La obra ha llegado a su fin.
No
ha recibido una gran ovación, pero se todos se van con el corazón lleno de
sensaciones. Ha sido una pieza increíble, intensa y apasionada, representada
por unos actores perfectos y entregados que se han turnado el protagonismo con
agilidad y destreza, cantando siempre con una voz firme y sencilla. Solo se ha
echado en falta el apoteósico final estilo Broadway, que ha dejado los
corazones del publico algo apagados, sin ganas de aplaudir a pesar de haber
presenciado un maravilloso trozo de fantasía.
El presente se salió en su interpretación,
lo dio todo. El pasado quedó en la sombra en los últimos actos, eclipsado por
la fuerza de su acompañante, que destacó con un chorro de voz imponente y delicioso.
Sin embargo el futuro… sufrió una caída. Tropezó con el atrezzo y se tragó a
los de la orquesta. Después, se retiró cabizbajo dejando su pieza a la mitad,
aunque por suerte, el pasado cubrió el hueco exquisitamente y llenó a los
presentes de agridulces recuerdos de su paso por escena, que había sido
perfecto hasta ese trágico momento.
Con la caída del telón han caído,
en consecuencia, ligeramente los ánimos de algunos de los actores, pero al crítica
afirma que se reanimaran para su siguiente pase (que se calcula será el mes que
viene, cuando desentablillen al pobre futuro, que se ha roto como mil huesos y
ha visto desechas sus esperanzas de continuar en el reparto esta temporada-quizá
sea sustituido-)
Enmienda ha sido el estreno del año, y con su ulterior acto añadido,
post mortem, ha sorprendido a muchos,
ha decepcionado a otros y ha dejado boquiabiertos a unos cuantos. Lo que ha
quedado claro es que, en general, ha gustado mucho y ha servido de catapulta a
la fama a los actores, que, seguro, ya
están fijando sus nuevos objetivos profesionales.
¡Un aplauso para ellos, por favor!

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