy incapaz de imaginarme un sin ti y contigo soy incapaz de imaginar cualquier otra cosa. Me ahogas. Pero te quiero.

¿Y ahora me mientes? No te entiendo. Todo estaba bien, ¿por qué me haces esto? Dices que es un mal momento, que no soy yo, que eres tú. Que típico. Sabes que no es verdad y deseo gritarte a la cara que sé que es por ese estúpido.

Abre los ojos, él no te quiere, al menos no como yo lo hago. Estoy seguro de que serás más feliz conmigo, que él va de flor en flor y no va a saber aprovechar una rosa tan hermosa como tú. Te necesito, no quiero que sufras, y sé que a su lado acabarás haciéndolo. También sé que no me lo perdonaré. Me echaré la culpa por no haberte retenido a mi lado y por haberte dejado ir con semejante monstruo.

Pero en vez de decirte todo lo que siento, de dejarte claro que te quiero con locura, me callo, asiento y te digo las únicas palabras que no querría decirte en toda mi vida: “Está bien, no te preocupes, te entiendo…” Pero no lo hago.

Ahora soy yo el que miente, pero no conseguiré retenerte y dudo que hubiese merecido la pena si quiera intentarlo. Así que finalmente te marchas y yo te dejo hacerlo. Ahora soy yo el estúpido. Ahora soy yo el que se va corriendo buscando un consuelo que no encontraré, ya que tú no estarás a mi lado.
Pasa un tiempo y el reloj sigue corriendo. Hoy hubiera sido nuestro aniversario. Me siento vacío y recaigo en tus redes de nuevo. Yo, que ya había conseguido olvidarte… o más bien logré mentalizarme de que te había olvidado.

Y allí pasas tú, prendada de su cintura. Le sonríes con dulzura y él… él te devuelve una obscenidad. Yo te hubiera dado mi mejor beso pero a cambio ahora mira lo que consigues. Yo te hubiera abrazado con todas mis fuerzas, pero observa lo que te has ganado.

Estás peor. Y se te nota. Cada día más. Ese tío te consume, te arranca tu energía, que era lo mejor que tenías. Sufres, pero parece que no te des cuenta. Tus amigas no te advierten, ¿seguro que son tus amigas? Agachas la mirada, pasiva, te alejas de tu principios ¿por qué lo haces? Tú eres especial, ¡no dejes de serlo por él!

Entonces sucede. Tú le das un abrazo a tu mejor amigo y él lo ve. Se acerca enfadado. Te coge del brazo con fuerza. Encima es celoso y posesivo. Sabía que acabaría así. Te aparta, os apartáis, pero yo me acerco con cuidado. ¿Qué pretende? Os observo cauteloso. Veo cómo te grita. Le miras avergonzada ¡Tú no has hecho nada, cariño! Te grita de nuevo y agita las manos con furia. Murmullas algo que no oye y te obliga a repetirlo, vas subiendo el tono de voz y, cuando por fin te escucha, te agarra, te gira y te aprisiona contra la pared. Muy de cerca, te amenaza con la mano y la cara llena de furia. Estoy atónito ¿y tú le dejas? Susurras algo con miedo y él se sorprende. Al momento reacciona y te da una bofetada con todas sus ganas.

No lo aguanto más, no soy dueño de mí mismo, no soy responsable de mis actos. Me encamino hacia ti a prisa y le doy un puñetazo con tanta fuerza que mis nudillos sangran. Lo repito varias veces. Tú gritas, me arañas el corazón con tu voz, pero lo he hecho por ti. Él no se mueve. Está herido. Tengo miedo, pero por dentro sé que he hecho lo mejor para ti y es lo que más me importa. Sigue sin moverse. Tú te agachas sobre él y me dices que no respira, a pesar de todo le abrazas mientras lloras. Me gritas algo, pero yo solo te veo articular. Todo se nubla ¿Pero qué he hecho?

Relato de Terror: Poco a poco


Cada vez me costaba más concentrarme en aparentar normalidad y seguir caminando con ese sonido jadeante a mi espalda. Sabía que tenía alguien detrás de mí, pero no me atrevía a girarme para descubrir quién era. Se me ocurrió salir corriendo a la menor oportunidad, pero los tacones me lo impedían y me molestaban; y mucho. ¿Darle esquinazo? Era una posibilidad. Además, la oscura y cerrada noche que se cernía sobre nosotros podría ayudarme a refugiarme de aquel desconocido que llevaba ya un buen rato siguiéndome. Quizás simplemente seguía el mismo camino que yo, pero según donde me encontraba, me resultaba improbable, por no decir imposible esa posibilidad. Cada vez me estaba poniendo más nerviosa y estaba más intranquila. Esta situación me superaba. Lo he visto en muchas películas, pero vivirlo es aterrador. Chica sola en una noche oscura y con tacones, nadie alrededor: presa fácil. Aunque sé defenderme perfectamente… me dio miedo no ser capaz de hacerlo. Me temblaban las piernas y el sudor frío empezó a recorrerme la frente. Aquello me daba escalofríos.

