domingo, 27 de mayo de 2012

Queridos imbéciles:


Quiero que seáis conscientes de vuestra condena, vuestra existencia:
Vivís y morís estrangulados, mórbidos, fatídicos… ahorcados por vuestra propia médula y asfixiados por el peso de vuestras insulsas y despreciables vidas.

Me repugnáis. Siempre coléricos y gritones, preocupadísimos por algún retoque insignificante de vuestro plastificado disfraz, siempre molestos por alguien o algo que sabéis superiores a vosotros y que criticáis por ello.

Inseguros. Indefensos. Solos, al fin y al cabo. No os aferráis a la vida y a las ganas de tenerla solapada y atornillada a vuestros artificiales corazones. Os llenáis los pulmones de superficialidad vana y remota y no apreciáis el mundo, no os paráis a observar su grandeza descrita entre líneas, sino que pasáis centelleantes y efímeros mirándolo de reojo como si fuera vuestro esclavo.

Desde altas nubes yo os repudio. Dejo caer la lluvia que os empapa el intelecto, os remoja las neuronas y os atrofia el mecanismo al que llamáis templo. La humedad os acongoja por el simple hecho de que os despeina.

Vuestro ombligo encabeza las listas mundiales del egocentrismo y vivís, o mejor dicho, os arrastráis por vuestra existencia como gusanos pletóricos al encontrar un agujero donde esconderos, donde criar y trabajar el resto de vuestra mundana e insulsa vida y donde morir entra paños negros y descoloridos, retales de una felicidad que nunca alcanzasteis.


De seguir como estáis, hipócritas enloquecidos os darán de bruces en el futuro indeleble y ya perpetuo que os espera.
Daos cuenta de que aquí empieza vuestra tortuosa agonía, aquí empieza vuestro futuro.

Aquí termina vuestra superioridad idiota.


Fdo: La Brillantez Euphórica


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