viernes, 21 de octubre de 2011

Platero y yo: Por una nueva primavera


Delante  está el campo, ya verde. Frente al cielo inmenso y puro, de un incendiado añil,
mis ojos -¡tan lejos de mis oídos!- se abren
 noblemente,  recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y
 divina que vive en el sinfín del horizonte.

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