lunes, 24 de junio de 2013

Donde las emociones cantan

Incendiadas las notas en mi pentagrama vocal de armonía y ligereza. Inundadas de un color a-coral-ado, aproximándose lentamente al silencio en mi cabeza. Disminuyen el timbre, aumentan el tono y enloquecen mis sentidos. Notas, vivencias, miradas. Fragmentados micro-relatos de final ambiguo y procedencia armoniosa que brotan cual amapolas en medio de los parajes bucólicos y desangelados. Libres, etéreas, perpetuas.  Impregnadas de pasión belleza y pulcritud, con un afán reformador de impetuosos deseos románticos. Roces de corazones y tamborileo de pensamientos; rebotes del alma sobre madera; esperpentos de nuestros cuerpos bajo la hipnótica danza de los recuerdos disfrazados de melodía.
Unión, de tiempos, de conceptos, de ilusiones. Desencadenamiento de libertades, de arte y dulzor rítmico. Explosión de enjaulados recuerdos y de volátiles realidades.


Música, canción, pieza, orquesta, arpa.
Vida, edad, acontecimiento, sensación, mirada.

-Latido en ambos casos-

Oh, clemenciosa lira desdibujada entre las notas del corazón y el burdo solfeo de mi alma. 
Oh, impetuosa ausencia de silencio filosóficamente anhelada.

Crece en el interior de cada estrella, atrapada bajo nuestras uñas, sobre nuestras cabezas. Metamorfosea en historias fusiladas de silbidos…

Vida, VIDA, ¡VIDA! En cada rincón, entre arte, canción y lágrimas.

Sinuosa y vigorosa, escondida, allí, sí allí:

Donde las emociones cantan.


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