De repente, vi mi salvación en un antro mugroso de la calle de al lado. Por lo menos, era mejor que seguir caminando sin rumbo alguno en aquel horrible lugar desconocido. Me apresuré a agarrar el manillar y al entrar me di cuenta de que había sido peor el remedio que la enfermedad. Aquello era una concentración de perros babosos en su hábitat natural: rodeados de bebida. Marcas, señas, miradas, desorbitados ojos… Me sentí fuera de lugar y en peligro. Fui a darme la vuelta para salir por donde había venido y me encontré a mi perseguidor de frente. Tenía una de esas repugnantes cicatrices que ocupan toda la cara. Fue lo único en lo que pude fijarme.

Tiré los tacones, le di un puñetazo y eché a correr. Mi fuerza no era sobrenatural, así que no tumbé a mi contrincante, como me hubiese gustado. Mientras corría, al instante noté que aún me seguía, pero él solo caminaba despreocupadamente. Parecía totalmente seguro de que me acabaría cayendo o agotando y que entonces solo tendría que acercarse lentamente hasta mi. Me desgarró el pánico cuando vi lo que sacaba de su chaqueta: era algo brillante, con un filo y entonces supe que era un cuchillo. Me imaginé lo que me haría si me cogía, así que corrí más y más rápido, jadeando del esfuerzo y con los pies ensangrentados de caminar sobre lo que para mí eran afilados cristales.

Doblé una esquina convencida de habérmelo quitado de encima, pero de entre las sombras surgió su brazo, que se me paso por delante del pecho y me acercó su amenazante cuchillo a mi delicada garganta. Sin ni siquiera darme cuenta me clavó una jeringuilla en el brazo. Aunque intenté zafarme de ella en un auto-reflejo, solo conseguí levantarla de mi piel unos instantes, pero no fue suficiente. Y entonces, todo empezó a nublarse hasta que solo vi sus zapatos a la altura de mi cara; me había caído al suelo. Estaba consciente pero no era ya dueña de mi cuerpo, no podía moverme. Aquello que me hubiese inyectado me había dejado en un estado parecido al coma, pero, para mi desgracia, yo sentía y veía todo lo que estaba sucediendo. Me llevó a una jaula de cemento, o a lo que otros llaman casa, y me tumbó y agarró con cinchas de cuero a un horrible objeto que no supe distinguir lo que era. Algo parecido a una cama, supongo. Y entonces recé por no sentir nada de lo que empezó a hacerme. Con la punta del cuchillo realizó incisiones pequeñas, poco profundas, pero lo suficientemente dolorosas para haberme hecho gritar y llorar de dolor, si hubiese podido. Aquello era lo peor: tenía impuesto el contener mi sufrimiento, a sentirlo por dentro como algo que me va devorando poco a poco. Aquellas incisiones eran como mordiscos brutales a mi alma. Me hubiese gustado desmayarme pero ni siquiera tenía el lujo de no sufrir mi muerte, porque estaba segura de que aquello sería mi fin.

Como en buen drama mi vida pasó ante mí: mi familia en la pasada cena de Navidad, mis amigos celebrando mi cumpleaños hace ya bastante tiempo…

Era horrible, ¡horrible! Aquellas punzadas me hacían sangrar y había ya tantas que todo mi cuerpo estaba ensangrentado. Estuvo así casi una hora entera. Aquel ser disfrutaba con mi sufrimiento, se reía cuando mis pupilas se movían desesperadamente y se nublaban intentando producir inconscientemente lágrimas. Era insufrible, aunque mi semblante serio no reproducía el sentimiento que me inundaba por dentro y que hacía latir mi corazón a cien por hora: el dolor. Solo quería ver a ese individuo muerto y enterrado. No merecía ningún tipo de aprecio ni por mi parte ni por la de ningún ser en la faz de la tierra. Me daba asco.

