Soy yo a solas con Fiordo. Contra mi esencia las rocas, ásperas, musgosas,
acariciables. Pidiéndome a gritos que me aferre a ellas, que me aferre a mi ser
más sincero. Es Fiordo a solas conmigo, de testigo solo está la lluvia, dándonos
besitos, uniéndonos bajo un mismo estado anímico.
Somos dos, gigantes rocosos enfrentados, mirándonos cara a cara dulcemente,
contagiándonos la alegría, la fuerza, el amor. Somos dos, figuras silenciosas
que se funden en un abrazo de agua. Yo le miro y sé que él me está devolviendo
la mirada. Yo le lloro y sé que él me tiembla y sé que él me cobija.
Y sé que él me ofrece sus rocas para sentarme.
Contra mis zapatillas las rocas sin duda, ofreciendo un soporte esencial a
un ser extasiado. No soy más que un globo con forma de humana que se empeña en
sentir alto como las nubes pero al que un cuerpo le mantiene atado a la
inexistente fisicalidad del mismísimo paraíso. No soy más que un envoltorio
vacío contra aquellas/sus piedras de dureza melosa, pues todo mi interior vuela
y nada en la esencia del tiempo. Fiordo absorbiendo la primera parte de mis
sentidos.
Es el ahora que cae y se aplasta
contra mis manos y mi gravedad y nos deja a ambas desechas, y nos funde y nos
clava allí, balanceadas heroicamente en la armonía de la escena, quien sabe cómo.
Sosteniéndome están Sol y Nubes, arropándome y despejándome los ojos de
bruma. Abriéndome la calma en canal y templando los sentimientos, que ya salen
a borbotones. Es su rubor apareciendo en su tez blanquecina el que me hace amar
y sentirme amada por una naturaleza que cobró vida hace ya mucho. Por una
naturaleza latiente. Que respira. Que besa. Que llora. Que siente.
Sentimos. Yo y fiordo. ¡Vibramos!
Son mis rodillas temblequeando y son sus aguas estallando en pequeñas
gotitas de belleza. Calmadas, regocijantes y alegres. Conformando un reflejo de
la esencia chisporroteante y lluviosa de este mi amigo de doble cara, de doble
filo, de doble grandeza.
Es mi mirada quedando absorta. No hay manera de amarrarla a mis retinas,
pues se fundió con Fiordo el mismo día que le conocimos. Creo que mi corazón
siguió el mismo rumbo, que quedó plasmado en la escena. Que mi sangre y la de
Fiordo son un mismo torrente de fuerza. Ahora y solo ahora nos damos cuenta de esta
unión que nos reduce. De esta unión que acaba de hacerse esencia sobre mis
hombros y sobre mi ser. Es Fiordo quedándose con un mordisquito de mi entereza.
Estoy llorando. Clamando al cielo benevolencia frente a todo este enigma.
Rogando un consuelo a toda esta inconsciente huída de mi destino. De poco sirve
resistirse ya, cuando descubro que nunca he querido. Me entrego, me atrapa. Soy yo acabando por
implorar más espacio en mis entrañas para que Fiordo entre dentro de mi. Para que
no sea él quien me lleve sino yo quien le clame. Quiero bebérmelo, respirármelo
y plasmármelo en la piel a golpes, a caricias, a súplicas. Que mi corazón
alcance a sobrevivir con esta realidad de hermosura eterna. Con esta placidez
de belleza infinita. Con esta perfección que ante mi insignificante humanidad
se muestra. ¿Cómo es posible que de mis entrañas salga frustración por no poder
copar con tantísima inmensa magnificencia?
La realidad supera a la imaginación. No este instante, (pues es aquí solo donde
culmina). En esta mi vida de polvo de sueños. Mi corazón se ha visto desbordado
por vez primera y sus límites han sido humildemente recordados. Por fin encaró
a un rival mereciente de todas sus bocanadas de grandeza mi fiel amigo.
Son mis llantos de despedida lanzados al universo.
Resuenan, tapizados por una música de piano que llega de algún terrenal
universo a mis espaldas. Gangoseando mi contorno y haciéndolo desaparecer a pequeños
soplos de brisa etérea. Es mi peso, cayendo gota a gota sobre la roca,
evaporándose antes si quiera de rozarla. Es Fiordo tomando una bocanada entera
de mí.
Soy yo abrazando mi naturaleza ínfima, aceptando mi pequeñez absurda. Soy
yo metamorfoseando, dejando este mundo, alzando el vuelo, desbordando mi propia
infinidad de emociones.
Es mi esencia siendo lanzada al fiordo…
*es un breve síndrome, un breve instante de desaparición y efeméride*
… es mi esencia siendo lentamente por él recogida.
A pesar de que un tercio de mí ya ha pasado a ser roca.
Cuando al borde del desmallo, de la iluminación, de la inundación, del todo,
de la nada. Cuando al borde de atreverme a parpadear, cuando casi me atreví a
despegarme de la realidad delirante, cuando creí humanamente que con decir
adiós bastaría, cuando confié en que nunca volvería a ser corpórea tras
entregarme a Fiordo, cuando estuve a punto de caer en mi propia odisea… cuando
el último llanto lapidó a todos los consiguientes y las entrañas fueron
evaporadas todas… él recogió la afluencia de mis retales de persona y la
abrazó, recomponiéndola. Recomponiéndome. Recordándome que le echaría demasiado
de menos. Que no bastaría con observarle desde el otro lado, desde el regazo de
Fiordo.
Creándonos.
Recordándome que Fiordo quizá posea mi alma,
pero también la suya.
Soy yo y Fiordo y él a solas.
Nosotros.
Cielo.
(C)alma.


No hay comentarios:
Publicar un comentario