Poco a poco. Minuto tras minuto. Me sumerjo en cada gota de tinta que transpira el papel. No resisto y me hundo en cada punto, en cada milímetro y en cada sentimiento que expulso con cada toque. Me absorbe, me hipnotiza, me marea la complejidad de mirarlos a todos y no ver a ninguno. Tantos puntos tan pegados y tantas sensaciones volcadas sobre ellos. Significados que quedan ocultos en el hueco entre el folio y el color, en ese lugar recóndito y minúsculo donde nadie buscaría nunca mis emociones, escondidas, camufladas, secretas.
El puntillismo es mi tapadera. Soy quien no soy y por eso escondo lo que siento, porque me muero si en tus ojos atisbo compasión o hipocresía, porque si bien no quiero ser quien soy, no puedo mostrarle nadie lo que escondo tras mis puntos, tras mi vida.



