viernes, 16 de septiembre de 2011

Poesía!

TE ODIO



Desolación y maldad inundan tu asquerosa zalamería,
coqueteando con la existencia del abucheo,
por soledad le tomas el nombre a tus manías.

Debido al insulto de tu existencia preveo,
que alcanzaras jamás la grandiosidad que ansías.
Pues no mereces más que un altar sepultero
en los confines de las más altas agonías.

Y además, descansaras en el destierro eterno
de la más pulcra y odiosa ambrosía


Relato: Coloreando nubes

Me cogiste la mano y tiraste de mí hacia aquel árbol solitario. El trigo y las hierbas me rozaban las rodillas y el sol me deslumbraba la cara, aunque llevaba mi sombrero de paja bien agarrado. Tu camisa se volaba con el viento, abriéndose y creando formas imposibles en el aire. Tu cabello, del mismo modo, formaba pequeñas espirales, al igual que el mío, que se me enredaba con las nubes. Tu mano firme y suave seguía empujándome a contra viento por aquella pradera de ensueño.

Bajo aquel árbol, las hierbas estaban segadas y la sombra era fresca y agradable. Además, caían pequeñas florecillas rosáceas constantemente, confundiéndose con las de mi vestido y colándose en mis botas.

Hacía calor. Tanto que nos descalzamos y nos tumbamos, apoyados el uno en el otro a disfrutar de la ausencia de sol pero de la abundancia de brisa. Era maravilloso. Algunos tenues rayos conseguían colarse entre las hojas cuando estas se movían por el viento, dando a nuestra estampa un aire melancólico y bello. Yo, con mi sombrero y mi vestido y tú, con tus vaqueros, tu camisa y tu aire despreocupado, que en el fondo yo sabía que era todo lo contrario. Solo había silencio entre nosotros, pero el susurro del roce de los trigales era suficientemente hermoso como para que mereciera la pena callar por escucharlo. Al fin y al cabo, no nos hacían falta palabras para saber lo que queríamos decirnos.
Casi caigo dormida sobre tu pecho, pero Morfeo me dejó de nuevo en tus brazos: aquel momento era demasiado perfecto como para desperdiciarlo durmiendo. Tú y yo en medio de aquel paraje asombroso, casi sacado de una escena de película, sonando de fondo nuestra respiración tranquila y nuestros suspiros, siguiendo el ritmo de nuestros corazones emocionados.
Te incorporaste y apoyándote en el codo me miraste con una profundidad infinita, la de aquellos corazones que están predestinados a fundirse. Me derretiste el pensamiento con esa mirada y sé que con ella llegaste al fondo de mí. En ese instante, que me hubiera  gustado congelar, el sol volvió a despuntar y tu piel tostada se ilumino, dándole a tus ojos un brillo enamorado increíble. Me sentí tan arriba como las nubes blanquecinas que volaban sobre nosotros.
Entonces, solo en ese momento ideal, extendiste tu brazo y lo pasaste por mi cintura. Yo me deje caer, como signo de aprobación y me atrajiste hacia ti con delicadeza. Al final, el uno frente al otro, narices casi rozándose, pude distinguir tu aliento, tú pudiste profundizar aún más en mis ojos, si es que aquello era ya posible. Juntos conseguimos descubrirnos y por fin tus labios se decidieron:

-Te quiero - pronunciaron.

Fue casi un susurro y de no haber estado a escasos milímetros de ti no lo habría oído, pero lo hice y eso provoco que mi corazón saltase al vacío en un instante de emoción pura.
Nos acercamos aún más, hasta que nuestros labios se rozaron. Permanecimos así un segundo, antes de que me acercases definitivamente y me rodearas con tus brazos, fundiéndonos en un increíble beso sincero, mientras, sobre nuestras cabezas, el sol coloreaba las nubes del atardecer con un tono anaranjado, otorgándonos la ligereza de dos enamorados en primavera.

martes, 13 de septiembre de 2011

No lo dudéis nunca!


Muchas veces me sorprendo a mí misma pensando en lo maravillosas que somos. Con nuestras curvas y nuestras formas, nuestros actos y nuestra mentalidad. Y si nos centramos en el cuerpo, creo que es simplemente magnifico; siempre bello. SIEMPRE, os lo aseguro. Ya se puede estar gorda, vieja o no tener pelo que de igual manera conservamos esa belleza natural. El secreto está en saber apreciarla como se merece.
Porque somos preciosas, y eso nadie puede quitárnoslo.
NADIE ni NADA. Ningún bisturí o láser se merece rozar siquiera nuestra piel, porque ya es perfecta de por sí, ¿Por qué quieres estropearla y marcarla de por vida? ser artificial, una modificación, ¡una copia barata de ti misma, creada por un cirujano! Un mindundi cualquiera jugando a ser Dios.

¿De verdad quieres eso? ¿En serio no eres capaz de vivir con esos defectillos que te hacen real y simplemente tú? Bella y preciosa en sí. Sin necesidad de retoque alguno.
Piénsalo. Si s apreciarte yo que ni te conozco, estoy seguro de que los que están a tu alrededor lo harán aún mejor, y el que te quiera te querrá por tu interior y por ser como siempre has sido.
No necesitas que nadie te modifique para sentirte mejor.
Porque somos preciosas, y eso nadie puede quitárnoslo.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Poesía: la delicia de las palabras


Y la tarde sale a merendar miradas...


imagenes para Hi5
Está la casa quieta,
sin náuseas que seduzcan a las sombras,
sin sombras que llevarse a la boca.

Rugen las metáforas en su camino hacia mis dedos,
ya no hay instante para el yo.
Han comenzado a hacer la digestión las palabras.
El vaho de su traducción revienta las ventanas sin cristales
en un intento de que no viole mis córneas la rutina.

Abro el alféizar donde descansará la noche:
respira el cielo.

Sobre las nubes se sirve, frío,
el cóctel de la vida
y la tarde sale a merendar miradas
porque lo cotidiano es mudo hasta que llega el poeta
 

viernes, 2 de septiembre de 2011

Llámalo frustración


Tengo algo dentro de mí que me está destrozando. Poco a poco, con sigilo. A veces noto como se va tragando mis entrañas. Mi corazón late más deprisa cuando lo siente. Se estremece, me estremezco. Todo mi cuerpo lo hace. Y es que sé que me estoy muriendo.
Y no tengo claro si es o no una metáfora.
Antes nunca había sucedido, pero ahora… a cada segundo que pasa se extiende más y más, recorriendo cada centímetro de mi ser y haciendo que me duela el alma. ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil? ¿Por qué no podrías estar a mi lado para curarme?
Porque esto es todo culpa tuya, que lo sepas. Me estás matando. Estas acabando conmigo, succionando todo el amor que tengo para quedártelo y no dar nada a cambio. Y eso es lo peor.
Yo te doy y te doy; abastezco tu ser incluso cuando no me lo pides (porque nunca lo haces) y mientras, tú sigues en tu mundo, obviando el hecho de que estoy aquí, dejando esta vida atrás cada vez con más fuerza.
Me estas matando. Me estoy muriendo. Me estoy muriendo por ti.

Escúchame y haz algo de una vez.
¿O es que es más fácil para ti que este sea mi destino?