jueves, 30 de agosto de 2012

VEN, es una súplica


Enloquezco en tus palabras. Me regodeo en cada letra, la abrazo, la exprimo y la estrujo en un cálido y agradecido abrazo, (que en realidad me gustaría darte a ti...) Me conformo con saber que sigues ahí, detrás de las sombras, detrás de los kilómetros, atrapado tras un muro con la palabra “Distancia” grabada a mano, sobre su piedra. Me confirmo en tus frases, me rehago en tus comentarios, me completo con tu presencia.

De nuevo estoy en un bucle, de nuevo, atrapada entre estas cuatro paredes a las que llaman hogar. De nuevo quiero salir, volar y encontrarte esperándome con los brazos abiertos, extendidos, y tu corazón ansioso por encontrar al mío.

Como siempre, aquí estoy yo, dramatizándolo todo, haciéndolo dulce a los oídos, moldeando las palabras para que luzcan como nuevas. No sé cuánta realidad hay tras ellas, pero sí sé que, sea como sea, tu recuerdo y tu anhelo las impregnan.

Ven a mí. La noche me tiene confundida. Quiero probar tus besos, quiero quitarte el traje de superhéroe. VEN, es una súplica.


sábado, 25 de agosto de 2012

El Don Juan


Se apagan las luces celestes. Sucumbe Sol a las llamas y, lleno de ira, las agarra con fuerza haciéndolas estallar entre sus dedos. Irradian tanta luz que eclipsan al astro. Tanto, que incluso las nubes se acercan a observar su incandescencia. El fuego de Otoño ha sido prendido. Surge en rojizas y ocres tonalidades, explota con cada segundo que pasa, embaucador, tiñéndolo todo a su paso. Las Hojas caen desmalladas con su belleza, con su fuerza. Encandiladas, se dejan poseer por él. Es todo un rompecorazones. Les provoca, se insinúa contorneándose en su paleta cromática, les saca los colores a las pobres e impresionables infelices, que se ponen coloradas. Él lo disfruta, le gusta ser deseado. Ellas, desvirgadas, quieren olvidar el supor que les ha supuesto enamorarse de tal manera del ardiente Otoño. Se sienten utilizadas y caen, dejando que su consoladora amiga Brisa, las mezca. Pero ya es demasiado tarde. Muertas de amor, son arrastradas.


Viento, que cabreado maldice al “romántico” asesino, se las lleva a su oculta guarida, con delicadeza. Cual padre, sufre por ellas, jóvenes y frágiles princesas, todavía poco lacradas y  débiles ante la pasión. Contribuye a su retirada. No quiere que sean el hazme reír del bosque, pues aún poseen la dignidad de cualquier dama.


Sol, a su vez, se da por vencido. No puede hacer nada contra tal esplendor. Se retira tras su hermana Nube a llorar tranquilo. Es de personalidad enclenque, se esconde exánime tras su corteza radiante. Blandengue y frustrado, no puede evitar asomar humildemente y de vez en cuando la cabeza tras ella. Y… todo lo que ve es desolación. El mundo ha caído a los pies del recién llegado casanova y muchos prefieren la muerte que el rechazo. Observa aún escondido como el viento hace las veces de enterrador en el lejano mundo que custodia con ahínco. No solo han caído las hojas, han sido derrotadas también las margaritas. Se han mustiado por la misma causa: el desamor. Parece que el otoño aspira más alto que a unas jóvenes e inexpertas flores. Quiere conseguir a Mar, tan sexy e inalcanzable, tan dura e irresistible, tan bella en su maestría. La ama con locura (debe ser lo único que ame semejante monstruo caprichoso, que no contento con poder tener a casi cualquiera, elije a la única que es inmune a sus piropos). Él tiene un plan. Tan desesperado como despiadado, seduce a la sensible y enamoradiza Temperatura, consiguiendo que también se rinda ante sus encantos. Con el frío, logra su propósito: vacía las playas. Quiere el camino libre, no quiere rivales. Quiere a Mar toda para él. Desea y anhela que sea suya para siempre.

Pero solo consigue un puñado más de corazones rotos y la antipatía de sus contrincantes en el complicado juego del amor: el débil Sol, que se dedica a llorar; las pervertidas abejas, que se alejan abnegadas sabiendo que no tienen posibilidad de polinizar; el bosque, madre de la naturaleza, que lo repudia por hacerle daño a sus inocentes hijas y a su vez el viento, ya cansado y atacado por el lumbago de tanto recoger sus yacentes cuerpos. Y la lista continua…

Pero, a pesar de tanto enemigo, solo hay uno a quien ha de temer: el protector hermano mayor de Mar se acerca. Ya resuenan sus pasos en forma de truenos, ya llueve a cántaros, ya se escucha su áspera voz consolando a su hermanita. Si, Tormenta hace acto de presencia, ahuyenta a Otoño (que huye acongojado, de repente vulnerable) y permanece al lado de su querida y ondulada Mar, esperando a que llegue el buen pretendiente que ha encontrado en una de sus emigraciones o “viajes de negocios” como él los llama. Invierno, apuesto y gélido, pronto tocará a la puerta. Hasta entonces, se quedará con aires protectores pululando los alrededores y vigilando que aquel cretino no vuelva a aparecer.


Mar está agradecida, pero se siente culpable por el destrozo causado a su costa, nunca mejor dicho. Se lamenta en silencio, pues solo ella sabe a quien realmente pertenece su corazón. Solo ella sabe cómo de inútiles son todos estos alborotos por intentar conquistarla.

Ahora, y después de semejante lío, únicamente le queda el consuelo de saber que su perenne amado está a la vuelta de la esquina, como quien dice, y que antes de su llegada recibirá además la esperada visita de su bien querida amiga Primavera.

