Caminante, no hay camino… sino
versos estancados y fanganosos. Evangelismo abrumador y cantares diáfanos.
Se sigue la ruta, se sigue la
senda que tus propios pasos ya dibujaron antaño, cuando el mundo aun no era
mundo y las estrellan aun no estaban colgando. Determinismo biológico, bastardo
de la fé y la ignorancia; vidas encajonadas en el gran archivo celeste de las enfermedades
angelicales. ¿Cómo seguir creyendo en esos dedos gruesos de trabajador barbudo
si mi nombre no es más que un número en la gran oficina del Señor? Un documento
de esos que se traspapelan entre la hipócrita burocracia.
Renegación de los milagros y las
casualidades, si, esas que surgieron por el aburrimiento en los parajes
celestiales. El “Cómo enredar el nudo vital”, en versículos, basado en la
hipótesis de que por las arterias no corre más que blasfema herejía. ¿Qué decir,
entonces, cuando por tu garganta solo claman los angelitos y no eres tú quién
chilla y pide libertad, si no tu estricto y ausente padre? ¿Cuándo a tus oídos
solo llega el salmo de las trompetas apocalípticas, si te amenaza el fin eterno
y la nada más absoluta?
Esperan las cabezas gachas (pero
con corazones fuertes). Bailan los corazones lívidos (oh, no, pero de
iconoclastas cabezas pesantes). Oposición a la lógica, a la demencia y a lo onírico
y valuable de nuestra existencia. ¿Por qué basarse en “su” voz, la nunca oída y
en “sus” palabras las nunca escritas?
¿Está ahí acaso ese padre (de los
que abandonan al nacer) para tener derecho a demandarnos servidumbre eterna? ¿Qué
nos ofrece realmente? Apoyo espiritual y consecuente jolgorio interno, cuando
la realidad es que uno esta solo rodeado de cadáveres, ignorantes, desposeyentes
del secreto que aguarda en la meta. ¿De verdad hemos de pensar que los brillos
de algunos corazones se basan en algo tan poco tangible y tan efímero como esto,
como una simple y mundana creencia dictatorial?
No, no, me niego a creer que mi
espíritu reside en manos ajenas. Soy yo quien me guía (a pesar de deambular por
caminos ya trazados); yo soy quien camina; es mi corazón el que late, (no el
tuyo); no es mi alma la que está unida a la tuya, es mi razocinio el que delira
tratando de darle un sentido a esta-tu mentira (es entonces cuando nos tachan de dementes). Si
soy especial no es por sentirme a tu lado, si no por ser capaz de conocer mi
soledad, amarla y estar bien orgullosa y
dispuesta a seguir abrazándola cada noche, oh, mi bello símbolo de libertad.
Fortaleza, el credo básico. Si bien
mi religión no tiene divinidades, desparrama por los cielos la idea de
realización personal y de amor al
prójimo (puesto que el prójimo es simplemente parte de ti mismo). Me valgo de
mi conciencia misma para darle un sentido a mi vida. ¿Por qué ser buena y ganarme
el cielo gélido, si voy a pasar parte de mi vida en álamos nevados?. Quiero el
calor de sentirme viva y dueña de mí.
Quiero palpar a sangre en mis venas y la lujuria de estar viva.
¿Y qué me dices de El fin?
¿Eh? ¿Qué es eso?
Ah, cierto,
las religiones le dan respuesta a los
“tormentos” globales. Para empezar ¿por qué nos atormenta tanto? ¿Por qué ser
tan estúpido como para basar tu existencia en algo que cuando ocurra, te habrá
matado? Muerte, sí, sin tabúosos miedos a nombrarla. La muerte entendida como
el orgasmo de la vida, de la vida plena y jubilosa o, mejor aún, del mero hecho
de haber estado vivo.
Acto de gratitud a la naturaleza
por habernos dado a luz y del agua por habernos criado. A la humanidad,
nuestros hermanos, por haber creado la música, la pintura y el arte y por
darnos la oportunidad de encauzar nuestros segundos. Incluso por ser malvados y
aportar el morbo y la distonía a un paisaje que, de ser paradisiaco, resultaría
tedioso y gris.
Decidme, ¿¡qué miedo hay a
fundirse con la creadora y a despojar el machismo celestial!? (¿desde cuándo
son los hombres los que alumbran, por cierto?)
El único miedo ha de tenerse a
dejarse uno melodías por escuchar o cuadros por pintar o sentimientos por causar
confusión en nuestra mente. Odio que -sutil- destilar o manos que coger o armas
metafóricas que disparar. Eso es lo que perdemos con la muerte, en ningún caso perdemos
vida. La vida es alma y el alma vive en Ella, en nuestra madre, y nunca se
desvanecerá. Pues es un alma común de variantes dispares: lo que dejes por
hacer tú otro lo terminará, cuando nuestras manos son guiadas por los
filamentos de esta red biológica inmensa, del universo, ahora sí, jovial y
armonioso.
Predispuesta ese alma común para
florecer llena de distinciones, celebrando la diferencia y peleándose por
materializarse más llena de espiritualidad natural que en el siglo anterior.

Estamos abrumados
inconscientemente de pétalos y latidos, unidos por un cordón umbilical llamado
arroyo a esta nuestra tierra, aun corazón público, rebosante de amor y
neutralildad.
Hemos de cogerle la mano al malo,
al feo y al idiota y mostrarles silenciosamente nuestra gratitud, (en forma de
beso en la frente) por compensar la bondad, la belleza y la inteligencia
sobrevaloradas por ahí en alguna parte.
¿No os dais cuenta que somos uno?
¿No os dais cuenta que estamos
solos y nos valemos sin reproches por nosotros mismos? ¿Desde cuándo un
infinito entero, tan unido, tan construido en forma de gran potencia, que
engloba la inmensidad más absoluta, necesita un débil fé en algo tan trivial y
mundano?
Si ahora te preguntas por qué nuestro
planeta tiene problemas es porque aún no se ha fundido con su complementario,
porque no conoce el conjunto, porque nunca se ha visto el ombligo, porque
necesita de más influencia externa, de otro núcleos burbujeantes de ideas, de
otra célula de este gran cuerpo celeste. Multiplíquense los hermanos, los
devotos de esta religión llamada vida y al carajo las inexistencias creadoras de
guerras y conflictos.
¡Arriba el infinito, arriba el firmamento!
Te amo, Alma MÍA, Alma NUESTRA;
ALMA DEL UNIVERSO.