No me apetece escribir nada dramático. No quiero recordar y enrojecer mis ojos con sentimentalidades. No quiero derrumbarme al ver esta entrada cada día. No quiero oír más tu nombre, pero mi cabeza sigue repitiéndolo.


Me acuerdo de ti, de todo lo que pasamos. De lo que hicimos, de lo que no…de las cosas que quedaron pendientes de hacer…y de las que no me atreví a realizar.
Pienso en ti y me arrepiento. No quiero centrarme en tu figura que se desvanece en el horizonte. Suena muy poético, pero no hay más que eso. Eres tú y tu recuerdo. Eres tú y tus fallos. Eres tú y todo lo que hemos vivido. Eres tú a secas, supongo.
No me apetece deshilarme en cursiladas ni monopolizar mis sentimientos en esa empresa llamada amor. Así que, desde ahora y hasta siempre, prometo guardarte en una cajita y tragarme la llave…pero… ¿sabes una cosa? Me marcaste, y demasiado. Siempre me quedaran esos susurros latinizantes y profundos. Susurros sacados directamente del corazón.
Ahí es donde estas y ahí es donde te llevaré siempre. Quizás no con tanto cariño, pero he reflexionado y ahora sé que fuiste una parte de mí, y lo acepto; está superado.
Y por eso escribo esto. Es una despedida totalmente amistosa. Un hasta siempre que estoy feliz de poder pronunciar al fin J
No hay comentarios:
Publicar un comentario