Si…como añora a su amado, a Verano.
Recuerdos llegan a su mente. Revive como él apareció de pronto y se quedó con ella, acariciándola suavemente, poblando sus olas de sensaciones, agitándolas y vistiéndolas de un lujurioso estado anímico. Rememora como ella, alagada, ruborizada por su cortejo, y ya  enamorada hasta la médula, disfruta cada segundo que pasa a su lado, cada instante que pasa seduciéndola, cada vez que le hace el amor con calidez y dulzura. Su pasión es mutua, pero está prohibida.

Suspira… desgraciada e inconsciente también evoca la forma con la que el calor se fue apagando y como despareció su amado hace tan solo unos días, dejándola desnuda y solitaria en su lecho de arena.



Quién sabe si el verdadero peligro de las nenas es en realidad el misterioso y seductor Verano...



lunes, 20 de agosto de 2012

Il gioco è finito


La obra ha llegado a su fin.



No ha recibido una gran ovación, pero se todos se van con el corazón lleno de sensaciones. Ha sido una pieza increíble, intensa y apasionada, representada por unos actores perfectos y entregados que se han turnado el protagonismo con agilidad y destreza, cantando siempre con una voz firme y sencilla. Solo se ha echado en falta el apoteósico final estilo Broadway, que ha dejado los corazones del publico algo apagados, sin ganas de aplaudir a pesar de haber presenciado un maravilloso trozo de fantasía.

El presente se salió en su interpretación, lo dio todo. El pasado quedó en la sombra en los últimos actos, eclipsado por la fuerza de su acompañante, que destacó con un chorro de voz imponente y delicioso. Sin embargo el futuro… sufrió una caída. Tropezó con el atrezzo y se tragó a los de la orquesta. Después, se retiró cabizbajo dejando su pieza a la mitad, aunque por suerte, el pasado cubrió el hueco exquisitamente y llenó a los presentes de agridulces recuerdos de su paso por escena, que había sido perfecto hasta ese trágico momento.

Con la caída del telón han caído, en consecuencia, ligeramente los ánimos de algunos de los actores, pero al crítica afirma que se reanimaran para su siguiente pase (que se calcula será el mes que viene, cuando desentablillen al pobre futuro, que se ha roto como mil huesos y ha visto desechas sus esperanzas de continuar en el reparto esta temporada-quizá sea sustituido-)


Enmienda ha sido el estreno del año, y con su ulterior acto añadido, post mortem, ha sorprendido a muchos, ha decepcionado a otros y ha dejado boquiabiertos a unos cuantos. Lo que ha quedado claro es que, en general, ha gustado mucho y ha servido de catapulta a la fama a los actores, que, seguro, ya están fijando sus nuevos objetivos profesionales.



¡Un aplauso para ellos, por favor!



jueves, 16 de agosto de 2012

miércoles, 15 de agosto de 2012

Hoy es el mañana que nos preocupaba ayer

No te olvides.
Porque dentro de poco, ayer será el mañana que desearemos vivir hoy.

¿Qué es la relajación?




Relajación es ver vacío cuando el mundo fluye, bullicioso en un ritmo frenético que le da vueltas al planeta. Es sentirse en calma cuando la tempestad hunde tus pisadas en una plácida distonía abrupta y descuidada. Es la paz entre las tinieblas, es la realidad lúcida y cristalina que se vislumbra al final de cada torbellino de emociones.

La relajación es el clímax del pensamiento, el ansiado placer al que solo aspiran las mentes abiertas y meditabundas que deambulan por su propia existencia solicitando soledad. Es ese periodo de tiempo que discurre entre el rayo y el trueno, ese pequeño paréntesis que afirma que el mundo es imperfecto, pero que te es indiferente, que no te importa lo más mínimo siempre y cuando seas capaz de mantener esa blancura en tu cabeza.

La relajación es la abstracción del todo. Una unidad que, despistada, huye de tu entorno dejándote a solas con la nada. Es un punto de inflexión en el que desearías no existiese el ruido, ese inoportuno ¡crash! que rompe estruendosamente la serenidad que habías estado enrollando cuidadosamente en un asfixiante nudo alrededor de tus neuronas.

La relajación es simplemente el perpetuo estado del perezoso, el delirio del pensador (que se permite, holgazanamente, un respiro), la meta de los tibetanos  y la antítesis del adicto.

Es un reflejo del lado inerte del cerebro, del lado que se mantiene obsoleto, ese 10% que dicen que no controlamos. Estoy segura de que harto del abandono, surge desde el fondo más oscuro y olvidado del encéfalo, abriéndose paso entre saturados pensamientos cuanto estás a punto de estallar. ¡La relajación es la pesadilla de la consciencia! La deja K.O., inservible e inutilizable por unos instantes. Ella, orgullosa e incansable, se debate a manotazos por aportar cordura, por cambiar el interruptor y hacer que pases del modo stand by al modo on en un fatídico instante que te devuelve de sopetón a la realidad, siempre odiosa y zumbante.

La relajación es el acto de camuflar y maquillar la cohesión del mundo para dejarlo hecho un ovillo en un rincón. Es un gran favor que nos hace nuestro inconsciente, un regalo para que apreciemos la actividad a la que tristemente lo sometemos cada día.
…O quizá sea más bien un recordatorio, un lapsus de sobre-carga en la cima del atareamiento. El suicidio por estrés de una mente sofocada por tanto trabajo.




Sea lo que sea la relajación, está claro que mis hipótesis son totalmente contrarias a su esencia.
Necesito un buen descanso.