¿De dónde, luz de noches? Apareciste
de la nada para sanar mi inseguridad fingida. ¿Por qué? ¿por qué, si no merezco
un soplo de frescura en mis pupilas? ¿por qué, ahora que sé que todo dentro de
86 amaneceres será diferente?
¿Que eres rayo de sentimiento? ¿qué
eres palabras bellas? ¿qué sientes corazón cerrado? No te conozco, pero me
conozco a con alguna certeza a mí misma y sé cuánto me duele no poder atraparte,
estúpida y débil gota de alegría. Cuánto me duele saber que soy la kliptonita
de tu esencia y a la vez el motor de tus ilusiones.
¿Desde dónde me llegan tus suspiros?
¿desde dónde me embriaga tu sonrisa? ¿desde dónde, si no te veo más que cuando
pienso en tus torpes hazañas? ¿Es posible acaso amar algo que sale de la noche
a la mañana y que huele a dulzor y almíbar? ¿Es posible oh tímida y bella flor
verdosa, que se me desborde el cariño por los ojos al mirarte con mis cobardes ojos
tapados?
Es posible, ¿verdad que lo es? Tú
lo sientes, lo veo en el temor que le tienes al tiempo porque hará desaparecer
una preciosa historia de amor alegre. Háblale pues a los pinchazos que siento en
mi corazón y en mi propia alma cuando te miro, háblales y diles que ni es ahora
ni es por ti por quien han de materializarse. Háblales y destrúyelos o haz que
merezcan la pena.
Vive, por favor, pase lo que pase
vive como mereces, fresca estrella de sinapsis, báñate en fórmulas y aromas, en
amores y personas que sepan apreciar tus vivos ojos cuando guiñan y tus torpes
bromas cuando afloran y te cubren.
En mi interior sé que yo soy o al
menos podría ser esa persona. Quizás solo me quede pedirte perdón por no saber amarte.
¿Quién eres y de dónde has salido,
Don Juan?
