lunes, 9 de junio de 2014

Cuando pasan los días

Y la vida se nos vuelve loca, y la vida se nos desordena, sin querer, sin augurio y sin premisas. Simplemente ocurre.

Ocurre que el mundo es redondo y gira, que persigue sus sueños de constelaciones pedregosas, ocurre que nunca llega a morderse la estela de su grandeza.
Ocurre que los aviones vuelan y se saltan el sentido de giro y despegan y ya no son parte del mundo, sino mini universos congelados donde los sueños son espuma y los destinos son corazones.
Ocurre que las personas dejan de ser personas y de repente son pedacitos de carne, de mi carne, de mi esencia, de mi cuerpo, de mi alma, de mí. De mí misma, con todo lo que eso acarrea.
Ocurre que yo sigo siendo yo pero con nuevos horizontes de alas fugitivas, que se alejan, que se escapan y desaparecen en la penumbra de lo más absurdamente realizable.
Ocurre que el futuro deja de ser un pensamiento; metamorfosea en folio, tinta, teclas y lágrimas. En sangre pasión y desconcertante certeza.
Ocurre…ocurre que no hay palabras, que no hay dicción ni claridad, que mis sentimientos más que ser nombrados prefieren ser vividos, prefieren salir por mis poros antes que por mis dedos prefieren correr solos, atraídos por el calor de la emoción, soltándose el pelo, dándole otro matiz de alboroto a esta vida que ya ni a orden ni a concierto atiende.

Ocurre. Yo ocurro, ellos me ocurren, él me ocurre y todos ocurrimos rápida y efímeramente. Y ocurre que lo que ocurre ya fue algo que ocurrió y que el pasado ya mencionado parece dejar de ocurrir en nuestras mentes pero parece perdurar ardiente y dolientemente y esperanzadoramente en nuestras líneas de vida. En nuestra historia, que resulta ser algo ocurrentemente importante.
Que resulta ser algo que merece la pena contar y ocurre que es estúpido obviar.

Que vivir el presente es belleza hecha realidad pero que a veces también es bello volver sobre los pasos ya caminados y sonreír sonrisas de segunda mano. Las suyas siguen sabiendo deliciosas y tiernas.

Ocurre, sucede, quien sabe cómo.

Que mi corazón quiere contar historias. Y que yo de veras quiero escucharlas.


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