Dicen que si no te mata te hace
más fuerte. Bien, pues a mí me mató. Quede moribunda y lisiada, dando tumbos
por la realidad y soñando con los hechos… y aunque no duele ni quema por dentro,
simplemente escuece. Es duro saber lo, pero así es la vida.
Siento el peso de tus palabras
cayendo sobre mi consciencia como una losa y acuden a mi mente imágenes extrañas
que preferiría no tener que ver nunca. Tonterías que cometí, estupideces y
barbaridades. Mentiras o más bien realidades distorsionadas que ella produjo. Y
no sé de quién es la culpa, si tuya, mía o de ellas. Ni siquiera sé si hay algún
culpable. Pero escuece. Escuece como una sonrisa de payaso, con limón y agua salada.
Escuece como tus manos alejándose,
arañando mi existencia.

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