La ira, el odio, el dolor… Todo se agolpaba en mi mente. Le hubiese matado con mis propias manos si hubiese podido ¡pero no podía! Solo mis ojos tenían el lujo de poseer movimiento. Resignación y aguante. Cuando se aburrió de los pequeños cortes, clavó el cuchillo en mi muslo y lo deslizó sin levantarlo hasta mi tobillo, sin profundizar demasiado. ¡Hubiera querido morir de dolor en ese mismo instante! Me estaba desgarrando ya no solo el cuerpo si no también mi propia vida. De pronto, sentí un ápice de movimiento en mi pie, ese movimiento se fue trasladando por todo mi cuerpo: volvía a ser capaz de moverme. No sé porque, supongo que fue esa interceptación de la aguja mientras él me “dormía”. En cuanto vi que se giraba, supuse que a por otro utensilio para dejarme K.O. poco a poco, le di una patada con las pocas fuerzas que tenía y todo el cuerpo inmensamente dolorido. Ni siquiera sé cómo pude ser capaz de hacer lo que hice. Me levanté a durísimas penas y corrí, o más bien me arrastré, hasta la puerta. La abrí. Si, estaba abierta. Supongo que él no contaba con que quisiese escapar, o más bien con que pudiese hacerlo. Y ante mí se destapó el infierno: un largo tramo de escaleras. No iba a ser capaz de bajarlas de pie sin caerme de bruces. Además, mi agresor se había percatado de la situación y se acercaba hacia mí, de nuevo andando tranquilamente. Aquella pasividad y tranquilidad me ponía enferma. ¿Cómo podía alguien estar matando de dolor a un ser humano y poder caminar normalmente y con esa sonrisa irónica puesta en la cara? Parecía que me estuviese diciendo: “da igual lo que hagas, vas a morir” y eso hubiese deseado, morir de una santa vez para poder descansar tranquila de este horrible ser humano, aún rindiéndome y dejando escapar mi vida, todo con tal de no seguir sufriendo.

Así que me abalancé sobre las escaleras.

Solo recuerdo el final de aquel endemoniado tramo. Solo recuerdo como ni me acerqué a bajar andando, simplemente rodé. Solo recuerdo como una jeringuilla se clavaba esta vez del todo sobre mi pálida y recorrida por ríos de sangre piel. Solo recuerdo como unas frías y ensangrentadas manos recogían mi de nuevo inmóvil cuerpo. Solo recuerdo como de nuevo unas cinchas se aferraban a mis muñecas y tobillos. Y solo recuerdo como aquel sufrimiento volvía a empezar, ni siquiera permitiéndome llorar, pero guardándose de que sintiera el ferviente dolor que me sumía en el pánico e iba desgarrando mi alma, poco a poco.

Relato: Por esos ojitos...

Cada vez que la miro me pregunto cómo unos ojos tan preciosos y tan impresionantes pueden estar rotos, estropeados. Nunca soy capaz de explicarme por qué tiene que estar oculta una mirada tan bella y tan sincera; por qué ha de estar lapidada por cristales, en su propio ataúd transparente.

¿Cómo puede ser que el reflejo de su alma esté tan limitado, que sea tan imperfecto pero tan perfecto a la vez? Es deslumbrante y frustrante ver algo tan bello así, enjaulado.

Definitivamente siento algo más que adoración por la mirada de esa chica; estoy casi seguro de que estoy enamorado, y ya no solo de sus ojos, sino de todo su ser en sí. Sé que esto ya no se lleva, que todo el mundo es reacio a mantenerse cerca de otra persona demasiado tiempo, y más cuando aún se está en el instituto y hay tantas puertas abiertas. Pero estoy prendado de ella. Como un lelo. Y lo peor es qué no sé qué hacer.

Me siento perdido y solo. Sobretodo solo, porque a cualquiera que se lo cuente me dirá que soy un cursi o un nenaza; no hay nadie a mi alrededor capaz de entenderme, nadie es lo suficientemente especial y maduro como para comprender lo que siento. Es más profundo que cualquier otra cosa que haya podido sentir en mi vida. Es difícil de explicar, pero necesito intentarlo por lo menos. Tal vez ella sí que sea real e inteligente, lo suficiente para saber ayudarme.
¿Sería una locura?

