Ciudad que pides sobre una manta, que empujas en el metro, ciudad que miras al suelo, te odio. Ciudad que duermes en un cajero, que pasas frío, que te indignas ante tres minutos de espera, te odio, te odio y te odio.
Ciudad que trabajas doce horas al día y sonríes doce segundos. Ciudad que escupes humo, que te juegas la vida en bici, que vas en coche a comprar el pan.
Ciudad te odio.
Urbe que llegas borracha y sola a casa a las 7 de la mañana, que cierras los bares pronto, que te pierdes en baños… ciudad con traje y corbata, ciudad con cocaína, ciudad violenta, ciudad cruel, ciudad sola, ciudad que buscas en muchas camas y sólo te encuentras frente a la tele. Ciudad que no hablas con nadie.
Ciudad te odio.
Ciudad sin trabajo, ciudad despedida, ciudad explotada, ciudad con taxis, con camas calientes, con muertas, con muertos, ciudad que muerdes comida prefabricada, que bebes agua contaminada, que no ves nunca el mar.
Ciudad te odio.
Y te odio más que nunca cuando hablas con esa enorme boca de hormigón y me escupes a la cara todos los errores de occidente, todas las miserias del mundo, todo el humo de todas las mentiras, de todas las ciudades…
Te precipitas y me aplastas, ciudad de todos mis odios.
Y no puedo evitar amarte, algunas veces, cuando duermes tranquila y pareces una fiera llena de fuerza, pero tranquila, o cuando alzas la voz llena de vida. Cuando te pareces al principio de un cambio, cuando te pareces a la esperanza. Entonces, a través de tus ojos, de tus ventanas con lucecitas lánguidas y amarillas… entonces creo verte el alma y creo, o quiero creer, que aún queda algo que late entre tanto hierro, tanto asfalto, tanto cajero y tantas oficinas con muebles de Ikea. Entonces quiero creer Ciudad. Quiero creer en ti, en la ciudad que no mira nunca a los ojos. En la Ciudad, que es lo que más deseo en este mundo.
(pdta: este texto no es mio pero en serio, admiro con todas mis fuerzas al autor)

No hay comentarios:
Publicar un comentario