Sus calles acogen a cualquiera.
Sus edificios enamoran a todo aquel que tenga la suerte de poder verlos. Su
aurea personal simplemente cautiva…
La ciudad entre ciudades, la
metrópolis del mundo y el auténtico centro del universo. En ella, lanzarse a
las estrellas es más fácil que vivir la fantasiosa realidad de Hollywood; el
cielo es siempre el límite, y está más cerca de lo que imaginas.
Solo hay que trepar a lo alto de
las colosas estatuas de acero que culminan su horizonte entre rayo y rayo de
sol. Solo has de engancharte a cualquiera de sus arterias internas y alzarte en
la cima del estrellato.
Observar la jaula de cemento en
la que te encuentras. Hormigonada vida de la ciudad de los sueños….sabes que el
contrachapado siempre estará esperando a que decidas bajar de la nube y te estampes
en sus irregularidades, pero te alegrará saber que eso nunca sucederá, ya que
el efecto embriagador de su esencia no se pasa, es una enfermedad constante que
te hace delirar y te enloquece… pues la borrachera que te produce esta ciudad
te deja una resaca emocional que te dura de por vida.
El secreto quizás lo tengan
guardado en las alcantarillas. Nunca dejarás de preguntarte por qué cuando cae
la noche surge del suelo un humo blanco que acoge tus pisadas solitarias, las
cuales caminan prácticamente solas entre bocas de riego y escaleras anti-incendios.
Esa magia, esa vida, no se siente
en ningún otro sitio.
Las luces de sus millones de ojos
relumbran en tu interior como si mirases al propio astro Sol cara a cara,
enfrentándote a su majestuosidad y preguntándole por qué reluce diferente en
esta parte diminuta de la Tierra.
Aquí es todo distinto, aquí es
todo extrañamente real y fantástico. Dos términos paradójicos que se juntan
para engendrar una ciudad. Hermosa, inigualable.
Aquí uno no se siente inspirado, vive
la inspiración día a día. Ella te arrastra hasta sus barrios, hasta sus calles,
formando parte de ti como lo forma tu sonrisa. Aprendes a vivir con ella y con
el entusiasmo perpetuo e infinito de encontrarte en el lugar más especial del
planeta…
…donde cada línea de cada texto
que se lee fluye dinámica por los oídos del universo, al compás del frenético
ritmo de las limusinas que la recorren. Entra sus mil calles, entre sus
millones de historias.
…donde cada uno tiene su sitio,
bien sea en los asientos del metro, en los cuales se sienta la
multiculturaliedad cada día (siguiendo su eterna rutina) o entre las hojas, los
prados y los tonos artificialmente naturales del corazón de la ciudad que
bombea el mundo.
Pues no es cierto que todos los
caminos lleven a Roma.
Cualquier vía de comunicación que
se precie ha de terminar apoteósicamente aquí, y no en ningún otro vanal sitio.
La vida no es real ni completa
hasta que no las has vivido en la ciudad que nunca duerme y has trasnochado con
ella, la has sacado a dar una vuelta, al teatro, a un partido de los Knicks o simplemente
las has llevado de cita romántica a cualquier azotea.
La vida no es real ni completa
hasta que no le das la mano y la besas entre sus propias calles, entre su
propia gente y entre su propia majestuosidad armoniosa y divina que vive en el
sinfín de su grandeza.
La vida no es real ni completa
hasta que no la has vivido aquí, en Nueva York.