Fue un ¡anda!, un sonreír de la memoria, un deslizioso
manjar de la vida. Fue la ingenuidad de una simpatía inocua y la ocasión de una
simpatía nutrida. Fue, sin duda, un despertar sutil de una curiosidad de trato descarado.
Fue, como se dice “por virtud y obra” del destino, si bien por unión fantástica,
si bien por fracaso y muerte al albedrío. Fue (y, oh, delirio) ¡de veras fue!
De forma tangible mas sinuosa, escurridiza pero estrujable.
De tal fluidez y gracia que ocurrió fuera incluso de nuestro propio ser, en
algún lugar suave entre los campos magnéticos de nuestras consciencias.
Fue y tímidamente, casi como por descuido, se volvió es. Existente:
al rojo, al raso, al fuego lento, al hielo vivo; deslizándose escurridizamente
fiero bajo nuestras uñas –como arena– y sobre nuestras verdades –como ritmo–.
Es, de tal belleza que hace tiritar de brío al asombro, de
emoción al propio brío. Es, de lunática fuerza, de serenidad estratosférica. ¡Es!
y nos atrae, tan recio e inmenso como lo son las concurrencias de nuestra inquietante
ajenidad vital.
Vaporoso y modesto. Dubitativo y preciado.
Es. Mi historia contigo. Mi futuro a tu...
