martes, 22 de mayo de 2012

Sí, aquí es. Hemos llegado


Sus calles acogen a cualquiera. Sus edificios enamoran a todo aquel que tenga la suerte de poder verlos. Su aurea personal simplemente cautiva…

La ciudad entre ciudades, la metrópolis del mundo y el auténtico centro del universo. En ella, lanzarse a las estrellas es más fácil que vivir la fantasiosa realidad de Hollywood; el cielo es siempre el límite, y está más cerca de lo que imaginas.

Solo hay que trepar a lo alto de las colosas estatuas de acero que culminan su horizonte entre rayo y rayo de sol. Solo has de engancharte a cualquiera de sus arterias internas y alzarte en la cima del estrellato.

Observar la jaula de cemento en la que te encuentras. Hormigonada vida de la ciudad de los sueños….sabes que el contrachapado siempre estará esperando a que decidas bajar de la nube y te estampes en sus irregularidades, pero te alegrará saber que eso nunca sucederá, ya que el efecto embriagador de su esencia no se pasa, es una enfermedad constante que te hace delirar y te enloquece… pues la borrachera que te produce esta ciudad te deja una resaca emocional que te dura de por vida.

El secreto quizás lo tengan guardado en las alcantarillas. Nunca dejarás de preguntarte por qué cuando cae la noche surge del suelo un humo blanco que acoge tus pisadas solitarias, las cuales caminan prácticamente solas entre bocas de riego y escaleras anti-incendios.

Esa magia, esa vida, no se siente en ningún otro sitio.

Las luces de sus millones de ojos relumbran en tu interior como si mirases al propio astro Sol cara a cara, enfrentándote a su majestuosidad y preguntándole por qué reluce diferente en esta parte diminuta de la Tierra.

Aquí es todo distinto, aquí es todo extrañamente real y fantástico. Dos términos paradójicos que se juntan para engendrar una ciudad. Hermosa, inigualable.

Aquí uno no se siente inspirado, vive la inspiración día a día. Ella te arrastra hasta sus barrios, hasta sus calles, formando parte de ti como lo forma tu sonrisa. Aprendes a vivir con ella y con el entusiasmo perpetuo e infinito de encontrarte en el lugar más especial del planeta…

…donde cada línea de cada texto que se lee fluye dinámica por los oídos del universo, al compás del frenético ritmo de las limusinas que la recorren. Entra sus mil calles, entre sus millones de historias.

…donde cada uno tiene su sitio, bien sea en los asientos del metro, en los cuales se sienta la multiculturaliedad cada día (siguiendo su eterna rutina) o entre las hojas, los prados y los tonos artificialmente naturales del corazón de la ciudad que bombea el mundo.

 Pues no es cierto que todos los caminos lleven a Roma.
Cualquier vía de comunicación que se precie ha de terminar apoteósicamente aquí, y no en ningún otro vanal sitio.

La vida no es real ni completa hasta que no las has vivido en la ciudad que nunca duerme y has trasnochado con ella, la has sacado a dar una vuelta, al teatro, a un partido de los Knicks o simplemente las has llevado de cita romántica a cualquier azotea.

La vida no es real ni completa hasta que no le das la mano y la besas entre sus propias calles, entre su propia gente y entre su propia majestuosidad armoniosa y divina que vive en el sinfín de su grandeza.


La vida no es real ni completa hasta que no la has vivido aquí, en Nueva York.




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