---------------------------------------------------------------------------------------------

-…
-¿Qué?
-…ehhmpss…
-¡Venga!
-Es que…
-O me lo dices o me voy, no me tengas más en ascuas.
-Vale.
-¡Te escucho pues!
-Que ya sé que suena muy típico y blablablá…pero…
-Va, no te pares ahora
-Que te quiero.
-¿Cómo?
-Más que a nada. Como a mi vida. Que esto es diferente. Que no es el típico cuelgue adolescente, que es más profundo que todo eso. Que lo que siento por ti no lo había sentido nunca y que no puedo imaginarme una vida que no sea a tu lado…
-Me dejas en shock.
-Me lo imaginaba. Ya sé que suena demasiado extraño e irreal, muy de cuento de hadas, pero es lo que siento y a mí también me costó asimilar que sentimientos así existían. Mira le he estado dando vueltas muchísimo tiempo y tengo claro lo que dicen mis sentimientos.
-…
-Además, quiero que sepas que no es una tontería pasajera. Viene ya desde hace tiempo, y estoy seguro de que durará aún mucho más.
-Vaya…no sé qué decir.
-Es normal…supongo. Ahora creo que no debería haber hecho esto, o no haberlo hecho así tan de repente por lo menos. No sé si quiera de donde he sacado el valor. Ni si tú me quieres. Es que, por no saber no sé ni si tienes novio o si te gusta alguien.
-Sí que me gusta alguien. Además no me lo puedo quitar de la cabeza ni un momento. Estoy como loca por él y no sé qué hacer.
-¿Sabes? Yo llevo así muchísimo tiempo. Solo y frustrado porque te quiero tanto que se reiría de mí hasta mi propia madre, por ser tan estúpido de depender totalmente de una persona.
-Te comprendo.
-Sabía que tú lo entenderías…
-Ya…
-Mira, sé que es muy precipitado y no quiero que te sientas presionada, pero necesito saber si puedo seguir luchando por ti o si no tengo ninguna oportunidad. Necesito que me digas si puedo hacerme ilusiones.
-Es normal, lo entiendo.
-¿Y…y bien? ¿Me dirás quién es ese que ronda tus pensamientos?
- Claro que sí. Eres tú.

Reflexión tremendamente frustrante: ¿Por qué no lo ponemos en práctica?


Hay millones y millones de personas en el mundo. Millones y millones de caras que tú no conoces. Caminas por la calle y te fijas en un puñado de gente. Observas sus cara con más o menos atención, pero al cabo de un rato, desaparecen de tu memoria, los olvidas para dar paso a nuevas caras desconocidas. Solo pensar en que detrás de esas caras hay una historia… quizás sorprendente y única o quizás de lo más corriente, pero aun así, ¿no te parece extraordinario? ¿No te encantaría saber por qué esa señora espera el bus o porqué ese joven está preocupado? ¿En serio nunca te has preguntado a quien esperará esa chica o que notas sacará aquel niño?

Hay un mundo fascinante ahí fuera, pero muy pocos se lanzan a conocerlo. Sé que es imposible tratar de averiguar cada detalle de cada ser, de su vida, de su historia. Pero sí que tendrás que darme la razón en que la mayoría de personas somos extremadamente independientes. Avanzamos por la vida sin prestar atención a los demás, a los detalles, como las miradas que otros nos dirigen o, algo todavía más importante, el porqué de esas miradas. Nos encerramos en nosotros mismos y no mantenemos los horizontes abiertos. Es más, solemos admirar a las personas que sí son capaces de hacerlo.

Como dije antes, hay un mundo fascinante ahí fuera. Detrás de nuestro círculo de amigos, al margen de las fronteras que nos auto colocamos en nuestro camino, como el color de la piel, el estilo de la ropa, la edad, el sexo, o el número de piercings y tatuajes. ¡Compartimos el mundo con personas! Sí, personas. Y no “tíos raros o frikis”. Lo interesante de la vida es experimentar, conocer nuevas culturas o formas de pensar, e incluso más superficialmente, nuevas maneras de vestir. ¡La vida son experiencias! ¿Por qué nos limitamos a ignorar todas las que se nos presentan? Quizás timidez, quizás miedo… ¿miedo? ¿A qué? ¿A que la otra persona tenga diferente mentalidad? ¿Diferente forma de ver ciertos aspectos de la vida? ¿Y no crees ahora que sería apasionante conocer esas diferencias? A mí, por lo menos me encantaría saber. Saber, saber y saber. Saber por qué ese adolescente elige el negro o porqué esa señora utiliza esos zapatos tan extravagantes.

Ya no cada persona, sino cada detalle guarda una historia, una vida. En tus manos recae el querer meterte en la genial aventura de descubrirla.