Fantasmas. Fantasmas me rodean. Estoy segura, son ellos. Están por todas partes. Me agobian, me aturden, me marean…
¿Pero qué les pasa? ¿Por qué rondan a nuestro alrededor? ¿No hacen ya bastante daño con el simple hecho de existir?
Se empeñan en seguir destrozando la cordura de cualquiera que se les cruce, asfixiándolos con sus ojos vacíos y sus cerebros idiotas, con sus mentalidades antiguadas y sus maneras burdas y torpes. No tienen razón de existir, no tienen futuro en esta sociedad. ¿Por qué no desisten de una vez? Es fácil la respuesta: necesitan causar terror y pánico, necesitan cargárselo todo a tu alrededor, necesitan desmoronar el mundo y darle la vuelta a su favor.
Tristemente, los fantasmas modernos superan las capacidades de cualquiera que quiera enfrentarse a ellos. Son invencibles, indestructibles y por desgracia ya han llegado hasta mí.
Por desgracia nos acechan en las sombras desde tiempos remotos, esperando para abalanzarse sobre nosotros, los incrédulos que mantenemos firme el pensamiento de que somos inmunes a ellos. Los incrédulos que realmente somos las victimas de sus hazañas.
Moriremos a sus manos en algún momento y, cuando este llegue, veremos cuan equivocados estábamos y cuan grandiosa vida hemos desperdiciado en la ignorancia, solos y aturdidos, mareados y agobiados por fantasmas, miles de millones de fantasmas que nos rodean y nos asfixian desde la más absoluta y remota inexistencia.

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