No somos conscientes en ningún
momento de cómo un simple movimiento puede cambiarnos la vida por completo. Como
una sola persona, un solo trayecto o viaje, un solo link, una sola palabra o
quizás un solo pensamiento puede otorgar de golpe la potestad de nuestro futuro
al misterio. Nunca nos preguntamos qué hubiera pasado si no hubiéramos cruzado
la calle, no hubiéramos sonreído a aquel extraño, no nos hubiéramos detenido
ante un escaparate concreto o no hubiéramos decidido quedarnos una tarde en
casa explorando la red.
Y es que vivimos tan absortos en
nuestra propia y burda realidad tan ensimismados pensando en pasados y futuros
inciertos, en grandes hazañas o logros, tan idiotizados por causas erróneas que
no caemos en la cuenta de que nuestro rumbo y nuestra meta se basan en cada
pequeño gesto, en cada mínimo roce o parpadeo.
En cada detalle de esos que ni
nos molestamos en mencionar, que la mayor parte de las veces quedan ocultados
tras otros que creemos más rimbombantes, más decisivos y que en realidad, no lo
son en absoluto.
No somos capaces de darnos cuenta
de que la magia de la vida, de la existencia misma, del destino se oculta ahí,
en las pequeñeces cotidianas.
No nos damos cuenta hasta que…hasta
que de repente sucede.
Y bien sea de forma discreta, sin
apenas percibirse y con repercusiones eternas o de manera chocante y abrupta; nos
vemos envueltos en una vorágine de cambios, de reacciones en cadena y de
sentimientos mareados. Como cambian nuestras prioridades, nuestras inquietudes,
nuestros hábitos e incluso nuestra forma de vivir. Como de pronto nos rodean
otras personas, como nos sentimos también otra persona nueva, como pensamos de
forma distinta. En un click, un hola o un sencillo y desinteresado tropiezo
chocan no solo nuestros torpes pies, si no nuestras historias. Un solo día
puede matarte, un solo minuto puede hacerte llorar y un solo segundo puede
hacerte sentir la persona más feliz del universo. La rapidez, el impacto y la
espontaneidad del suceso dependen solo del gran Destino y de su apretada agenda.
Es capaz de trastocarnos la crónica al completo sin ni siquiera consultarnos,
sin ni siquiera inmutarse.
Y, cuando aturdidos y malheridos
por sus hazañas levantamos la cabeza hacia el horizonte y nos preguntamos
¿cuándo? ¿en qué momento exacto comenzó mi vida a estar fuera de mi control? Él
siempre nos susurrará sonriente al oído: desde antes de que nacieras. Se dará
media vuelta y seguirá ojeando nuestra trayectoria vital perfectamente
detallada cual revista del corazón distraídamente, manchando con una gota de su
caprichosas lágrimas la parte más alegre o leyendo a fondo la noticia sobre
nuestra boda.
Seguirá cruzando vidas,
sabiéndose poderoso. Nos encarará con el gran amor de nuestra vida un instante
y nos devolverá a sus brazos un siglo adelante. Nos hará parpadear en el
preciso momento en que nuestro hijo cruce la carretera. Nos hará llorar a
carcajadas entre el silencio de una conferencia. Nos pondrá en nuestro camino
una moneda para que al agacharnos nos perdamos como nos roban el bolso. Nos moverá
de repente le ratón del ordenador para meternos en una web que,
misteriosamente, nos ofrecerá la oportunidad que esperábamos.
O como, aunque pensemos que solo
ha movido los hilos en uno de esos casos, lo cierto es que todos los demás
serán distintos a como esperabas debido a ese preciso instante.
Efecto mariposa premeditado :) Lo
más bello de la vida.
De nuevo gracias al destino por hacerse notar, brutalmente, tantas veces en tan poco tiempo.
.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario